jueves, 11 de mayo de 2017

Aprendiendo a vivir sin fe.-

Decían que había que levantarse todos los días temprano,
para ir a la escuela a que uno aprenda.
A leer, a escribir.
Entonces aprendí aquellas cosas;
levantarme temprano desde mi infancia, como un acto brutal.
En el que cada mañana siendo niña me levantaba con arcadas,
Dolor de estómago por una fatiga que desde entonces nunca supe entender.
Con unas náuseas que sólo me permitían sentir el deseo de acostarme otra vez.
 Aprendí a leer y aprendí a escribir.
Y aprendí a ver la facilidad de algunos niños para éste aprendizaje y la dificultad de otros para el mismo.

Decían que había que creer en Dios,
quién había enviado a su hijo unigénito a morir por los pecados de nosotros,
tristes mortales.
Pero no solo había que creer,
nunca bastaba con la fe.
Porque también decían "que la fe sin obras es muerta".
Entonces, había que ser honesto con la fe de uno.

Decían que una señorita debe saber comportarse,
que no debía jugar al balón pie,
ni eructar después de tomarse un vaso de bebida.
Que había que aprender a cocinar "porque al hombre se le conquista por el estómago",
que había que ser recatada,
cuidar de una apariencia, en cuánto a estilo e higiene puedo referirme.
Y había que cuidar de una fama, porque a la gente le gustaba hablar mal de las niñas que no son "señoritas".

Decían que una mujer no puede ser vista haciendo cosas de hombres,
porque esas mujeres, son mujeres "amachadas".
"Juanas tres cocos", les llamaban.
Que una mujer no puede besar a otra mujer, porque es pecado.
Que una mujer debía ser "buena dueña de casa".
Para lo último decían; que había que aprender a planchar, a sacarle el percudido a las camisas, a tejer, a bordar.
Yo aprendí todas estas cosas que me decían.

Decían que no había que salir a la calle porque es peligroso,
que había que quedarse en casa para esperar a Papá para tomar onces.
Decían que no había que salir a la calle a jugar con esos niños,
porque ellos estaban creciendo para delincuentes.
Y uno crecía nunca supe para qué.

Decían que hay que casarse, tener hijos.
Criar esos hijos.

Decían tantas cosas...
Tantas cosas sin sentido.
Que después de todo lo que dijeron,
lo más importante fue aprender a leer y a escribir.
Hoy aprendo a vivir sin fe en las cosas sabidas,
más bien perdí la fe.
Me levanto tarde en los días de invierno,
y trato de seguir aprendiendo a leer y a escribir.




No hay comentarios:

Publicar un comentario