miércoles, 6 de diciembre de 2017

Los hombres de mi vida.-

Supongo que todas las historias parten por el principio.
En este caso y como siempre, el principio soy yo.
Papá, por no desmerecer, ha tenido una cuota importante de influencia, quizás no la mayor.
Pensando en cómo muchas historias sobre los hombres de una mujer se escribirían.
Nací, en un barrio pobre eso todos ya lo saben.
Y el que no nacío ahí, no estuvo.
Qué simple, no?
Qué complejo.
Nacer. No importa, cuando te entregas a la libertad del ser y estar.
Cuando transmutas pieles y prejuicios y sigues existiendo.
¡Aquí voy! Siempre digo.
Parece recalcitrante, súper repetitivo y la mayor parte de las veces inoportuno.
Pero sin duda, ¡Aquí voy!
Papá. Terco, altanero, desafiante.
No sé explicar cuál es la parte más importante de su personalidad. Quizás sea yo, este engendro mutado de raíces y tiempos. Sexos y amarguras.
En la cual él a diario se proyecta y trasciende, como un árbol que con el avanzar de las horas nunca dará sombra.
Y es que yo no tengo abrigo, ni tiempo ni ganas.
Y él lo sabe y me conscciente en mi altanería y yo soy exquicita y no pierdo tiempo en las razones sin causa y él lo sabe y nos entendemos y somos tan felices. Que un lector promedio no lo entendería.
Papá, un hombre maldito para todos. Dios artífice y creador del tiempo. Obrero, palabras sobran.
Quién es tu padre? No me importa. Yo sólo sé quién es el mío.
Porque ya te dije, se trata de mi.
Sólo me atrevo a preguntar porque sé que no tienes respuesta.
El lector promedio no tiene padre ni madre y alejado de conceptos define su vida.
Yo conocí a mis hermanos, hasta hoy.
Mañana otro día nos aguarda.
Jorge y sus ganas de vivir. Que le alcanzan para tener orgullo y razón.
Juan, a quién la melancolía se lo come por los huesos y me mira pidiendo ayuda, pero rechazando la ayuda. Él nunca verá un ocaso.
Ignacio, frágil.
Andrés, siempre con el culo al revés. Nacío tierno y morirá por un coma de azúcar.
Carlos, ambiguo. Como todos los ambiguos suelen ser. Te abraza y te odia, pero te recordará con cariño. Siempre.
Fabián. Un punto en suspensión. El tiempo se detiene cuando lo miras, pero es solo porque habla en pretérito.
Ariel, vanguardia al pie del cañon de la que no cede, pero avanza irrumpiendo la moralidad de muchos.
Javier, tan no sé qué. Quién sabe cuándo las ganas alcanzarán a construir un nuevo día.
Héctor, mejor no decir... no hay nada para comprometerse a aventurar una idea.
Tomás, la estructura lo superó hace tiempo. Pero el tiempo lo trasciende sin dejar estructura.
Álvaro, innovador.
Felipe, Felipes tengo para rato. Son todos unos exquicitos.
Patricio, Freud dijo que la expectativa del placer siempre es más grande que el placer mismo. No conocío a Nietzsche, entonces no sabe de placer.
Gonzalo, bueno, lo que dejó la ola.
Max, el hermano menor de Nietzsche.
Sergio, el Caribe en Invierno con ganas de un acento chileno.
Trent, estar playa.
Johannes. Quién supo?
Nadie supo.
Como dije anteriormente, nacer pobre. Se refiere a muchas cosas más allá del ser.
Del estar. Despojado, despojada.
Fieramente existiendo, ciegamente negando.
A quién le importa?
Si el lector promedio no sabe quién es su padre.
Los hombres de mi vida, tienen muchos nombres más allá de los que he nombrado.
Pero hay un nombre que siempre existe, que nunca cambia.
Los que conocen a mi padre lo entenderán.
Lo demás está de más y es solo habladuría tonta, sin tiempo en los tiempos que ya existía el tiempo y el reloj.
Un lector promedio, siempre seguirá siendo un lector promedio.
Sin ofender al promedio.

jueves, 16 de noviembre de 2017

What if?

What if I don't want to feel sorry about anything?
If I don't care anymore about everything.
What if, I've decided change my mind about my promises and my faith in life.
If I chose a easier way to go and go with the flow.
What if I don't call you for your name never more and I call you in my mind for your memories.
If I just wanna have a simple life.
If I just don't want to be awake.

No hay regreso.

En más de alguna ocasión he oído esa oración: "El eterno punto de retorno".
Y no es acaso una de las más grandes falacias?
Atrás de tus ojos no hay regreso.
O puede uno olvidarse de esa luz?
Dime.

martes, 14 de noviembre de 2017

Uno siempre se lleva algo.-

Al final uno siempre se lleva lo que desea llevarse. O quizás no? Quizás sólo nos llevamos lo que podemos, lo que los demás nos permiten. O quizás sólo nos llevamos lo que nos cabe en las manos. Metafórica y literalmente hablando.

Quizás seleccionemos lo que queremos llevarnos en base a lo que nos quepa en las manos y los demás nos permitan llevarnos. O a lo mejor podamos llevarlo todo pero nos guste andar ligero y seleccionemos qué cosas específicas llevar. Después de todo algo nos llevaremos.

Pero qué te llevarías? Lo que los demás te digan que te puedes llevar, lo que quieres llevarte, lo que necesitarás para el camino, lo que te quepa en las manos, todo, nada?

Ni todo ni nada. Sólo lo que quizás permita la ocasión. Pensando que la mayoría de nuestras decisiones son en base a circunstancias.

No podemos llevarnos todo porque no dejaríamos nada. No podemos llevarnos nada, porque hay cosas que ya cargamos por dentro en nuestra alma y las llevamos todos los días a cada encuentro con la vida. No diré sociedad. Ok, sociedad.

Al final uno siempre se lleva lo que quiere o puede llevarse. Lo que eliges llevarte, lo que te dan para llevarte o lo que eliges de lo que te dan para llevarte. Uno siempre se lleva algo, algo. ¿Qué?

martes, 17 de octubre de 2017

Todo se repite.-

Se repiten los rostros,
las palabras,
las bienvenidas.

Se repiten los abrazos,
los encuentros,
las huídas.

Se repiten los miedos,
las cobardías,
las inseguridades.

Se repiten las seguridades,
las decisiones,
las palabras.

Se repiten los amores,
las calles,
los restaurantes.

Los aromas,
las búsqueda de tu mirada en una esquina triste.
La búsqueda de mi alma en una estación de metro.
Se repite todo.
Todo siempre se repite.

domingo, 8 de octubre de 2017

Río.-

Anoche te ví,
Ibas preguntando si estoy enamorada.
Mientras manejabas un auto que nos llevaba a ningún destino.
No lo sé te dije,
Entonces caíste en tus artilugios pre - hechos del ser y estar.

Yo nadaba en un río turbio que no sabía a dónde me conducía.
Las personas que iban en balsas a mi alrededor no me ayudaban,
La corriente era fuerte.
Yo podía nadar. No los necesitaba.
No había miedo.
Tú me esperabas en un borde del río con manos extendidas para sacarme del agua.
Nos fuimos caminando, un perro apareció en el camino y lo adoptamos.
Nos fuimos a una casa olvidada,
Donde nada era nuestro.
Y tú le decías a la gente que todo nos pertenecía.
De alguna forma todas las cosas del cuarto habían sido nuestras en un tiempo pasado.
Me sentí ajena en una casa llena de recuerdos que no eran míos.
Tú me decías que no me preocupara, que todo va a estar bien con la voz tan tranquila de siempre.
Me tomaste en tus brazos y me llevaste a la cama con tu suavidad de siempre.
Para desnudarme poco a poco,
Despojándome de mis ropas con el barro del río.
En lo único que pensabas era en mi sexo.
La lujuría se te clavo en la mirada.
Mientras mirabas absorto mi sexo de tus sueños.
Para depositar en él un beso, un tierno beso.
Y cerrar tus ojos para entregarte al placer de un fruto añorado, de una fruta madura.

Alguien nos observaba atrás de una puerta.
Y te levantaste para ver qué sucedía.
Cuando volviste te pedí que me cogieras,
Entonces ya no nos importaba ser observados.
Luego de tu piel, los abrazos y el orgasmo.
Los testigos se disiparon.
Tú fuiste a averiguar por qué nos observaban.
Yo me sentí más sucía que nunca y necesitaba ir a bañarme al río.



Corazón de perro.-

Dicen que los asesinos siempre vuelven al lugar del crimen.
Quizás por eso, de alguna manera  siempre vuelves a mi.
A echarle un vistazo a eso que mataste en tus manos.
A ver qué tan frío o tibio está el cadáver que dejaste un día.
Seguro a veces repasas las escenas  macabras en las que con tus manos extirpaste mi corazón para dárselo a unos perros callejeros.
Unos perros que más bien eran arquetipos de tu egoísmo proyectándose en ése instante.
Seguro aún no te olvidas como mi sangre tibia corría en tus manos.
Primero unos hilitos de sangre, tras la primera estocada al pecho.

Unas gotas te salpicaron la cara y el olor de esa sangre se grabó en tu conciencia. Entonces desde ése instante estuviste destinado a volver de cuando en vez a revisar la escena del crimen.

Luego de la segunda estocada los hilos de sangre ya eran ríos que brotaban de mi pecho.
En tu cara el espanto, al verme cayendo moribunda.
Te arrodillaste en mi regazo, me arruyaste en tus brazos, diciendo: "Pobrecita, se muere".
Al tender mi cuerpo moribundo, el asfalto transfiguraba un sol yaciente a mis espaldas.
O quizás ese sol era el calor  de mi sangre en el suelo por mi apuñalado pecho.

Te acercaste a mi oído para susurrarme: "Te amo".
E introdujiste tu mano como símbolo fálico en mi pecho para sacar mi corazón y esparcirlo entre los perros.

Tus ojos me miraban fijamente, los signos de tu propia catarsis emergían en tu rostro. Como los de tu signo Acuario.
El placer y el extásis empoderados de tu cuerpo. Y en tu ojo derecho una lágrima de cocodrilo.

Sé que me recuerdas como aquello que asesinaste. Y de vez en cuando regresas a mi. Como cualquier homicida a la escena del crimen.

Yo te pido, ya no vuelvas.
Déjame descansar en paz.

domingo, 14 de mayo de 2017

Instrucciones para aprender a vivir sin fe.-

Natalia se levanta en las mañanas queriendo vivir con fe. Va a darse su ducha matutina, para despertar y cerciorarse de que ese sentimiento matutino es la prueba irrefutable de la ausencia de fe.
Natalia, se viste. Va a la cocina para prepararse su desayuno, se dedica a trabajar, regresa de su trabajo, lee un libro, mira una película, se conecta a internet y habla con sus amigos. Queda con sus amigos para ir al cine, para ir a un bar, para juntarse en Bulnes a fumarse un porrito y tomarse un vino. Natalia, vuelve a casa. Natalia, está sola. Natalia, sobrevivió un día más sin fe.





Natalia.-

Cuando me nombran Natalia es como si la gente se refiriese a alguien que no existe.

"Natalia", me dicen.
Y ahí voy yo respondiendo.
Yo que no soy Natalia.
Yo que soy aquello más allá del nombre.
Un vestigio de inocencia marchito.

Natalia, siempre me ha sonado tan extraño y ajeno.
Quisiera llamarme Distorsión Diáfana de la Memoria.
Música, Paz.

Natalia, no invita.
Natalia, es un nombre tosco que segrega.

Natalia, la risa en la boca.
Natalia, el llanto de lejanía.
Natalia, los ángeles y demonios.
Natalia Silvestre. Natalia.

¡Ay Natalita! Dijera mi padre.
Natalita.

La Natalia que nombran.
Vive de mi, se disfraza en mis pieles.
Pero no soy yo.
Yo soy Distorsión, yo soy Diáfana, yo soy Olvido.
Yo soy no ser, yo soy tu ser.
Yo soy en todo, yo no existo.
Existe una mediocre versión de mi misma,
la más famosa.
A la que la gente cotidianamente nombra Natalia.


jueves, 11 de mayo de 2017

Aprendiendo a vivir sin fe.-

Decían que había que levantarse todos los días temprano,
para ir a la escuela a que uno aprenda.
A leer, a escribir.
Entonces aprendí aquellas cosas;
levantarme temprano desde mi infancia, como un acto brutal.
En el que cada mañana siendo niña me levantaba con arcadas,
Dolor de estómago por una fatiga que desde entonces nunca supe entender.
Con unas náuseas que sólo me permitían sentir el deseo de acostarme otra vez.
 Aprendí a leer y aprendí a escribir.
Y aprendí a ver la facilidad de algunos niños para éste aprendizaje y la dificultad de otros para el mismo.

Decían que había que creer en Dios,
quién había enviado a su hijo unigénito a morir por los pecados de nosotros,
tristes mortales.
Pero no solo había que creer,
nunca bastaba con la fe.
Porque también decían "que la fe sin obras es muerta".
Entonces, había que ser honesto con la fe de uno.

Decían que una señorita debe saber comportarse,
que no debía jugar al balón pie,
ni eructar después de tomarse un vaso de bebida.
Que había que aprender a cocinar "porque al hombre se le conquista por el estómago",
que había que ser recatada,
cuidar de una apariencia, en cuánto a estilo e higiene puedo referirme.
Y había que cuidar de una fama, porque a la gente le gustaba hablar mal de las niñas que no son "señoritas".

Decían que una mujer no puede ser vista haciendo cosas de hombres,
porque esas mujeres, son mujeres "amachadas".
"Juanas tres cocos", les llamaban.
Que una mujer no puede besar a otra mujer, porque es pecado.
Que una mujer debía ser "buena dueña de casa".
Para lo último decían; que había que aprender a planchar, a sacarle el percudido a las camisas, a tejer, a bordar.
Yo aprendí todas estas cosas que me decían.

Decían que no había que salir a la calle porque es peligroso,
que había que quedarse en casa para esperar a Papá para tomar onces.
Decían que no había que salir a la calle a jugar con esos niños,
porque ellos estaban creciendo para delincuentes.
Y uno crecía nunca supe para qué.

Decían que hay que casarse, tener hijos.
Criar esos hijos.

Decían tantas cosas...
Tantas cosas sin sentido.
Que después de todo lo que dijeron,
lo más importante fue aprender a leer y a escribir.
Hoy aprendo a vivir sin fe en las cosas sabidas,
más bien perdí la fe.
Me levanto tarde en los días de invierno,
y trato de seguir aprendiendo a leer y a escribir.




miércoles, 10 de mayo de 2017

No es el que espero.-

A veces, cuando por las noches el Olvido quiere abrazarme me acuerdo que te espero.
Me doy vueltas en ésta cama de pobres a la que vine a parar y le digo: No eres el que espero.
Pero él se queda muy "aquí te las traigo Peter" echado en mi cama,
al lado mio, diciéndome que "le espero".

Yo lo miro. Muy poco la verdad
pero el Olvido habla sólo echado a mi costado y me cuenta de su día.
Dice, que trabajar en las agencias de olvido está cada vez más crítico, 
que ya no le gusta ésta ciudad porque siente que es vivir en olvido, apartado del mundo.
Que a sus padres ya casi los olvida, porque ha vivido mucho tiempo en olvido.

Yo no digo nada, 
permanezco "impertérrita", como diría Carlos Pinto.
"Total", pienso. A éste se le va a olvidar quién soy yo y cómo llegar hasta mi cama "y si te he visto no me acuerdo".
Al final del día, no es el que espero.

Pero ¿A quién espero? 
Ya lo olvido.
Y en éste olvido de esperar al que creo que espero aparece el Olvido.
El Olvido que no es el que espero, pero que cada noche me llena de historias de olvido.
Y ahí voy yo nuevamente, audaz: ¡Que tú no eres el que espero!
Pero el Olvido ya se durmió a mi lado, porque estaba cansado después de su día laboral.
Aferrado a mi cama pobre,
el Olvido sueña que le olvido.
Y yo ya siento que todo lo he olvidado.
Porque miro a mi corazón y ya no hay nada absolutamente de lo que espero.
Me siento vacía en este olvido.
Estafada.
Nunca me dijeron que después de endurecerse a uno se le acababan los sentimientos,
y no me refiero a un sentimiento de amor u odio,
o a un sentimiento de espera,
Me refiero a esa gran gama de cosas "sentibles" que podrían llegar a sentirse.
No se siente nada.
No me advirtieron de éste vacío.
De ésta vacía noche de nada,
en mi cama de pobre y de compañero el Olvido.
El Olvido que vuelve cada noche a poblarme,
a habitar mis muros, 
a abrazarme cuando me pilla durmiendo, para que no le diga que no es el que espero.




martes, 11 de abril de 2017

Thirties.-

I have nothing but memories and if you know me well you’ll see that might that wouldn’t be much. Anyway, I still have the feeling of knowing “why probably I’m here right now” or the feeling of “have found myself in this universe”. That’s enough to me, after thirty years. I think it’s fair have found that, because it was something I had been always looking for. The truth, the meaning of my life, a reason to exist. Don’t we always want to know that? Don’t we?
After all, I think it’s alright feel in that way now in the present. I do know that that could change at any moment. I could wake up tomorrow and have lost the sense of my being again. Find no sense to this reality.  
I also think that if I found myself, and a reason to exist that should be something to be proud of. But I’m not, because as I’d read once from Shonda Rhimes “You know what happens when all your dreams come true? Nothing”. And that is one truth, nothing happens. You might could reach a sense of happiness but it doesn’t last forever, you keep asking other questions after have found your answers to whatever you were asking for.
(Really, I don’t know your life but I’m talking about mine and assuming that in general people’s life works in that way).
I have a memory that when I turned twenty-five I said to a bunch of friends I have pick the song that was going to be my song for that year. That song was going to represent me for that year. I thought that song was full of meaning of things I believed in. That song was “Yo me levanto” of Morodo. I did really like that song back in time. I just didn’t know that that song was going to follow me up to my thirties. Every time I hang around those friends they play that song to me, they sing it, they’ve make it their song (but for those who don’t know I went through a difficult time between my twenty-six to twenty-eight. I was down, I did cry heaps, I had many things in my mind that I wanted to understand).
So there I was, going through one of my hardest times of life and there were they singing to me “Yo me levanto”. Playing that song over and over again. That was funny to me. That was hilarious.
At the same time, I knew they wanted to make me feel better. I just wasn’t interested in getting any better. I just wanted to have my answers to those things I didn’t understand. I had my answers and my friends still play that song. We sing it sometimes but for me it has lost its meaning somehow. I’m kinda don’t like it anymore.
This have nothing to be with my friends, it wasn’t their fault. That was me that change. Things that had makes sense to  me at my twenty-fives have stopped making sense. Now I know it would be like that for the rest of my life. Before I was ignoring at it. I wanted to believed different. I wanted to think that my feelings about things, people, even music will last forever.
I think that things sooner or later lose sense. It is life showing you that nothing last forever. Deep in thought sometimes I say to myself  “I don’t have anything to be proud of”. Then, I answer to me “it’s all good you do not need to be proud of anything”.  I found that thinking during my twenty-nines. I think it’s awesome. I haven’t seen any good in my life coming from pried. I don’t longer see good things coming to people’s life from pried. Maybe I’ve got lost in something, I want to believe instead I found something better than pried which is humbleness.
Humbleness let me free. It allows me to say whatever I want, think whatever I want, do whatever I want knowing I could be missing something. Tomorrow I can fix it if I failed. I can ask forgiveness from people if I did something wrong (which happens), tomorrow I can change my mind about something and say I was wrong in my thinking. Humbleness allows me to do that. Instead, pried goes always first. It always want to go first than anything. 
People stop talking each other for pried, they stop seen each other, stop being friends, make war, kills. I think one part of pried has to be with Ego and another part has to be with Power. People think that if their Ego is bigger they’re better persons or they can control more things in their life’s. But I’ve seen that it doesn’t work in that way. For me, people with too much Ego makes me want to get away from them. I’m totally fine knowing that I’m nothing in this universe, just a short sight, a little particle. Yes, that was my answer of thirty years. I’m nothing (wasn’t that you were expecting?) and I’m totally fine with it.
People wants to validate themselves being arrogant, showing they’ve got something cool in them. But doesn’t it just arrogance? Better you show me something different.
People think they’re cool been cruel with others, humiliating others, showing they’re above in who knows which level. I can respect that, I’m just not agree with it must be like that. I’ve been happy invalidating myself. Showing I can do more than I was doing to myself, I mean, living in a way I haven’t live before. Having new believes.
I have always admired people that say they don’t regret about nothing. My life I think has been short, but  plenty of regrets of things I didn’t do or I did wrong, I regret had hurt people that I did love with all my hearth. I regret I had say things I shouldn’t have say. Therefore, all of it were lessons I had to learn. I do not live a guilty life anyway, it did happen. It is away from my present. It has changes me. I became tough. I feel less now than before. I’m more rational if it is the way to say it. Over all, I’m more mature and I think that’s a good thing.
Having to change your mind (as I think we always are doing) makes you feel hurt sometimes. Or maybe a kind of pain? It is difficult have to accept you were wrong.   It’s difficult to accept you have to let your believes apart and move on to find a new ones. Isn’t it?
Also think if there is a huge ego on you you’ll feel lost. The pain is proportional to your ego. I used to be really stubborn. My pain was big. I had to kick it away.
But also pain goes changing through your life. When I was younger I had many thing I didn’t wanted to believe in because it was painful. After it, came the time that life shows me reality and I had to accept that was what I meant to live. Accepted the death of my granny, accepted the continues divorces of my parents, accepted my own divorce, accepted that family and friend goes away when you need them most. I have accepted my solitude in this world. And if it was something that was painful I’m okay with it. If it was something I didn’t wanted to believe in then I regret for it. Because things are what they are, you couldn’t change them even if you wish it with all your heart.
Pain always get away though, so it last just long enough to make you grown up. You feel less pain next time you fall. Maybe, after pain you start to feel more fear about things before you didn’t care about.  
Maybe I used to be too much idealistic and became realistic.
In the proportion of if someone is telling me a lie in my face I don’t want to even try to think that lie it’s a true. I would know they’re hiding something from me. It’s a perception I think one develop with time. Also, I don’t normally can make it to lie. My face always says what I’m thinking whether it’s good or bad so.
In thirty years I’ve got though. Pain hurts but doesn’t kills and it always helps to self-growing.
In the last time I’ve been thinking on that part of have to accept things changing  around and our own mind changing every time, every day. It’s really exhausting. Nevertheless, there are things that doesn’t change. Sadly, those things are the ones we would like to change. Time flies, you can’t control it if there was time you wasted   it’s gone. Say goodbye to it.
Things are always changing, I’ve said it already. It doesn’t change. The perception of your destiny doesn’t change. You can try to make many things and change your mind many times. But your perception of your own destiny would be the same.
There is one point, destiny. I think I kinda know my destiny and in thirty years I’ve accepted it. Which is your destiny?
I said I found a reason to live for that’s me and my destiny. As simple as that. And I know if at any time I want to get away from my destiny if I do not recognize it. Life will bring me back to those things I meant to be, whether if it means joy or sorrows. You can call it Karma, I’ve been calling it destiny.
Out  there are things I still wonder and want to make them happen. I want to find a place where I wish to be part of. I want to find a place that makes me feel I would like to stay forever in there. I think I have never found myself wanted to stay at one place. I always want to change, and when I have change I wanna change again. That makes me feel I haven’t been part of nothing seriously. Which is worst I think if I keep moving as I’ve done through my life I would never be part of something. Is it  that one my destiny? Be part of many things and people’s life but being part of nothing and no one life’s at the same time? We’ll see in the next thirty years.
Maybe isn’t bad being nothing and part of nothing, instead of it I get freedom. But life many times it’s so much more about other things than freedom.
Life sometimes is about the happiness of been waiting for someone to calling you, for someone to text you, someone to come. Someone that isn’t you. Life is meet your friends to grab a beer and get drunk telling stories.  Cooking for your family. Teach your new recipe to your brother. Read a fairy tale to your nieces. If you freedomly  don’t do all of it it’s alright. But if you have nothing but freedom you should think about it.
Do I’ll be free or I’ll just have freedom? Who knows!
Who is caring for me where there is no one left? Who I’m caring for if I’m the only one left? When you live overseas alone sometimes you got those kind of questions. You go through moments when you feel alone like never before. And that is the truth you’re alone like never before. You’re really alone.
I’ve been in both sides though so in my experience which is only mine, I think that freedom in excess becomes loneliness and too much compromise with people becomes slavery. Hahaha. To say it somehow.  I’ve been slave of that guilty pleasure of been waiting for someone to come, who hasn’t?
So here I go, I’m nothing but a smile in my face sometimes and I really don’t want to be anything else.

I’m alive, free and optimistic at my 30’s looking forward to the future, new experiences, new feelings. Let’s found out!




Lo que fue de mi después de lo que fue de mi.-

La escara del hedonismo finalmente triunfó en mi piel, la cual más marchita, después de algunos años, solo se conforma con la caricia ocasional. La realidad antes paralela pasó a ser la principal de mi vida, o quizás ¿Me cambié de túnel? No lo sé.
Pero cuando llegó el florecimiento del hedonismo, abiertamente, llegó la Primavera.
Una Primavera, sin embargo; triste, vacía, solitaria, cruel.
Era una Primavera de rosas de Otoño, de prisas sin prisa, de días nublados, de sensación de libertad.

Fui todo lo que no había sido.
Me despojé de mis roles, me convertí en puta y brindé con Jesús el carpintero, con Pedro el pescador, con Judas, que bueno... ya saben.
Entendí, por qué Dios decidió convertirse en hombre, y por qué decidió el oficio de carpintero. Por qué vino a este mundo a rodearse de putas, después de haber nacido de una mujer virgen. Entendí por qué Jesús multiplicó el vino y los peces. Por qué curó a los enfermos, por qué se hizo humilde y se rodeó de la "escoria".
Ebrio placer es querer ser superhéroe, salvar al mundo, ser luz. Algunos, también más altruistas le llamarán "gozo". El placer del gozo de ser "luz", de ser "altruistas".
La luz de ser luz, a veces es oscura, también hedonista.
Aún así entendí el altruismo de Jesús desde su visión teocéntrica y entendí a sus mundanos hermanos desde sus visiones egocéntricas.

Entendí la tranquilidad de escoger un oficio, ser feliz aprovechando el instante.
Abandoné lo onírico, decidí vivir de realidad, me desmoralicé... Sí, mucho. Y eso fue bueno, entendí todo lo que estaba escondido bajo la alfombra de esta "sociedad", o casi todo. Esa fue la parte más cruda de la Primavera, pero también la más verdadera.
Me dí cuenta poco a poco cómo mi vida siempre había estado cubierta de mentiras, cómo la poderosa ignorancia había vivido mi vida, cómo me habían robado el tiempo haciéndome (obligándome) a querer creer que quería hacer cosas que nunca quise hacer, mucho menos creer. Me revelé, ante esos seres y como en cada revelación me sentí más solitaria, más incomprendida, mientras decidía aislarme hacia mi soledad para ver los colores tornasoles de mi piel, por el florecimiento de mi hedonismo.
Por la llegada de ideas nuevas, por la valentía de enfrentarlas, de aceptarme, de romper el molde exitista y sistémico.

Me cagué en los conceptos de "familia nuclear", "matrimonio", "pareja única", "amor eterno", "heterosexualidad", "ser ejemplo". Renací en mi esencia y aprendí de mi familia disfuncional, de mi matrimonio heterosexual fallido, saqué fuerzas de la infidelidad de mi ex-marido, acepté mi bisexualidad y que no quiero ser el ejemplo de nadie. Fracasé en todo y estaba bien, entendí que de eso se tratan las apuestas perder o ganar. A mi me tocó perder, pero seguí jugando y eso no me robó la sonrisa, me llevó a ser lo que debía ser, al lugar donde tenía que estar para ser feliz.

Me reconocí testaruda y soberbia, y renuncié a ambas cualidades.
Volví a pensar en Jesús y en su oficio, siendo Dios decidió ser carpintero... luego oí en la radio a John Lennon cantando la frase "you've gotta be free".
Volví al iluminado Siddharta, medité, pensé en Alá, otra vez en Krishna.
Descansé en el sentimiento universal del amor, dándome cuenta de que no tenía a nadie específico a quién amar  y entonces mi amor estuvo abierto y libre para quien lo quisiese recibir o aceptar.
Y reafirmé mi hedonismo.





jueves, 9 de febrero de 2017

Estar triste estuvo de moda y ahora es vanguardia.-

¿Quién está más triste?
¿Quién sufrió más?
¿Quién tiene más traumas?
OH, no!
Stop! Wrong question.

¿Quién es más feliz?
¿Quién venció la adversidad de la vida de manera más triunfal?
¿Quién es la persona más madura?
Mierda.
La relatividad de esas preguntas alegóricas me llena de mierda.

No pretendo ser, con artificios relativos.
No pretenderé ser, con artificios relativos.
No he sido.
Más allá de mi pena, permaneció el dolor y una sonrisa.

Ardía en mis ojos mirar ese sol,
al que mutilada de entendimientos acudí en mi infancia.
Arde mirar la quimera de sol,
que ha seguido iluminando mi mutilado cuerpo mental.
Carente de razón y una llama.
La llama que todo lo quema.
Que todo lo evapora.
Que todo lo diluye en una piscola con cuatro hielos.
La llama que segrega dopamina química después de quemar verde.

No es placer mental la catarsis.
No he hallado redención en palabras lastimeras.
En el golpecito en la espalda.
No he hallado placer en decirte quién soy.
Hallé ahí humillantemente mi final.

En mi delirio descontrolado,
me veías entre nieblas mientras divagaba.
Así como ahora, ¡Tal cuál!
La cosa es que permanecías en la niebla.
Y yo continuaba divagando.
Y me juzgaste desde esa niebla.
Y es malo delirar. Doesn't it?

Yo estaba a oscuras.
Mirando al piso para rehuir de un rayo de sol intermitente que me hacía mierda.
Buscando en el piso monedas de cinco y un peso para la buena suerte.
Diciéndote que duele, que dolió, que dolerá.
Que el trauma existe.
Que es macabro.
Que está todo alrededor de mi cuerpo.
Y en esa cosa que llaman corazón.
Y no se va, y no se ha ido y no se irá.

Tú me mirabas con desprecio entre la niebla.
Porque ya no era el tiempo.
Porque que estabas "resuelto".
Porque yo quería otra piscola.

lunes, 16 de enero de 2017

Volver.

Me despierto a las 10.30 AM, con un poco de resaca porque anoche estuve tomando mango sour hasta tarde con un par de amigas de la vida Nanji y Pazita. Estoy en Santiago. Recibo un mensaje de la esposa de mi primo y vienen en camino, yo estoy en pijamas viendo la temporada uno de Doctor House que la empecé a ver otra vez. Sí, toda otra vez. Mientras vienen hablo por teléfono con uno de mis mejores amigos, Cames que estuvo de cumple y quedó la patá'. Llamo a Tomás que está de cumple y va al W. Tamara llega con Carlos, con Diego de amor. Yo sigo en pijamas y empiezo a cocinar, mientras picoteamos unos quesos y nos tomamos una copa de vino. Dieguito ríe cuando le hacemos morisquetas. El hermano bebé llega con su novia y hablamos de todas las veces que se nos cayó el Enanito de cabeza y por eso quedó así, como es. Me dicen que estoy lenta para cocinar, yo digo que llevo técnicamente tres años sin cocinar. Está bien, el ritmo no importa, yo solo cocino una Tortilla de papas y le pondré unas hamburguesas para que almuercen Carlos y Tammy. Me llama Javier para seguir reclamando que su ex vale una mierda. Nos contamos rápidamente en qué va el día, él va por su siesta, yo voy por mi familia. Mi familia. Tammy le habla a Diego, Carlos atiende una llamada de trabajo, Juan se ríe con Dafni. Yo cocino. La vida es simple. Es fácil. Por una tortilla con papas y hamburguesas estoy rodeada de cinco maravillosas personas que saben todo de mí. Incluso, que después de "técnicamente" no haber cocinado en tres años va a estar rico y después la repetiremos para otro almuerzo. La vida está en dar, en compartir, gracias a todos ustedes por permitirme estar. Volví a Santiago. Volví a mi hogar

El patio de la abuela.-

Recuerdo que de niña algo que me marcaba mucho era el patio de mi abuela.
Era demasiado grande para mi pequeñez.

Desde el ante-jardín había que girar hacia la izquierda para tener acceso a abrir un portón negro que daba a un pasillo de unos diez metros de largo que daba a otro patio cubierto de parras de otros cinco metros de largo y de ahí yo giraba a la izquierda nuevamente y subía una escalera de escalones de cemento gigantes al departamento que la tía Isabel había construído ahí. Luego de que decidió mudarse nuevamente con la Abuela, y yo decidiera mudarme donde mi abuela que me dejó en la casa de la tía Isabel porque Carlitos usaba en esos tiempos su única habitación libre.
La abuela tenía su casa al frente, directo desde el ante-jardín se podía acceder a su casa. Luego en el patio donde estaban las parras había otra casa de dos pisos que la tía Isabel había construído antes del departamento y ahora se arrendaba a terceros, luego en la parte de atrás estaba el taller de máquinas de la abuela donde ella cosía con las señoras que habían trabajado para ella casi toda su vida. En un lado estaban las máquinas de coser y en el otro lado ella tenía las planchas y máquinas de planchar. Arriba de eso se había construido el nuevo departamento de la tía Isabel, que era un piso completo en el que antes siempre hubo una sola pieza muy modesta y más de la mitad de ese piso era ocupado por la abuela para recibir sus telas y tener sus mesas para cortar las telas y su máquina de cortar que a mis ojos infantes siempre pareció una nave espacial.
Atrás de eso estaba el galpón, que servía de comedor para los trabajadores de mi abuela. Había una cocina con mesa y todo el equipamiento necesario para los trabajadores. Una mitad del galpón se utilizaba con percheros que iban acumulando las prendas que se producían. En la parte trasera del galpón había otra modesta pieza que alguna ve fue la casa de mi familia y vivimos ahí con mis padres y hermano mayor. Cuando nosotros eramos muy pequeños y luego con el paso de los años ya solo estuvo abandonada.
El galpón tenía una puerta al costado izquierdo, esa puerta daba a otro pasillo de otros diez metros que era el largo del galpón y se llegaba a otro patio. En este patio había una Higuera gigante, era el espacio donde la abuela nos instalaba la piscina en verano, teníamos algunos juegos construidos con troncos de madera gigantes, una pecera incrustada en el medio del patio donde alguna vez hubieron peces. Y otro galpón lleno de cachureos de todo tipo, cachureos que hoy recuerdo y me parecen tesoros que deberíamos haber conservado porque eran simplemente geniales. Discos de vinilos de toda clase y género, colecciones de libros universales en sus primeras ediciones, máquinas de escribir antiquísimas y en diferentes modelos, algo así como "la historia de la máquina de escribir". Accesorios de camping, etc. Eso que en esos tiempos era considerado "basura sin utilidad".
La casa de la abuela era gigante, sí.
El desafío de mi adolescencia era atravesarla a oscuras.
Claro, en la noches de invierno en que la abuela ya estaba acostada viendo tele. Carlos andaba en cualquier parte, quién sabe. La tía Isabel no llegaba del trabajo, Andrés andaba quizás pololiando, el tipo que arrendaba la casa del medio se había retirado y no había nadie más con la capacidad de abrir esa puerta a las siete o ocho de la noche. Si no myself. Y por supuesto que si alguien buscaba a esas horas y no había nadie más, era que estaban buscando por mi. ¿Quién era?
Tenía que bajar del departamento, cruzar la parras, cruzar el patio por el pasillo para no meterle ruido a la abuela, abrir ese gigante portón negro, llegar al ante-jardín, prender la luz y ver quién era.
A veces eran mis amigos, o los amigos de Carlitos, o de Andrés. A veces no era nadie, se habían ido o solo era alguien que nos había hecho un rin-rin raja y se había esfumado.
A veces yo regresaba oscuro en la noche y tenía que hacer todo el viaje a través del patio para poder llegar al depa y luego a mi pieza. Y siempre tuve miedo.
Una vez, cuando mi hermano mayor, Jorge, cumplió trece años y yo sólo tenía siete jugamos a las escondidas de noche y yo juro que ví un fantasma. Esa imagen me quedó siempre en la memoria. Yo pensé que ví a Andrés que se escondía, pero después Andrés apareció atrás mío en un par de segundos y ahí nunca hubo ningún niño. Lo juro. O lo juré. Y el miedo cumplió el rol que siempre ha causado en mi, parálisis. Me paralicé por años en la oscuridad de ese patio.

Sin embargo, recuerdo que con el tiempo hubo algo que me ayudó a vencer mi miedo.
Y era que por las noches cuando Carlos ya había regresado a casa y tomábamos once los cuatro, con la tía,  Andrés y yo. Yo bajaba a conversar con mi primo en la casa de adelante, para lo cual al menos debía atravesar la oscuridad del galpón y los parrones. Y nos quedábamos ahí charlando, viendo películas. Era grato.

Muchos saben cómo termina la historia, acá va sin embargo.
La abuela murío, la casa se vendío, yo volví con mis padres, Carlos volvío con su madre, la tía Isabel se casó e hizo su familia con Pancho y Andrés.

Cuando me mudé a vivir al centro de Santiago años después, en el 2007.
Mi primo Carlos tenía su departamento a unas cuadras del que sería mi departamento. Quizás, en verdad eran unos quince minutos caminando.
Con mi primo retomamos las visitas semanales, las onces, los almuerzos, las películas.
Yo le decía que esas cuadras eran como el patio de la abuela, una extensión de espacio, cuadras que nos unían.
Hoy vuelvo a Chile, llego a casa a las tres de la madrugada de un Lunes.
Mi primo me dejó en la puerta de mi edificio, el vuelve a su departamento que está al frente de este nuevo edificio en el que estoy habitando junto a mi hermano menor Juan. Su mujer y su hijo lo esperan. El patio se ha achicado, muchos años han pasado, la familia ha crecido, somos más felices de lo que nunca fuimos, estamos maduros, nos amamos y entendemos más que nunca.
No hay oscuridad, no hay fantasmas, no hay parálisis, no hay miedo.