miércoles, 6 de diciembre de 2017

Los hombres de mi vida.-

Supongo que todas las historias parten por el principio.
En este caso y como siempre, el principio soy yo.
Papá, por no desmerecer, ha tenido una cuota importante de influencia, quizás no la mayor.
Pensando en cómo muchas historias sobre los hombres de una mujer se escribirían.
Nací, en un barrio pobre eso todos ya lo saben.
Y el que no nacío ahí, no estuvo.
Qué simple, no?
Qué complejo.
Nacer. No importa, cuando te entregas a la libertad del ser y estar.
Cuando transmutas pieles y prejuicios y sigues existiendo.
¡Aquí voy! Siempre digo.
Parece recalcitrante, súper repetitivo y la mayor parte de las veces inoportuno.
Pero sin duda, ¡Aquí voy!
Papá. Terco, altanero, desafiante.
No sé explicar cuál es la parte más importante de su personalidad. Quizás sea yo, este engendro mutado de raíces y tiempos. Sexos y amarguras.
En la cual él a diario se proyecta y trasciende, como un árbol que con el avanzar de las horas nunca dará sombra.
Y es que yo no tengo abrigo, ni tiempo ni ganas.
Y él lo sabe y me conscciente en mi altanería y yo soy exquicita y no pierdo tiempo en las razones sin causa y él lo sabe y nos entendemos y somos tan felices. Que un lector promedio no lo entendería.
Papá, un hombre maldito para todos. Dios artífice y creador del tiempo. Obrero, palabras sobran.
Quién es tu padre? No me importa. Yo sólo sé quién es el mío.
Porque ya te dije, se trata de mi.
Sólo me atrevo a preguntar porque sé que no tienes respuesta.
El lector promedio no tiene padre ni madre y alejado de conceptos define su vida.
Yo conocí a mis hermanos, hasta hoy.
Mañana otro día nos aguarda.
Jorge y sus ganas de vivir. Que le alcanzan para tener orgullo y razón.
Juan, a quién la melancolía se lo come por los huesos y me mira pidiendo ayuda, pero rechazando la ayuda. Él nunca verá un ocaso.
Ignacio, frágil.
Andrés, siempre con el culo al revés. Nacío tierno y morirá por un coma de azúcar.
Carlos, ambiguo. Como todos los ambiguos suelen ser. Te abraza y te odia, pero te recordará con cariño. Siempre.
Fabián. Un punto en suspensión. El tiempo se detiene cuando lo miras, pero es solo porque habla en pretérito.
Ariel, vanguardia al pie del cañon de la que no cede, pero avanza irrumpiendo la moralidad de muchos.
Javier, tan no sé qué. Quién sabe cuándo las ganas alcanzarán a construir un nuevo día.
Héctor, mejor no decir... no hay nada para comprometerse a aventurar una idea.
Tomás, la estructura lo superó hace tiempo. Pero el tiempo lo trasciende sin dejar estructura.
Álvaro, innovador.
Felipe, Felipes tengo para rato. Son todos unos exquicitos.
Patricio, Freud dijo que la expectativa del placer siempre es más grande que el placer mismo. No conocío a Nietzsche, entonces no sabe de placer.
Gonzalo, bueno, lo que dejó la ola.
Max, el hermano menor de Nietzsche.
Sergio, el Caribe en Invierno con ganas de un acento chileno.
Trent, estar playa.
Johannes. Quién supo?
Nadie supo.
Como dije anteriormente, nacer pobre. Se refiere a muchas cosas más allá del ser.
Del estar. Despojado, despojada.
Fieramente existiendo, ciegamente negando.
A quién le importa?
Si el lector promedio no sabe quién es su padre.
Los hombres de mi vida, tienen muchos nombres más allá de los que he nombrado.
Pero hay un nombre que siempre existe, que nunca cambia.
Los que conocen a mi padre lo entenderán.
Lo demás está de más y es solo habladuría tonta, sin tiempo en los tiempos que ya existía el tiempo y el reloj.
Un lector promedio, siempre seguirá siendo un lector promedio.
Sin ofender al promedio.