jueves, 26 de noviembre de 2015

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Sentimientos insurgentes que se acoplan a mi alma.
Embriagándome de hechos sucesivos locamente improvisados.
Mi mirada puede contemplarlos corriendo totalmente desenfrenados.
A refugiarse en el rincón de los recuerdos;
Incorporándose al pasado inevitable.

Rebeldía inocua que está arraigada en mis venas;
Actos mil veces perceptibles.
En el transcurso de descomunales actos de insidia.
Vergüenza de lo humano.

Frágil destino el que hemos forjado.
Sin querer arrebatamos la paz y sufre nuestra alma.

Porque conquistamos imposibles,
Deliramos con vanos afanes
Incongruente camino.

Sombra, luz; 
Inconmensurable lluvia de sentimientos egoístas implacables.

Hacía donde se dirige el medio día de nuestro romance.

Alma.-

Realidad inarmónica, me conduces hacia la nada.
Abismo de verdades infinitas, perturbadoras e inexorables.
Me dirijo hacia lo indefinido.
Estoy en la proximidad de las culpas encontradas.
Volar lejos no sería suficiente, ya que necesito desterrar las emociones.

Tormenta de alegrías amargas.
Carcajadas eternas de llantos agónicos.
Brasas de amistades que fueron quemadas.
Enemigo de los dolores ajenos.
Abismo sin fin.

A donde van las penas cuando son olvidadas,
Para refugiarse de su propio olvido y melancolía.
Para curar sus propias heridas y olvidar su propia existencia.
Abismo sin fin.

De amor, odio, pena, alegría, melancolía y gozo.
Abismo sin fin.

De los sentimientos desmesurados,
De la vida intrínseca, de las pasiones olvidadas.
Todo lo abarcas dentro de mi, como un todo infinito.
Como la sorpresa de un nuevo amor,
Como la habilidad de poder sentir,
Como el maravilloso milagro de aún poder existir.

Todo lo abarcas dentro de mí.
Abismo sin fin.
Mi espacio vital.

Lugar de esperanza e ilusión inagotable,
Todo es desmesurado en ti,
Todo es imprescindible en ti.
En ti puedo alcanzar la máxima locura.

Floreces llena de nuevos momentos.
Y el implacable destino que forjamos sin querer;
El odio o el amor furtivo.
Segundos fugaces  que no logro distinguir el lugar,
El espacio, el momento preciso. En que plasmé un nuevo dibujo en el álbum de mi vida.

Tiempo, no te vayas tan deprisa,
Que necesito llenarme de la vida que avanza y degustar el momento que tanto anhelé.
Precioso deleite el contemplarte.
Abismo sin fin.
Mi espacio vital.



domingo, 22 de noviembre de 2015

Cuándo derrotaremos el reinado de la ambigüedad?

Hace ya un poco más de dos años llegó una palabra a mi vida: “ambigüedad”. Y la detesto, cómo la detesto. No porque yo la diga o yo crea en ella si no porque la escucho y su significado me mata, me mató ayer y me seguirá matando no sé hasta dónde... no sé hasta cuándo.

Al escribir esto empiezo a sentirme "ambigua" por no saber, y empiezo a morir... ahora ya!



miércoles, 18 de noviembre de 2015

< < RETORICA > >



A menudo me embarco en buques que solo me conducen a la nada y a lo artificial, y es triste… porque a pesar de que tanto la nada como lo artificial siempre han estado circundándome, jamás había percibido este matiz de su desgraciada –a mi parecer- existencia.

Con el solo hecho de pensar, entonces me propino una flagelación a mi instinto “audaz” y “fantasioso”; no lo suficientemente “audaz” para enfrentarse a la nada, ni lo suficientemente “fantasioso” para despojarme de lo real.

El diálogo y la narración, lo que sucedió y lo que se dice, lo que es y lo que se piensa, lo que fue y lo que va a ser, el protocolo y la burocracia, la resignación y la perseverancia, los sueños y las pesadillas, el paraíso y lo abismal, lo que nos importa y lo que no nos importa, la felicidad y la infelicidad, la armonía y el caos, el dolor y el placer, la bilis y la sangre, lo negro y lo blanco. Una vez más –aunque no quiera- lo abstracto e indefinible. 

Somos simplemente, y en realidad tan simplemente que casi no nos importa que es lo que seamos.

Con el cambio, creo, viene lo fragmentario. Vivencias fotográficas, fugaces y distantes. Vienen las señales de lo artificial y de la nada.

Cuando nos hemos apartado y vemos que en nuestro mundo todo es tranquilo, entonces viene desde el mundo exterior penetrando nuestro mundo el desorden. Adoptamos el ritmo, el que sea… y seguimos predispuestos al cambio, a adoptar otra forma… otro ritmo… tan simplemente, que no importa el que sea… porque siempre irá determinado por el contexto  de nuestros intereses y prioridades…

Así que en nuestro estado natural, hablamos cosas, pensamos, prometemos tantas otras, no con el afán de quedar bien delante de otros, sino muchas veces con verdadero anhelo. Pero sucede que con el cambio de ritmo y de intereses todas esas cosas quedan atrás, y de un momento a otro son cosas que pensaba otra persona que habitó en nosotros, alguien totalmente ajeno a nosotros o nuestro presente. Nos transformamos sin quererlo en mentirosos, ya que todo lo que pensamos o prometimos no se cumplirá, no lo realizaremos, no lo cumpliremos… nuestro buque se estrelló en la nada. La retórica se presenta abismalmente y nos impulsa a sórdidos subterfugios. Nos empapela la cara de su melancólica realidad, nos hemos deleitado en sólo ser ¿Y tiene algo de malo? No lo sé.


Pero es como voltear para escupir el pasado y seguir corriendo sin mirar atrás. Sólo correr… 

viernes, 13 de noviembre de 2015

Yo siempre fui esto.-

Yo siempre fui esto y no me digas que no,
Yo siempre te hablé de certezas, de incertezas,
De anocheceres de penas en hambruna y amaneceres con arcoíris boquiabiertos.

Yo siempre fui esto y no me digas que no.
Te dije que soñaba de lo divino y lo mundano
Y que tenía más vocación para lo mundano que para lo divino.

Yo siempre fui esto y no me digas que no,
Con la pregunta en espera, con la sonrisa en los labios.

Yo siempre fui esto y no me digas que no,
Te hablé de mis demonios, conociste a mi ángel.
Te dije que era fría, pero me viste más caliente que una yegua en celo.
Y no me digas que no.

Yo siempre fui esto,
Esto…
Esto.

Yo no fui eso, fui esto.
Eso fuiste tú.
Yo estaba en esto.
Andaba revoloteando mis alas como mariposa en un mundo paralelo.
Donde mi cuerpo se desfragmentó del tuyo.
Sí, del tuyo… de ti que lees.
Yo estaba inventando un poema.
Tú probablemente estabas leyendo los periódicos sensacionalistas,  en el caso que los leas.
Y si no, estabas en cualquier otra pelotudez menos en esto.
Yo estaba en esto.
En esto que soy, en esto que he sido.
En esto que siempre fui y no me digas que no.




<< RECUERDOS >>.-

Sabemos que hay algo que nos ata, pero nos cuesta descifrarlo, entonces gira, avanza, nos rodea; y nos cuesta identificar; de pronto nos abraza y sin querer nos entregamos sin tapujos. Hay soledad, es la que se mueve, nos apunta, se nos presenta indescriptible; buscamos la caricia, el abrazo, aquella risa, las miradas que no están, comienza ahora paulatinamente a reflejarse una desesperación, la que se atenúa levemente con la aparición de la nostalgia; no es brutal, pero es un súbito arranque que nos conduce al  pasado, talvez diez pequeños minutos anteriores, una semana o cinco días atrás, el tiempo se disuelve sobre el lago de la memoria, el agua tiembla y afloran aquellos recuerdos que llevamos dentro. No sabemos qué decir… nos abstraemos en el silencio, mientras volamos en aquel sueño, bailamos, dormimos o abrazamos dentro de nuestra mente.
Las imágenes incompletas ya no tienen fecha ni hora… son sólo lugares  que creemos existen aún, los transformamos en reinos de todavía, mientras aún luchamos con aquella nostalgia.

Pero el extrañar se compone de dos matices: lo extrañado y lo extraño… lo extrañado se dibuja y comienza a colarse fácilmente con aromas, sustancias, lugares y personas… aquel amigo de la infancia, aquella rutina que nos daba sentido en la vida, aquel programa de televisión, aquella madre… y aquella que fue sin serlo. Le dan sentido a lo extraño… ¿por qué las cosas son como son? Nos hacen sentirnos ajenos a nuestra propia vida, en nuestro propio mundo, en nuestro propio ser, a nuestro propio fin. Si yo ayer no fui lo que soy, entonces ¿cómo llegamos aquí? No nos dimos cuenta y el tiempo nos ganó  más espacio… que pena que no nos dimos cuenta y el tiempo nos ganó más espacio… que pena que no nos dimos cuenta en aquel momento y lo hacemos hoy, cuando ya es tarde, cuando ya no podemos hacer nada… pero esa es la consciencia (la que pesa y desgasta, la que da vida y lugar).

Más en esos momentos cuando no está esa amiga, ese amigo, esa madre… está la consciencia dadora de vida diciéndonos que “nuestra vida no puede estar siempre llena de felicidad, pero sí llena de amor”, nos levanta, nos alienta, nos lleva al lugar donde encontramos el consuelo, el calor del abrazo, del beso, y la mirada de los ángeles.







domingo, 8 de noviembre de 2015

Orientación norte decían...

Cuando fui a vivir a Porvenir todo estaba mal. La plata escaseaba, no había trabajo, me había retirado de mi segunda carrera en la universidad y no estudiaba. Mis viejos no estaban felices conmigo, Ariel me decía que ya no era importante que estudiara porque él iba a ser ingeniero algún día e iba a poder mantenerme a mí y a nuestros hijos. Los padres de Ariel tampoco estaban muy felices con todas las cosas que nosotros hacíamos, pero nos ayudaron para que nos compráramos el departamento en Porvenir ya que eso por lo menos nos daría un poco más de “estabilidad” o “mejor pasar” en relación a la pieza que solíamos arrendar en el cité de Grajales.
Ariel buscó esmeradamente por meses el departamento donde viviríamos, yo estuve generalmente al margen de eso. Recuerdo que en las noches cuando él regresaba de la universidad me mostraba montones de panfletos de todos los edificios que había ido a visitar. Sí, ahora me acuerdo que hubo un par de ocasiones que fuimos juntos  a recorrer todo el centro de Santiago buscando ese departamento. Pero todo era muy caro en ese tiempo, los departamentos también chicos, mala ubicación algunos, proyectos que estarían listos en muchos meses más, o los que estaban listos sólo tenían departamentos disponibles aún en los pisos más altos que eran los más caros, gastos comunes que nos parecían excesivos y así tantas cosas que las oportunidades siempre se iban reduciendo.

Sin embargo, un día recuerdo que Ariel llegó muy feliz a decirme que había encontrado el departamento. Ahí íbamos a vivir, era nuestra oportunidad.  El departamento tenía orientación norte lo cual era muy bueno porque íbamos a tener el sol durante todo el invierno y recibiríamos la luz del sol todo el día todos los días siempre. Yo era feliz con eso, porque de niña había adoptado una costumbre que solían tener los Mayas la cual consiste en poner la cama siempre mirando hacia el lugar donde sale el sol con la  creencia de que el mañana siempre llegará. Esto lo mantengo hasta hoy, pero ya ni sé de dónde lo saqué, leí o escuché.
Ariel estaba muy feliz, porque el departamento parecía cumplir con todo lo que buscábamos en esos días y ya lo había visto, sólo se debían hacer los trámites de la reserva y el crédito hipotecario para tener el departamento. Él ya había hablado con el ejecutivo de la inmobiliaria que se llamaba José Miguel, “mañana lo iremos a ver” me dijo.

Como las cosas no estaban bien en muchos sentidos y no había plata, el único negocio de la época fue vender películas piratas en la calle. Las vendíamos en el Barrio República, casi llegando a la Alameda a la salida del Mc Donalds. Siempre arrancando de los carabineros.
Ese día mientras conversábamos de lo que haríamos con el departamento y yo revisaba los folletos que Ariel me había traído en el puesto de las películas. Llegaron los carabineros a buscarnos específicamente a nosotros. Unos policías de civil se hicieron pasar como clientes y nos cayeron encima como con tres motos, dos patrullas, una zapatilla. Tratamos de guardar las cosas y salir corriendo, pero yo me puse a discutir con uno de ellos no sé cómo pensando que era una persona que nos quería asaltar ya que había sacado una pistola y nos dijo que le pasáramos todo.  Le dije que no le iba a pasar nada y que se fuera, en eso aparecieron las motos, y entendimos algo. Ariel tomó cuatro cosas y le dije que corriera porque las motos venían directo hacia él, yo traté de recoger las cosas que quedaban en el piso mientras el tipo me apuntaba con la pistola en la cabeza y había pasado el cañon. Recuerdo el sonido de esa pistola y la mano del tipo apuntándome, Ariel  tratando de correr mirando hacia atrás para ver qué me hacía el tipo, las motos atrás de él. Yo luego de unos segundos dejando todo tirado y corriendo por mi cuenta no sé a dónde. El tipo no me siguió, a Ariel ya lo habían pillado. Como siempre ha sido natural en Ariel en esas últimas semanas había perdido el celular una vez más y la mami Sarita le había regalado uno que ella ya no usaba, pero yo no me sabía el número.

Recuerdo que fui a la casa de Grajales a tratar de encontrar el número y dejar las cosas, estaba tan nerviosa y lloraba. No encontré el número y tuve que llamar a Rachel para pedírselo, ella me notó obviamente mal y me preguntó si todo iba bien. Yo le dije que sí por no preocuparla.

Ese noche Ariel durmió en la comisaría y al otro día lo procesaron en el juzgado de Rondizonni, haciéndolo pasar por la ex – penitenciaría. Yo me fui a dormir a la casa de mi mamá y dormí con Juanito porque estaba muy triste. Al otro día lo fui a buscar al  juzgado, ví como lo procesaban en la audiencia haciéndolo entrar esposado. La condena fue firma mensual por un año y no me acuerdo cuántas horas de trabajo voluntario que él cumplió trabajando de jardinero en el Parque O’Higginss. Las cosas estaban mal. Pero íbamos a tener orientación norte y era lo que importaba.

Cuando lo miré luego de esa experiencia él había cambiado, nunca me quiso decir mucho. Pero sé que lo pasó pésimo, además yo le había llevado un saco de dormir a la comisaría y se había enojado porque unos “flaites”                 que estaban ahí lo molestaron toda la noche por eso, se lo querían quitar o algo así.

Cuando salimos del juzgado Ariel me llevó a ver uno de los departamentos, pero no era el de Porvenir.  Estaba cansado y no alcanzamos a llegar, estaba triste y enojado también. Yo estaba triste también, todo estaba mal… pero íbamos a tener orientación norte.

Ese día me acuerdo que de regreso a Grajales discutíamos por tonteras de lo que había pasado el día anterior, luego de estar un rato en Grajales nos fuimos a la casa de mi mamá. No sé por qué, siempre nos íbamos allá cuando las cosas no estaban bien. Le cociné un bistec de panita con arroz, bistec que pasamos a comprar en el Unimarc de Las Naciones y él no quería comer, porque “esa era la carne que el tata Nilson le daba a los perros y él nunca había comido eso”. Finalmente, luego de ese día Ariel amó el bistec de panita con ajo y siempre me pedía que le cocinara.
Llevábamos como tres meses viviendo juntos  cuando eso sucedió. La orientación norte me acuerdo que Ariel siempre la conversaba con mi suegro. Nos cambiaría la vida, tendríamos sol porque en Grajales, en la casa 4 nunca existió el sol y el invierno fue frío y Ariel escribió un tema que se llama “tengo frío” porque yo se lo repetía todos los días y él estaba triste, y luego escribió otro tema pidiéndome perdón “porque el palacio que teníamos no era cómo él lo había prometido y nada era normal”. Pero íbamos a tener orientación norte y eso era bueno, eso nos hacía creer que el futuro iba a brillar, y ¿Cómo no iba a ser así si tendríamos el sol en nuestra casa durante todo el día, todos los días del año, para siempre?






Sentirnos pequeños.-

Sentirnos pequeños en un mundo de cuarzo y montar un escenario creativo que sea el espejo de lo que llevamos dentro... Hoy me siento finita, sabiendo que en estos pequeños espacios puedo jugar a ser dios un momento y poner los colores y acentos en lo que yo decida...

jueves, 5 de noviembre de 2015

Pequeños detalles dorados hacen nuestra vida diferente.-

¿Te ha tocado alguna vez estar parado en medio de la lluvia y de pronto ésta se detiene... vez como se despeja el cielo y entre esas nubes blanquitas se asoma un rayo de sol? 

Ya sé que es larga la pregunta. Pero a usted lector que podría parecerle muy simple la metáfora le digo que no deja de ser cierta.
Lo bello de ese momento, más allá del paisaje... es que de pronto esos rayitos te empiezan aparte de iluminar,  dar calor. Y esa calidez... ese instante después de la tormenta, después de la lluvia… Ese pequeño rayito dorado te cambia la vida.

Hace un momento, me dí cuenta de que viví un proceso en el que me desfragmenté. No sé si a todos les pasa o sólo es parte de crecer. Pero hace mucho comencé un proceso en el que dejé de ser lo que era.  Tras un gran remesón en mi vida, en cierta forma involuntario como todos los grandes remesones… comencé a florecer en la nueva tierra en la que se me había plantado, comencé a renacer.

Entonces, dentro de mí en una parte siguieron viviendo todas las visiones que yo ya había adquirido en mi bagaje de vida, en otro lado quedaron los aprendizajes y la nueva visión de la vida, una visión más ampliada… he conversado con algunos amigos esta sensación que tengo a veces, y para graficarlo utilizo el típico ejemplo del “caballito de feria” que tenía tapados los ojos y solo podía ver lo que tenía puesto en frente, luego del remesón se cayeron las vendas amplié mi visión… creo que por fin puedo tener una visión en 180° de lo que ha sido mi vida, la visión panorámica, la “big picture” como dirían algunos.
Una visión no aferrada a los dolores ni sufrimientos, no aferrada a las cosas materiales, no aferrada al ego, no aferrada al sentimiento de carencia en nuestras vidas, despojada del acaparamiento, una versión más consciente de mi espiritualidad y mi espíritu, una visión en paz con todo lo sucedido, una versión de mí satisfecha por tener la bendición de entender mi proceso, una versión de mi sedienta por mantenerme consciente a los aprendizajes de la vida.


Sin dudas todo lo sucedió de un día para otro fue un proceso de varios meses de cuestionar, meditar, evadir y confrontar, llorar a solas.

Una parte de mi quedó habitada por una persona planificada, teórica, metódica, controladora de mis acciones y mi vida, cuadrada, drástica, intolerante, estricta… A los 25 creía que tenía mi vida hecha, me sentía segura de todos mis logros. Había terminado la universidad como Publicista, después de haber estudiado previamente 2 carreras que no fructificaron y sentía que había aprendido mucho de eso, tenía mi marido con el que me había casado a los 21 y estaríamos juntos por siempre, podíamos tener hijos cuando quisiéramos porque gozábamos de un buen pasar, viajábamos mucho. Pero no estaba yo, ¿Dónde estaba yo en todas esas cosas que hacía y tenía? Me encantaba ser la mujer de mi marido, me sentía orgullosa de él, de nuestros logros… me sentí soberbia, nunca alardeaba de lo que tenía, la verdad nunca he sido ese estilo de personas, pero creí que podía tener algo perfecto, que lo que tenía era perfecto en cierta forma, y si no lo era debía serlo o serlo más todavía. Sufría mucho cuando las cosas no funcionaban, cuando no iban bien. Me exigía demasiado, le exigía demasiado. Mi sueño era tener una casa, más bien una parcela, con un perro San Bernardo, todos los tipos de animales que me fuera posible, una huerta con albahaca y tomates, 4 niños. Ese sueño era el mundo donde yo iba a habitar en mi futuro, no me importaba si la casa tenía que partir siendo una choza con piso de tierra… era el mundo donde iba a habitar, el lugar donde invertiría el tiempo de mi vida y sabía todo lo que tenía que hacer para lograrlo, teníamos una estrategia que construíamos poco a poco los Domingos por la tarde en nuestra casa durante el último año juntos, la estrategia para lograrlo era buena no puedo negarlo. Pensaba que ya todo estaba decidido, solo había que vivirlo y hacerlo realidad, parecía en cierta forma fácil… ¿Dónde estaba yo? Si algo fallaba o se complicaba me desmoronaba, sentía que tenía que hacer mejor las cosas y trabajar más y exigir más… era agotador, fue tan agotador que ni siquiera podía convivir conmigo misma, me molestaba sentirme así.  

Pasé muchos procesos y sentí muchas cosas antes de tomar la decisión de separarme, a pesar de que teníamos muchos planes y todo para ser felices no lo éramos, yo no lo era y sentía que lo hacía infeliz a él también con mi infelicidad, independiente de que por la vereda de él hubiesen habido distintos cuestionamientos que también eran lógicos. No se trataba de amor, o falta de cariño de mí hacia él… simplemente no era feliz, me había transformado en una persona que no reconocía, sentía que todo lo hacía mal, me sentía fea, me sentía insegura de mi misma, de lo que iba a hacer con mi carrera si me transformaba en mamá, en mi mente no lograba compatibilizar la maternidad con lo profesional, sentía que me postergaría y ya iba a ser para siempre, sentía que ya me había postergado mucho para que mi marido pudiera terminar su carrera, pero también sentía que daban lo mismo todas esas cosas o la decisión que tomara finalmente porque a nadie le importaba, con ciertos detalles que luego se mostraron más tangibles mi marido me demostró que a él no le interesaba ni valoraba lo que yo había hecho por él en los 9 años que llevábamos de relación todo era un logro suyo, por él, para él y claro, yo había alimentado ese ego por años. Yo lo había hecho sentir único, que se lo merecía todo, que de cierta forma yo no aportaba en nada porque los logros en su carrera y el título profesional que él obtuviera iban a ser sólo de él. Me sentí arruinada, dependía emocionalmente y estaba enamorada de una persona que después de todas las cosas que hice por él no me dijo “gracias”, no esperaba grandes alabanzas, no esperaba aplausos, ni que pusieran mi nombre al principio de los créditos luego de que terminara la película. Esperaba sí un “gracias”, un abrazo empático que significara “lo logramos juntos”… hace tiempo dejé de esperarlo, pero nunca llegó.

No podía seguir construyendo mi vida con un hombre que se creía el centro del universo y todo giraba en torno a él, donde todo lo que yo sentía, quería y había postergado no era tomado en cuenta y tampoco significaba un “gracias”. Me cansé, me sentía muy sola, abandonada e incomprendida. Fue un momento difícil. En ésta parte de mi quedó una mujer servicial, dueña de casa, entregada sin tapujos. Quedó la mujer que me había convencido que iba a ser, apegada a la doctrina de la familia, que evitaba todas esas cosas que te dicen que hacen mal, que procuraba evitar todos los errores del planeta que siempre te dicen que son problemas, me decía que quería ser sabia e incluso evitaba replicar los errores de otros ya que eso para mí significaba un aprendizaje. Era una mujer que se coartaba de vivir, de experimentar.

Toda la curiosidad de mi juventud, mis sueños individuales los había puesto dentro de una caja y la caja en un rincón para no sacarlos nunca, había asumido que no iba a hacer nada de eso en mi vida. Pero lo cierto, es que el proyecto de vida que había adoptado tampoco iba muy bien ¿Entonces? Llegó ese momento de decidir, ese momento en que dices “esto a mí nunca me iba a pasar”, “esto pasa en la novelas no en la vida real”, lo cierto también es que nunca te toca hasta que te toca y había llegado mi momento de vivir lo que nunca pensé que iba a vivir. Primero descubrí la tragedia y asumí el dolor, luego fui a buscar la caja que tenía en un rincón escondida y comencé a sacar mis sueños.

Todo sucede por algo, todo sigue un curso natural del cual nadie tiene el control nunca, aún cuando te esfuerzas por tenerlo y yo me esforcé inhumanamente por años, me obligué a algo creyendo que eso me iba a hacer feliz y no fue así. Al final del día me sentía infeliz y me dormía llorando. ¿A quién le importaba esto? ¿A quién le importó nunca? La verdad es que a nadie, a mi familia un poco, pero yo había tomado mis decisiones, no culpo a nadie por mis decisiones, no me da pena pensar que a nadie le importaba porque no tenía que ser así yo era responsable de mi vida, tanto como lo soy ahora. Pero sentí el desamor como una gran patada en el estómago, porque esa era la persona a la que yo esperaba que le importara.

Había pasado mucho tiempo en aulas de colegios, de universidades, había ido mucho a la iglesia durante mi vida a “aprender a vivir”. Pero eso no se aprende, sólo se vive. Esa fue mi lección, dejé de planificar, dejé de pensar en el futuro, dejé de sentirme obligada a triunfar, dejé de querer ser exitosa en mi carrera porque más que en una persona exitosa me estaba transformando en una exitista que iba de la casa a la oficina y de la oficina a la casa, dejé de querer tener el control de mi vida y de todo a mi alrededor porque aprendí que es imposible, dejé la frustración de lado, dejé de sentirme comprometida a un destino. Me sentí libre, me amé, me acepté como soy, me abracé y en las noches duermo en paz.


Luego vienen esos “detalles dorados”, flechazos de una vez que te hacen sentir querida. Portadores de luz que aunque tú no quieras te devuelven la energía.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Las manos de Papá.-

Recuerdo que desde que fui niña quise mucho a mi papá, acostumbraba pasar con él mucho tiempo de mis días en mi infancia… salíamos juntos a diferentes lugares, pero una de las cosas que más me gustaba hacer era ir a trabajar con él.

Cuando era pequeña mis  padres tenían un almacén en la casa y yo atendía con mi papá, mientras él estaba ahí yo lo acompañaba y me dedicaba a pintar cuadros en acuarela o veía televisión. Papá me regalaba dulces que eran unas rositas de caramelo blancas o rosadas que adentro tenían un maní o a veces me regalaba  una de esas barras “Golpe” que en ese tiempo eran mis favoritas. A veces  íbamos los dos juntos y solos a la casa de la abuela,  a veces me llevaba a que me pusieran inyecciones en el consultorio, también recuerdo que muchas veces cuando fui niña y necesité sacarme sangre por algún motivo papá casi siempre iba conmigo… creo que él ha sabido mejor que nadie que siempre he odiado las agujas y me ha visto llorar desde pequeña por esa razón.

Papá siempre se dedicó a muchos oficios; jardinero, pintor, maestro chasquilla, entre tantos… pero mi favorito siempre fue “cachurero”, le gustaba recolectar  todo tipo de cosas que ya no se utilizarían en el galpón de la casa de la abuela que siempre estaba llenísimo, traerlas a nuestra casa y salir a venderlas a la feria los Sábados en la mañana y ahí iba yo con él. Me acuerdo que todos los Sábados cuando yo escuchaba que mi papá se levantaba yo saltaba de la cama y lo iba a ver, me vestía y estaba lista para acompañarlo yo era muy pequeña… solo tenía siete u ocho años. Pero nos íbamos a la feria los Sábados, papá cargaba la carretilla y a veces me dejaba subir y me llevaba junto con todos los cachureos en la carretilla. Nos instalábamos y él me enseñaba a vender, me decía las cosas que tenía que decirle a la gente para que compraran nuestros productos, por ejemplo: si teníamos una brocha usada para vender que estaba dura porque la pintura se había secado ahí, papá me decía que le explicara a la gente que tenía que ponerla a remojar en agua caliente y se iba a ablandar y la gente podría utilizarla. Siempre tengo esa imagen en mi mente, de esa brocha que vendí a solo cien pesos diciéndole eso a una señora.

Me acuerdo que papá cuando era niña siempre me preguntaba cuánto yo lo quería, yo le decía “muuuuuuuucchhhoooooooo, hasta el sol, las estrellas, la luna” y todo eso que los niños hacemos cuando somos niños. Me acuerdo ir con él, en una micro y nosotros hablando de eso y la gente mirándonos tiernamente.

Papá siempre ha tenido un talento, o don, o naturaleza para cultivar plantas… una vez me dijo que no era nada de eso sino que sólo había trabajado toda su infancia en el campo, pero sin duda yo y mi familia nunca nos hemos dejado de admirar de cómo hace que un palo seco se transforme en un árbol o en uno de los rosales más frondosos.  A mis veintiocho y con la lejanía presente ya no sé si alcanzaré a aprender eso de él, pero siempre he querido.
Con los años yo crecí y nuestra relación cambio mucho, reconozco que en muchos muchos muchos momentos no ha sido fácil. Pero aún así, tengo momentos muy especiales para mí grabados en mi mente y no quiero olvidarlos, no quiero.

Recuerdo que cuando ya tenía dieciocho y estaba en la universidad casi terminando mi primer año de ésta, papá se me acercó un día y me dijo que conversáramos yo le dije que bueno y lo primero que hizo fue preguntarme si  yo había tenido mi primera vez, y yo le dije que sí.
Lo cierto es que así había sido hacía un par de días, pero él no tenía cómo saber… y hasta el día de hoy me pregunto cómo se habrá dado cuenta, qué cosa diferente notó en mí  que lo hizo darse cuenta y me da alegría saber que me identificaba tan bien.
Luego, me dijo que teníamos que contarle a mi mamá, y yo no quería. La cosa es que llamó a mi mamá a la cocina que era el lugar dónde conversábamos y le dijo. Mi mamá se volvió loca, me quería pegar y despotricaba que “todos los hombres son iguales” mi papá la tuvo que calmar y explicarle que era algo normal, que yo estaba grande y sabía lo que hacía, que yo estaba enamorada y eso era lindo. Mi mamá no me habló en días parecía para ella algo como una gran decepción, algo que ella no esperaba que yo hiciera o algo irresponsable. Siempre he encontrado muy chistoso haber tenido el apoyo de mi papá en eso y también he sentido la gratitud por su confianza en mis decisiones.

Mi primer pito de marihuana también fue con mi papá, creo que fue también cuando tenía dieciocho años… el día de noche buena,  después de la cena fuimos al patio a fumarnos un cigarro y me preguntó: ¿Querí’ fumarte un pito? Y yo le dije: ¿De verdad?
Sí.- Me respondió.
Yo nunca en toda mi vida había fumado, ni en el colegio, ni en la universidad y él lo sabía. Encontré genial lo que hizo, claro que no me volé.
Hasta el día de hoy soy una convencida de que eso que hizo mi papá por mí fue lo mejor, porque nunca necesité esconderme para hacer nada y si fumé pitos cosa que hago hasta el día de hoy lo hice porque no es nada malo, al contrario, es bueno sentarse con el viejo a conversar… lo extraño en estos días.
Mi vida fue así, y mientras yo tenía la posibilidad de fumarme un pito con mi viejo en el patio de nuestra casa, veía como mis amigos de la universidad se escondían de sus padres y se iban a meter a lugares y en situaciones súper peligrosas para conseguir un porro, ni siquiera algo natural. Mi papá me enseñó a cultivar.
El día de mañana haré lo mismo con mis hijos, no quiero perderme ese minuto… Como siempre me decía mi mamá cuando era chica: “te quiero donde mis ojos te vean”. Yo los querré así.

Mi papá tiene las manos gastadas, grandes, gruesas y llenas de durezas. Cuando era chica o hasta que viví con ellos en la casa de Maipú me pedía que “le echara cremita” y yo le daba la mano y le echaba cremita, y he tomado las manos de mi papá en mi vida tantas veces no solo para echarle cremita si no sólo para tocarlas y preguntarle por qué sus manos son así. Por qué no tiene movilidad en algunos dedos, por qué no puede estirar otros, por qué esa uña está un poco morada, por qué siempre tiene las manos tan ásperas, por qué la cremita no lo soluciona. “El trabajo” me decía, “el trabajo hija”.

Me acuerdo que cuándo conocí Ariel, que es mi ex marido. A parte de ser muy niños, él tenía unas manos preciosas siempre me gustaron demasiado hasta hace algunos años en que se comenzaron a llenar de cicatrices, pero me encantaban cuando comenzamos nuestro noviazgo, cuando nos casamos, cuando lo veía tocar la guitarra con sus manos. Eran tan diferentes a las manos de mi papá, tan suaves y él ni siquiera usaba cremita.

No sé si me gustaba sólo la diferencia o si sus manos eran de verdad bellas o si las manos de mi padre de verdad eran feas. Hoy las cosas son tan distintas.


Cuando vine a Australia conocí a Simon, que fue mi primer intento de novio Australiano. Nuestra primera noche sus manos estaban tan ásperas.  Ví el dorso de sus manos y estaban agrietadas, heridas, con costras que se comenzaban a formar. Hicimos el amor y luego de terminar fuimos al patio a fumar un cigarro, le pregunté ¿Por qué tus manos están así? Por el trabajo, me respondió. Besé sus manos, fuimos a mi habitación y le apliqué cremita, él estaba tan relajado yo me sentía entregándole amor, no sé si alguien alguna otra vez hizo eso por él y no me importa saber, pero sé que él no hacia eso por él porque no le importaba tener sus manos así, ya estaba acostumbrado. Y yo me sentí especial tomando cuidado de ese aspecto de él en ese minuto.

En las últimas semanas tengo un fuerte dolor en mis manos, ya viene arrastrándose hace unos meses, pero en las últimas semanas no cede. Al principio no podía dejar de empuñar la mano derecha en las noches y despertaba con la mano acalambrada. En el último tiempo la siento como si estuviera dormida todo el tiempo y duele, no la puedo estirar bien, no puedo tomar el lápiz para escribir bien cuando estoy en clases. Mis manos se han envejecido mucho en este tiempo, están irritadas, las uñas desgastadas y todas enganchadas. Y si me preguntas ¿Por qué? Te responderé por el trabajo.

Nunca antes entendí a mi papá, hasta ahora.





domingo, 1 de noviembre de 2015

Sobreviví.-

Sobreviví
A pesar de todos los presagios sobreviví.
Sí, sobreviví al saberme sola e inquieta.
Sobreviví al abandono
Sí, al tuyo y al de ellos.

Sobreviví a la violencia,
Sobreviví a la rabia,
Sobreviví a la pena,
Sobreviví a la frustración.

Sobreviví a mi almohada mojada en lágrimas
A las pesadillas en las noches,
A la angustia de los recuerdos y a la irracionalidad de tu espera.
Sobreviví al tiempo finito,
Al infinito tiempo que se abrió en mi pecho, sobreviví.

Al engaño, a la traición, a la derrota.
A todas las mentiras que descubrí en ti y en ellos.
Sobreviví.
No porque quise
Pero sobreviví.
Por causa natural del tiempo que todo lo cura.
Por la bondad de la vida.
Por los abrazos efímeros de tres o cuatro que vinieron a mi cama a consolarme…

Sobreviví,
A la baja autoestima,
A tus palabras procaces,
A tu ambigüedad constante.
Al incierto pasado, al desolador presente, a la interrogante del futuro.
También sobreviví.

A la mala educación,
A la carencia de afecto,
A la falta de atención sobreviví.
Cómo sobreviví.

Sobreviví al aborto de un sueño,
A la muerte de tu vida,
Y sobreviviré a la pena que esto me deje.

Sobreviví,
Así de sencillo y así de crudo porque había que sobrevivir.
Porque no era el fin de los tiempos,
Si de los nuestros,
Los que vivimos juntos allá en casa.
No importa nada más.
Lo que importa es que sobreviví.



jueves, 22 de octubre de 2015

Capitulo I: Lo que solía ser (Cartas a Joseph).

Luego de muchas semanas de ir y venir por mis conocidos rumbos me inquieté… me inquieté a tal grado que comencé a huir, desesperadamente, entre sollozos y lágrimas. No sabía lo que era.
En pocos minutos llegue a una pasarela, volaba tan enérgicamente que creo fue el lugar que observé con mayor nitidez.

Se sentó junto a mí y ni siquiera pudo darse cuenta… no pudo siquiera percibir que yo estaba a su lado y que por lo demás quedé pasmado con su hermosura.
Otra emoción más, luego de un gran desconcierto.
Pensé que no seria capaz de soportarlo y que dentro de mí todo era demasiado pequeño para poder desarmar todo ese amasijo de temores que se formaba y se alimentaban con los sucesos más inesperados que yo hubiese esperado que sucedieran.

A pesar de lo grato que me resultó el contemplarla mis sentimientos estaban demasiado confusos por lo cual nuevamente decidí huir. Quedando maravillado esta vez por lo que había experimentado.


Vagué en el desconcierto durante muchos días, semanas que se hicieron eternas, los días cada vez eran más duros, más tristes.

Alza el vuelo.-

"Podrán decir que soy un soñador, pero ya no soy el único y espero que algún día se unan a nosotros..." John Lennon.



Desvarío número 1 (Cartas a Joseph).-

Nuevamente me encuentro en este puente tétrico, “por decir algo”.
Y voy a atreverme a decir algo bastante imbécil… siento las pulsaciones en mis nalgas ¿No parece bastante “loco”?
Si no me equivoco ésta es la vigésima segunda vez que comienzo ésta misma idea con distintas ideas, y me ha resultado tan arduo y tan comprometedor que no me he atrevido a continuarlo, no me he atrevido.

Sin embargo, hoy cuando te ví que te marchabas en la mañana sentí un deseo enorme de apretarte contra mi pecho hasta asfixiarte… quise poseerte de forma brutal, quise hacerte el amor como un loco enfermo y que te quedaras a mi lado recostada diciéndome que me amabas.
Pero sólo pude taparme por completo con las sábanas y simular que dormía, y por si no lo notaste dormía un poco molesto porque estabas haciendo demasiada bulla.

Voy a decir un tipo de pensamiento que seguro te emocionará hasta las lágrimas. Jamás me gustó como me hacías el amor… tu forma tan meliflua y recatada. Tan sonora y mezquina, me ha hecho pensar mil veces en las cosas que piensas cuándo estás conmigo, porque evidentemente piensas en algo o te refugias en un mundo en el que sin lugar a dudas yo no estoy. Mi pregunta a continuación es ¡¿Por qué no estoy, demonios?!  En realidad no lo sé, no lo sé ¿Sabes?
No soy un sádico,  un enfermo de esos novelescos pero tampoco soy lo que tú piensas. Y es así de complejo, junto con mi deseo de la mañana sentí satisfacción porque te marchabas y es así de paradójico; porque mientras más te amo, más te odio. Y  mientras más lejos te quiero, más cerca estás.

No sé a qué se deban mis ganas de llorar en este momento, quizás sólo a las ganas de postergarte un rato más en mi mente, en mi memoria.  A lo mejor solo a este cielo nublado que me hace dudar de todo lo pensado.
Pero me recorre una melancolía triste y sincera, un no saber qué fue, qué nos sucedió.

Aún así trato de pensar y dar mil vueltas a las situaciones que nos rodearon, las cosas en los que nos vimos envueltos una y otra vez; tú linda y mezquina sentada en algún banco en alguna plaza fumando un porrito. Yo por otro lado insomne tratando de descifrar tus juegos, tus sonrisas, el por qué de tu paranoia, las cosas que me sometían a tu perfección infame,  a tu inteligencia sordomuda… más no era capaz de hacer otra cosa. Cuando llegabas me costaba abrir los brazos para abrazarte y mirarte tan solo la espalda. Te lo digo de verdad.

A pesar de la tortura pude someterme a tu mundo deseable dejando con ello mis vísceras y mi orgullo un poco de lado para ahondar en tu holograma. Me costó encontrar y descifrar que así también yo te inmiscuía en mis profundos abismos, tortuosos…

martes, 20 de octubre de 2015

Tuve que vivir para curarme de lo vivido.

Hace muchos años atrás, en mi adolescencia pasé por el típico período existencialista.
No sé si a todos les ha ocurrido, en mi ignorancia pienso que sí y que si  alguna persona no ha tenido un período existencialista pues lo tendrá alguna vez.
Recuerdo que en ese momento solía pensar que la vida era triste y no tenía sentido, así tal cual y sin más reparos un día me dí cuenta que todo era efímero, ante esto para mí el pensamiento “lógico” fue que simplemente la vida en ciertas aristas (sino todas) carecía de sentido y por consecuencia no valía la pena ser vivida ¿Para qué vivir una vida carente de sentido y poblada de soledad, en un mundo indiferente a la tragedia humana? Me camuflé bajo la sombra de Camus, Sábato, Nietzsche, entre otros.
De alguna forma podía justificar el sinsentido de la vida y disfrutarlo, pero lo cierto es que este finísimo pensamiento de alguna manera vertía en mí un adictivo elixir que me atrapaba, me hundía y me aislaba de otras realidades.
Más allá de muchos pensamientos que tuve en esta etapa recuerdo hoy el de la soledad, que quizás es el sentimiento que me ha marcado en diferentes etapas de mi vida. ¿Por qué? Crecí en una familia rodeada de hombres, donde todos los juegos y actividades eran creados para y por hombres y sentía que no encajaba ya que los niños me aislaban. Yo notaba fuertemente nuestras diferencias que a esa edad no eran más que de género, cuando quería participar de otros ambientes familiares, que era el mundo de los adultos, se me privaba ya que “eran conversaciones de grandes” y no podía participar.
Recuerdo que quizás a los siete años, o quizás 6 fue la primera vez que me sentí sola o me dí cuenta de que lo estaba, hoy que miro para atrás me doy cuenta de que  básicamente no tenía con quién jugar en mi casa, era la más pequeñas y los niños grandes gozaban también otros privilegios aparte de ser hombres… Cuando mi hermano menor creció también pagó las consecuencias de esto porque se transformó en mi conejillo de indias.

Pero recuerdo ese sentimiento de soledad y que los días eran eternos, estaba muy aburrida siempre, mi papá hacía que leyera libros en el verano si quería salir en las tardes a jugar con mis amigas del pasaje “era la condicional”.  Sin embargo, en mi adolescencia la soledad se transformó en algo más concreto para mí ya que no sólo la percibía en instantes si no que de cierta manera lograba entenderla. Pasó un tiempo oscuro en el que creí fervientemente que mi destino era estar sola toda mi vida, lo malo es que cuando pensaba en eso en ese momento era algo deprimente, un destino que no había elegido pero que estaba obligada a vivir.

A mis 22 años aproximadamente tuve la oportunidad de leer “Los laberintos de la soledad” de Octavio Paz y entendí que muchas veces la diferencia entre las personas es lo que nos lleva a sentirnos solos, recuerdo que Paz en este libro ejemplifica como los mexicanos exageran sus vestimentas en un entorno gringo para hacer notar su diferencia que no es nada más que soledad o lejanía de su patria y a estas personas las denominaba “pachucos” ya que no eran ni mexicanos ni gringos, solo eran un raro espécimen en medio de un entorno que no los recibía o percibía como ellos anhelaban luego al volver a su patria sufrían el mismo rechazo y desintegración.

Luego de haber pasado por diferentes procesos en los que me he sentido sola creo que he llegado a pensar que  la soledad realmente no existe, si no más bien muchas veces sólo es el miedo a encontrarnos con nosotros mismos… un miedo que en cierta forma aprendemos de la sociedad, que se nos inculca desde pequeños, porque al estar siempre rodeados de personas no alcanzamos a entender el por qué de eso, por qué se agota la compañía  en algún momento, normalmente no se nos da la oportunidad para apreciar nuestra soledad.

Hace un tiempo atrás me encontraba viajando por Isla de Pascua, lugar al que fui sola. Un día recibí un mensaje por whatsapp de un amigo que me preguntaba dónde estaba, yo le dije que me encontraba de vacaciones en Isla de Pascua, entonces su siguiente  pregunta fue ¿Con quién?  Sola, le respondí. Y luego de eso le pregunté ¿Pero, qué es la soledad?

Lo cierto es que estaba viviendo en un camping, con al menos 30 personas más con los cuales interactuaba todo el día. Y de ahí surgió la amistad con Andrés, un chico que trabajaba de buzo en la isla. Nos contamos toda la vida y resultaba que incluso su mejor amiga de la infancia había sido vecina de mi abuela en Andes con Robles, Quinta Normal. Lugar donde yo viví muchos años de mi infancia y adolescencia. Y su papá vivía en Carrascal, muy cerca de la casa que mi tía Isabel arrendó por años. Las cosas de la vida, incluso él conocía a todos los chicos que solían juntarse en la plaza de Alcerreca que eran muy amigos de mi primo Carlos. Con Andrés nos hicimos muy amigos fácilmente porque teníamos muchas cosas en común, me presentó al dueño de la compañía de buceo, quien me ofreció trabajo y alojamiento para que me quedara en la isla. Conocí a otros amigos también con los que nos hicimos muy cercanos y hasta hoy mantenemos el contacto. El día que me tocaba viajar de regreso a Santiago, tenía un puñado de personas que no querían que abandonara la isla y yo tampoco quería hacerlo, pero debía.

Posterior a eso me encontré planificando todos los últimos detalles para el más grande viaje de mi vida (hasta el momento), cambiarme de país y venir a vivir a Australia. Recuerdo que en las últimas conversaciones que tenía con amigos y colegas en mis fiestas de despedida, almuerzos, etc. Todo el tiempo las preguntas eran ¿Por qué te vas tan lejos? ¿No te da miedo estar sola? Y yo respondía que necesitaba estar lejos por un tiempo, y que no temía a la soledad.

Me he dado cuenta que la soledad realmente no existe, a donde quiera que vayas siempre habrá gente con la cual conversar al menos y aunque tú no quieras tarde o temprano en donde quiera que estés encontrarás un puñado de personas que empezarán a tonarse importantes en tu vida. Pero para mí esto siempre fue verdad, siempre lo viví así solo que en mi adolescencia no era capaz de entender que la soledad no tenía nada de malo ni deprimente yo la tornaba deprimente al buscar el sentido de la vida y darme cuenta que después de todo me gustaba estar sola y quería estar sola en mi vida, pero me negaba a aceptarlo, porque tenía un condicionamiento y aprendizaje social que me decía que era malo y las personas me hacían sentir como “bicho raro” y mi culpa era que me creía esa historia y me hacía infeliz.

Recuerdo la soledad que sentí cuando me separé e incluso la angustia que sentía antes de la separación. Yo sabía que las cosas no iban bien y que debía tomar una decisión, pero el único hecho de pensar que estaría sola y extrañaría demasiado a esa persona con la que había vivido por siete años me daba miedo y me frenaba en mi decisión. No quería asumir mi soledad, que después de muchos años de pasada la adolescencia volvería a tomarse el escenario de mi vida. Volvería a transformarse en el “tópico”. No sé cómo lo hice… pero entre enojo, pena, rabia y frustración un día solo dije “no puedo más”, no podía más, esa era la triste verdad. Me separé y asumí mi soledad, mi destino… me di cuenta de que no necesitaba a nadie para que validara mis decisiones y con esto me refiero a la sociedad, al que fue mi marido, a mis padres, a mis hermanos y primos, a mis amigos. Me di cuenta que nadie nunca en mi vida tomó mejores decisiones por mí que yo misma y si me equivoqué en algo, que por cierto lo he hecho no culpo a nadie, no puedo culpar a nadie más que a mí misma. Pero me di cuenta que estaba sola y siempre estuve sola en medio de toda esa gente que me rodeaba y no era nada malo, al contrario, era bueno. Porque desde mi soledad yo maduraba las ideas y le devolvía al mundo mi visión idealista de las cosas, cuando me encontraba con mi amigas les entregaba palabras de amor, cuando mi mamá estaba triste le daba palabras de aliento, cuando la gente lloraba yo la abrazaba, cuando alguien estaba enojado yo lo hacía sonreír y es algo que trato de hacer hasta el día de hoy, pero si no fuera por mi soledad no podría hacerlo, no podría encontrar mi estado zen. Si no fuera por mi soledad no podría escribir, no podría pintar y son un par de cosas de las que más amo hacer en mí vida. Pero no tendría maduración de ideas si no fuera por mi soledad, y yo lo siento, pero aprendí a amar el pensar… aunque sean idioteces, lo amo.

La vida a veces da giros inesperados, desde mi soledad soy muy consciente de eso y luego de ver el comportamiento de muchas personas que han estado en mi vida acompañándome por largos años sé que mi soledad es el único espacio protegido que tengo para mí. Y sé que estar aquí donde estoy hoy día fue una de las mejores decisiones que tomé en mi vida. Aunque a veces el bullicio del mundo quiera irrumpir destruyendo o desordenándolo todo, cuestionando o confrontándome, al final del camino siempre soy yo conmigo misma abrazando la vida, creyendo en el paso y ritmo de mis pies cansados, curándome con amor, en mi espacio, en mi tiempo, en mi momento, en mi vida.
Tuve que vivir para curarme de lo vivido, tuve que entender que nadie puede hacerme daño.





martes, 11 de agosto de 2015

Nacimos pobres.-

La pregunta de Manuel fue ¿Por qué nacimos pobres?
Lo primero que se me vino a la mente fue por destino o azar. Un azar que nos quería jorobar  o un destino que nos quería hacer unos malditos luchadores, independiente de las definiciones que yo misma tenga o usted lector tenga de “destino y azar”, creo que ambas definiciones de lo que dije anteriormente me gustan.
Me gusta la idea de haber nacido pobre, porque no fue fácil, porque hoy no es fácil, porque me cuesta, porque a veces me duele, porque me capacita, porque me enorgullece, porque me desafía.
Siempre supongo que si lo hubiese tenido todo en mi vida no hubiese sido capaz de aprender a valorar las cosas pequeñas de ésta, o a saborear las churrascas que mamá cocinaba con harina, agua y sal cuando no tenía plata para comprar el pan… un Viernes en el que quizás a mi papá se le olvidó que tenía familia y prefirió quedarse afuera de la casa embriagándose con sus amigos.
Porque cuando eres pobre vives la humildad, humillación, desprecio de una sociedad. Porque cuando eres pobre aprendes a soñar, a sacar las garras, a perseverar, a decirle que sí a las oportunidades de la vida. Porque cuando eres pobre tu mundo es tan pequeño que todo te sorprende y puedes incluso vivir en un mundo mágico, como dice una canción por ahí “no hay mejores sueños que los sueños de un pobre, porque soñar es gratis”.
Nacimos pobres ¿Y qué importa? ¿Tener dinero me hubiese hecho mejor persona? Creo que no. ¿Tener dinero me hubiese hecho peor persona? No sé, pero estoy convencida de que no sería la misma, hace un tiempo leía unos estudios que postulan que las personas que crecen con todo, es decir sin tener ninguna carencia material se hacen menos empáticas a las realidades de otras personas y suelen ser personas egoístas. Si es así, entonces gané… el hecho de haber nacido pobre me hizo rica de espíritu, empática con el dolor y la tragedia humana, amante de lo básico, despojada de lo material, amante de la experiencia de salir adelante una y otra vez, aperrada. Nacer pobre me enseñó a no tener límites para desear lo que creo que me merezco, y decir no cuando me están entregando algo que no merezco o menos de lo que creo que merezco. Haber nacido pobre me hizo valorar la importancia de la educación, cultivar el amor por la lectura, me hizo ponerme a escribir para hablar de lo que veo y percibo de un mundo, me hizo tan sensible que necesité ponerme a pintar no porque tenga talento, sino porque es la herramienta para botar un poco de lo que tengo en el alma curtida con dolor, noches de insomnio y por sobre todo pobreza de ese barrio pobre donde crecí donde no había luz, donde no había paz. Gané.
Por haber nacido pobre, crecido en una familia con muchos problemas y en un barrio donde apenas podías dormir en las noches quise luchar por ser independiente y cambiar mi vida. Esa pobreza me llevó a vivir sola a los diecinueve años experiencia con la que maduré y me endurecí solo lo suficiente. El vivir sola me llevó a trabajar; cantando en las micros, de cajera en una heladería, repartiendo diarios a la salida del metro, empacando regalos, de empaque en un supermercado, promotora, atendiendo un ciber café, vendiendo panes a la salida de la universidad, publicista, haciendo aseo. Y en todos esos lugares conocí gente que me hizo ver otras cosas que yo no veía, una verdad que para mí siempre estaba incompleta. Y que aún está porque no pretendo conocer la realidad de todas las personas, pero conociendo personas de distintos lugares he podido ver con sus ojos lo que no alcancé a ver con los míos. Amplié mi visión.
Conocer estas personas me hizo querer viajar para conocer más personas y más lugares y más realidades…  viajando conocí culturas y ví paisajes que amé, ser pobre me hizo venir a Australia a tener otra experiencia en la que hoy creo.
Ser pobre me hizo adicta a lo que creo es hoy casi una disciplina para mí, la cual es ponerme en situaciones complejas para  experimentar mi reacción a eso, superarlo y salir adelante fortalecida, más grande y con las herramientas que esa experiencia me deje. Sobre exigirme un poquito más, pedirme un poquito más, darme plazos para mis metas, cumplirlos.


Nacimos pobres y no fue fácil, nunca nadie dijo que lo sería… pero tú decides si quieres quedarte pobre, hoy para mi existe sólo una gran pobreza y es la del espíritu, esa es la más terrible y letal. Lo demás, se pasa cantando, se traga con una cervecita helada con amigos, el hambre se pasa con churrascas de ser necesario… pero si no alimentaste tu espíritu, estás condenado a ser pobre, te moriste pobre. No importa cuanta materia tengas.

lunes, 20 de julio de 2015

Yo sólo estaba ahí.-

Yo sólo estaba ahí,
Mirándote desde mí silencio
Venciendo los demonios que se levantaban hacia todas partes.
Enumerando las palabras que dijiste,
Para recordarlas una a una
Para vivirlas con su pena una a una
Para tratar de olvidarlas una a una
Para poder curarme una a una.
Yo sólo estuve ahí,
Mirándote desde mí silencio
Mientras tú corrías desenfrenado  y renunciabas a la creación de un mundo.

Yo sólo estuve ahí…
Sola
Cuando me desperté.

Yo sólo estaba ahí,
Mientras improvisaste artimañas y tendiste trampas.
Mientras heriste, dañaste, destruiste.
Yo sólo te podía ver.
Era espectador de la trágica comedia que tú montaste.
Nada más.
Sólo estuve ahí para mirarte,
Mirarte…
Cerré mis ojos, pero escuché tus palabras
Las que enumeraba una a una.
Tratando de memorizar los guiones,
De esta obra macabra que montaste.
Tratando de entender el hilo argumentativo de esa comedia.
Que dolía, y cómo dolía.

Yo sólo estuve ahí cuando desperté,
Sola.
Otro día, uno más, uno más.
Sola.

Y la palabra “sola” no resumía tu soledad ni la mía,
Si no más bien nuestra miseria,
Y ese sarcasmo de la vida.
De verte frustrado y solo.
Cansado y solo,
Triste y solo,
Hambriento y solo.
Sediento y sólo.
Solo y solo.


Yo sólo estuve ahí,
Y te viví con tu penumbra.
Y te viví con tu olvido.

Yo asistí a tu invitación al teatro,
A esos tickets de primera fila que me regalaste,
Para ver esa trágica comedia que tú montaste.
Fui tu primer espectador.
Dime,
¿Sólo yo asistí?
¿Alguien más vio la pena con que declamabas esos textos?
¿Alguien más te vio o escuchó los parlamentos de esas líneas?
Perdón,
Pero estaba tan concentrada que no volteé.
No alcancé a ver si el teatro se llenó como en otras ocasiones.

Ya te lo he dicho,
Estaba ahí sola.

Y viví tu pena,
Y la hice mía.
Y viví mi pena.
Sí, también viví con pena.
Y tomé ese guion,
Y estudié esas líneas,
Y no entendí la argumentación de la línea.
Y lo dejé.
Y me aburrió.
Y me cansé.
Y me fui.

No soporté más tu obra macabra.



miércoles, 15 de julio de 2015

Acuario.-

Acuario me recordó a Acuario, que me recordaba a Acuario cuando lo conocí.
Acuario tiene sesenta y tres, cuatro mujeres, siete hijos y la última de ellos tiene sólo cinco años. Acuario cree en la astrología y dice haber elegido a sus parejas a través de ésta.
Cuarenta y dos años en Australia, llegó  “cuando existía la discriminación hacia otras razas y las personas no eran tan abiertas a recibir a los extranjeros”, dice que “acá hay trescientas veinte razas distintas”, “hay que ser verdaderamente abierto para poder convivir con tanta gente diferente”.
“Tú eres chilena? Tú eres Aries? Nada más bravo que una chilena Aries, ya me querría yo una mujer así”, “entonces vos sós de temer nena”… “Acá está lleno de peruanos, brasileños, ecuatorianos… los chilenos y los argentinos somos pocos”. “Podríamos decir que somos casi compatriotas”, “mi hija también es Aries, tiene un carácter muy especial”, “vos sós parecida a mi hija”… “tú me recuerdas a mi padre”, “entonces puedo decir que trabajo con mi hija”, “entonces puedo decir que trabajo con mi padre”.
“He tenido cinco mujeres; una Italiana-Argentina, una Brasileña, una Chilena, una Filipina”… “La Filipina me ama, tenemos una hija de cinco que habla tres idiomas, la gente me dice que le enseñe Español, pero ¿Para qué? Acá casi no lo va a necesitar, es mejor que aprenda Chino, los Chinitos tienen el imperio acá”, “Realmente no sé por qué me amá la Filipina es veinte años menor que yo, tenía otra relación antes, igual que yo que estaba casado con la Chilena” , “pero con esa mujer todo está bien, no hay problemas ya vivimos diez años juntos antes de tener a nuestra nenita” “ella me dice “papito”, yo le digo “hijita””, “bueno,   a mí nunca me han llamado la atención los hombres mayores, por alguna extraña razón siempre cuando termino saliendo con alguien es menor que yo”.
“Yo ya he viajado por el mundo, recorrí muchos países antes de llegar acá”.
“Sabes que después de tantos años en otro país que no es el tuyo pierdes tu  identidad”, “ya es difícil identificarse con algo de lo que identificabas antes y para mi fue peor, porque llegué cuando no había tanta tecnología y había que hacer un quilombo para poder tener información de afuera”, “yo nunca volví, era dibujante pero el gusto de la plata me volvió loco y sólo me dediqué a trabajar y trabajar”…

Acuario sonríe, da clases de inglés, su lema en las clases es “be simple”, “the lenguage it’s simple, be simple”, “the life it’s simple”, “shorts sentence going to give you the key for the fluent English”, “simple things”. Más de cuarenta viajes con LCD, una de sus historias comiendo “magic mushrooms” fue en Bali mientras frente a él el sol se salía por el mar y a sus espaldas la luna se escondía en el mar”, “if you go to Bali it’s so easy to buy them”, tantas novias como un Acuario puede tener. Acuario, como yo, cree que tomar drogas es una de las cosas más espirituales que puedes hacer, abrir tu percepción  a otros niveles de conciencia, experimentar otras sensaciones con la naturaleza y las personas, explorar tu mundo interior, hablar contigo mismo, como yo cree que es una de las cosas que todos los seres humanos deberían hacer al menos una vez en la vida, para poder tener este aprendizaje que te acerca a ti mismo y a las personas. Acuario vivió en Japón dos años enseñando inglés, aprendiendo de la cultura que existe ahí, tantas historias. Acuario un 31 de Diciembre se emborrachó en la tarde antes de que fueran la hora de la cena, se fue a su casa para cambiarse su ropa e ir a la casa de sus padres cuando repentinamente se dio cuenta de que no tenía sus llaves y tomó la decisión de subir a su apartamento en el tercer piso por la escalera de emergencia del edificio, esa escalera que da a la calle y cuando llegó se dio cuenta de que la ventana estaba cerrada y estaba tan borracho que no se podía devolver, sólo se soltó y cayó de espaldas. Acuario es cool, dice que “esto es Sydney, acá todo está bien”, “puedes hacer lo que quieras”. Acuario es hilarante, gran sentido del humor, gran sentido de la estética, gran sentido del espíritu y la vida.


Acuario, me recordó a Acuario que me recordaba a Acuario cuando lo conocí, cuando me destrozó el corazón. 


Buena para nada.-

Si me preguntas ¿De qué estoy hecha? Te diré de nada.
¿Para qué soy buena? Para nada.
¿Cuál es mi especialidad? Ninguna.
¿Música favorita? Ninguna.
¿Cuáles son mis planes? Nada especifico.
¿Qué hiciste hoy? Nada especial.
¿Comida favorita? Ninguna.
¿Por qué? Porque en mi obsesión por el todo  me he tratado de unificar con tantas cosas que ya nada es demasiado especial para catalogarlo, enclaustrarlo y/o promoverlo. Nada es tan bueno para sólo hacer una sola cosa, nada es suficiente para calmar el ansia de querer más y más cosas nuevas y excitantes.
 He vivido muchas cosas, sé hacer muchas otras, escucho mucha música, hago muchas cosas a diario, me encanta la comida, pero ninguna de estas en sus distintas variedades me roba el corazón. No pertenezco a ninguna de ellas y ninguna de ellas me pertenece.
La verdad a veces me siento un poco inútil, también ignorante…  ¿Cómo puedes no ser bueno en algo? ¡Una cosita más que sea!… bueno esa es la verdad.

Sólo una vez entregué mi corazón a algo y mi vida, no funcionó. Hoy prefiero continuar armándome de pocos muchos de nada. Ir por todos lados, con felicidad química, con estupor de vida, con todos, con todo, con nada de nada.  Siendo una buena para nada me he dado cuenta de muchas cosas, como por ejemplo: que la gente es igual en todas partes buena, muy buena, mala, muy mala, hipócrita, menos hipócrita, más hipócrita, extraña, curiosa, dañina, gentil, descortés, etc., etc.
Me he dado cuenta que lo más importante en el origen de la persona es su background, su historia, y cómo su cultura lo crea y modela ya que  definitivamente todas las cosas que mencioné antes  acerca de las personas están enmarcadas en el mundo del instinto, muchas veces la gente no quiere ser buena o mala, simplemente es su instinto y el instinto (aunque no todos compartamos el mismo), es universal a los humanos, como el instinto de los perros es universal ¿Podrías hacer que tu perro no mueva la cola cuando te ve?
Pero la cultura no es universal, está  vinculada a espacios geográficos, a construcciones sociales, a semióticas que son únicas en cada lugar.  Significados y significantes que es muy difícil emular o querer alcanzar incluso. Inmigrando, me dí cuenta que es imposible ser parte de una cultura en la que no naciste, ya que ciertamente eso no  constituye tu historia y las cosas que para ti tienen significado son otras, he aquí dónde se vuelve más interesante conocer personas de diferentes razas, de diferentes provincias, países, porque vas ampliando tu visión… sin lugar a dudas te vuelves más tolerante, más abierto, más perceptivo a las necesidades de las personas y por qué no decirlo, también más sensible. Así en esta fase, también sé que nunca lograré conocer todas las culturas, ni a personas provenientes  de todas ellas, me quedaré otra vez con mucho, poco y nada… con un conocimiento intermedio y relativo.
Mi mamá solía decirme desde que fui muy pequeña un famoso dicho “el que mucho abarca, poco aprieta”, sin dudas tenía razón… siempre desde niña empezaba cosas y ya cuando me aburría dejaba eso que estaba haciendo a medio terminar y ya me iba a hacer otra cosa, siempre me he aburrido fácilmente de todo, me canso rápido de las situaciones, si una persona no me gusta me hastía, si hay algo que me está sucediendo y no me parece bueno me asfixio a veces y quiero pasar rápido al siguiente nivel de bienestar. No me gusta bancarme la rutina, la gente aburrida, la gente complicada, los malos momentos, la incertidumbre, la gente “tonta”, y por sobretodo la gente pesimista. Trato continuamente de escaparme de todo eso y de todos ellos, si bien es cierto antes huía descaradamente diciéndoles en su cara todo lo malo, malos y patéticos que me parecían y parecía la vida. Hoy creo que sigo haciendo lo mismo, quizás de una forma más elegante y educada, aplicando más diplomacia, y no tomándomelo en serio tampoco… antes de verdad me afectaba,  hoy sólo me retiro sabiendo que esas personas no son el tipo de personas con las cuales quiero gastar mi tiempo, o que ese no es el lugar dónde quiero estar y así busco nuevas personas y nuevos lugares… que me constituirán en minutos de lo que será mi vida, pero que no formarán parte de mi tampoco en el fondo, porque no son parte de mi background. Quizás me leo egoísta, no lo sé. Sólo sé, que sigo “incompletándome” hasta agotarme y después de un rato, eso también me aburre. Continúo en la nada.
Hace un tiempo me dí cuenta de que me “desfragmenté” y escribí sobre eso, no puedo dejar de pensar a veces en esa idea. Solía leer muchos libros (lo cual obviamente siempre es muy bueno)… pero hasta cierto punto también me cansé de eso, y el proceso de “desfragmentación” comenzó totalmente cuando empecé a prestar más atención a las historias que me contaban mis amigos, mi familia, gente que iba conociendo por ahí… no todas son buenas historias, ni entretenidas ni interesantes… de hecho la mayoría eran término medio, como yo. Sin embargo, vas por ese camino cuando encuentras a esa persona que te cuenta una historia increíble, no importa si le pasó al primo del tío del amigo que tenía cuando iba en segundo básico. Es esa historia que te deja con los pelos de punta y la boca abierta, y en cierta forma sabes que es real y luego ya quieres escuchar la siguiente, y la siguiente y la siguiente, y las historias “término medio” pasan a ser la “antesala” o “entrada” de lo que será una  “gran cena”. Que por cierto, un extraño te regalará… la “desfragmentación” es dejar de lado la teoría y comenzar a vivir, dejar de lado los planes y empezar a improvisar, dejar atrás lo conocido y buscar lo desconocido, no aferrándose a nada. Todo ínfimamente supremo en su unicidad y tiempo finito. Lo que dure. Agotar el momento, exprimir la ocasión.
A veces voy por la calle y me pongo a escuchar lo que la gente está hablando, no me importa lo que digan, ni quiero entender lo que están conversando o el contexto, sólo quiero saber si van a darme algo, una frase aunque sea, una idea, algo que me haga pensar y en lo que pueda quedarme reflexionando hasta pulir, pulir y sacar algo en concreto. Reconozco que de esta forma es como voy escribiendo también en el último tiempo, tratando de extrapolar todas las cosas que recibo a mi percepción, mundo y espacio, por eso me sigo armando de nada, porque nunca sé a qué se quería referir la persona con lo que dijo, sólo sé que en cierta forma yo tomé un poco de su idea, la hice mía, la transformé y voy viviendo con ella día a día. Hasta pasar a la siguiente idea.

Quizás pensé mucho tiempo que “los libros estaban hechos para explicarnos la realidad” y también  pensé mucho tiempo que no necesitaba conocer a las personas porque “todo podía encontrarlo en los libros”  (muy antisocial) así de textual y las personas que están en mi background pueden dar fe de eso, hoy prefiero pensar como diría Woody Allen que “la realidad supera a la ficción”, y ¿Dónde más podrías aprender de la realidad que conversando con las personas? Yendo a visitarlas a los lugares comunes donde ellas transitan, inmiscuyéndote en sus vidas para tomar una foto de esa realidad y luego transmigrar a otra. Poder contemplarlo en tu mente y ver las similitudes y diferencias con tu vida, con tu experiencia. Hoy creo fervientemente que la gente no está de casualidad en nuestra vida, están para entregarnos cosas principalmente no materiales, yo quiero creer que en mi caso las personas están para entregarme conocimiento. Aún sabiendo que nunca será suficiente para poder dar “cátedras” de eso, pero en mi vida ese conocimiento será útil y tendré cada día más herramientas para enfrentar esta nada, que me acecha, me constituye y constantemente me deja vacía.