jueves, 26 de noviembre de 2015

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Sentimientos insurgentes que se acoplan a mi alma.
Embriagándome de hechos sucesivos locamente improvisados.
Mi mirada puede contemplarlos corriendo totalmente desenfrenados.
A refugiarse en el rincón de los recuerdos;
Incorporándose al pasado inevitable.

Rebeldía inocua que está arraigada en mis venas;
Actos mil veces perceptibles.
En el transcurso de descomunales actos de insidia.
Vergüenza de lo humano.

Frágil destino el que hemos forjado.
Sin querer arrebatamos la paz y sufre nuestra alma.

Porque conquistamos imposibles,
Deliramos con vanos afanes
Incongruente camino.

Sombra, luz; 
Inconmensurable lluvia de sentimientos egoístas implacables.

Hacía donde se dirige el medio día de nuestro romance.

Alma.-

Realidad inarmónica, me conduces hacia la nada.
Abismo de verdades infinitas, perturbadoras e inexorables.
Me dirijo hacia lo indefinido.
Estoy en la proximidad de las culpas encontradas.
Volar lejos no sería suficiente, ya que necesito desterrar las emociones.

Tormenta de alegrías amargas.
Carcajadas eternas de llantos agónicos.
Brasas de amistades que fueron quemadas.
Enemigo de los dolores ajenos.
Abismo sin fin.

A donde van las penas cuando son olvidadas,
Para refugiarse de su propio olvido y melancolía.
Para curar sus propias heridas y olvidar su propia existencia.
Abismo sin fin.

De amor, odio, pena, alegría, melancolía y gozo.
Abismo sin fin.

De los sentimientos desmesurados,
De la vida intrínseca, de las pasiones olvidadas.
Todo lo abarcas dentro de mi, como un todo infinito.
Como la sorpresa de un nuevo amor,
Como la habilidad de poder sentir,
Como el maravilloso milagro de aún poder existir.

Todo lo abarcas dentro de mí.
Abismo sin fin.
Mi espacio vital.

Lugar de esperanza e ilusión inagotable,
Todo es desmesurado en ti,
Todo es imprescindible en ti.
En ti puedo alcanzar la máxima locura.

Floreces llena de nuevos momentos.
Y el implacable destino que forjamos sin querer;
El odio o el amor furtivo.
Segundos fugaces  que no logro distinguir el lugar,
El espacio, el momento preciso. En que plasmé un nuevo dibujo en el álbum de mi vida.

Tiempo, no te vayas tan deprisa,
Que necesito llenarme de la vida que avanza y degustar el momento que tanto anhelé.
Precioso deleite el contemplarte.
Abismo sin fin.
Mi espacio vital.



domingo, 22 de noviembre de 2015

Cuándo derrotaremos el reinado de la ambigüedad?

Hace ya un poco más de dos años llegó una palabra a mi vida: “ambigüedad”. Y la detesto, cómo la detesto. No porque yo la diga o yo crea en ella si no porque la escucho y su significado me mata, me mató ayer y me seguirá matando no sé hasta dónde... no sé hasta cuándo.

Al escribir esto empiezo a sentirme "ambigua" por no saber, y empiezo a morir... ahora ya!



miércoles, 18 de noviembre de 2015

< < RETORICA > >



A menudo me embarco en buques que solo me conducen a la nada y a lo artificial, y es triste… porque a pesar de que tanto la nada como lo artificial siempre han estado circundándome, jamás había percibido este matiz de su desgraciada –a mi parecer- existencia.

Con el solo hecho de pensar, entonces me propino una flagelación a mi instinto “audaz” y “fantasioso”; no lo suficientemente “audaz” para enfrentarse a la nada, ni lo suficientemente “fantasioso” para despojarme de lo real.

El diálogo y la narración, lo que sucedió y lo que se dice, lo que es y lo que se piensa, lo que fue y lo que va a ser, el protocolo y la burocracia, la resignación y la perseverancia, los sueños y las pesadillas, el paraíso y lo abismal, lo que nos importa y lo que no nos importa, la felicidad y la infelicidad, la armonía y el caos, el dolor y el placer, la bilis y la sangre, lo negro y lo blanco. Una vez más –aunque no quiera- lo abstracto e indefinible. 

Somos simplemente, y en realidad tan simplemente que casi no nos importa que es lo que seamos.

Con el cambio, creo, viene lo fragmentario. Vivencias fotográficas, fugaces y distantes. Vienen las señales de lo artificial y de la nada.

Cuando nos hemos apartado y vemos que en nuestro mundo todo es tranquilo, entonces viene desde el mundo exterior penetrando nuestro mundo el desorden. Adoptamos el ritmo, el que sea… y seguimos predispuestos al cambio, a adoptar otra forma… otro ritmo… tan simplemente, que no importa el que sea… porque siempre irá determinado por el contexto  de nuestros intereses y prioridades…

Así que en nuestro estado natural, hablamos cosas, pensamos, prometemos tantas otras, no con el afán de quedar bien delante de otros, sino muchas veces con verdadero anhelo. Pero sucede que con el cambio de ritmo y de intereses todas esas cosas quedan atrás, y de un momento a otro son cosas que pensaba otra persona que habitó en nosotros, alguien totalmente ajeno a nosotros o nuestro presente. Nos transformamos sin quererlo en mentirosos, ya que todo lo que pensamos o prometimos no se cumplirá, no lo realizaremos, no lo cumpliremos… nuestro buque se estrelló en la nada. La retórica se presenta abismalmente y nos impulsa a sórdidos subterfugios. Nos empapela la cara de su melancólica realidad, nos hemos deleitado en sólo ser ¿Y tiene algo de malo? No lo sé.


Pero es como voltear para escupir el pasado y seguir corriendo sin mirar atrás. Sólo correr… 

viernes, 13 de noviembre de 2015

Yo siempre fui esto.-

Yo siempre fui esto y no me digas que no,
Yo siempre te hablé de certezas, de incertezas,
De anocheceres de penas en hambruna y amaneceres con arcoíris boquiabiertos.

Yo siempre fui esto y no me digas que no.
Te dije que soñaba de lo divino y lo mundano
Y que tenía más vocación para lo mundano que para lo divino.

Yo siempre fui esto y no me digas que no,
Con la pregunta en espera, con la sonrisa en los labios.

Yo siempre fui esto y no me digas que no,
Te hablé de mis demonios, conociste a mi ángel.
Te dije que era fría, pero me viste más caliente que una yegua en celo.
Y no me digas que no.

Yo siempre fui esto,
Esto…
Esto.

Yo no fui eso, fui esto.
Eso fuiste tú.
Yo estaba en esto.
Andaba revoloteando mis alas como mariposa en un mundo paralelo.
Donde mi cuerpo se desfragmentó del tuyo.
Sí, del tuyo… de ti que lees.
Yo estaba inventando un poema.
Tú probablemente estabas leyendo los periódicos sensacionalistas,  en el caso que los leas.
Y si no, estabas en cualquier otra pelotudez menos en esto.
Yo estaba en esto.
En esto que soy, en esto que he sido.
En esto que siempre fui y no me digas que no.




<< RECUERDOS >>.-

Sabemos que hay algo que nos ata, pero nos cuesta descifrarlo, entonces gira, avanza, nos rodea; y nos cuesta identificar; de pronto nos abraza y sin querer nos entregamos sin tapujos. Hay soledad, es la que se mueve, nos apunta, se nos presenta indescriptible; buscamos la caricia, el abrazo, aquella risa, las miradas que no están, comienza ahora paulatinamente a reflejarse una desesperación, la que se atenúa levemente con la aparición de la nostalgia; no es brutal, pero es un súbito arranque que nos conduce al  pasado, talvez diez pequeños minutos anteriores, una semana o cinco días atrás, el tiempo se disuelve sobre el lago de la memoria, el agua tiembla y afloran aquellos recuerdos que llevamos dentro. No sabemos qué decir… nos abstraemos en el silencio, mientras volamos en aquel sueño, bailamos, dormimos o abrazamos dentro de nuestra mente.
Las imágenes incompletas ya no tienen fecha ni hora… son sólo lugares  que creemos existen aún, los transformamos en reinos de todavía, mientras aún luchamos con aquella nostalgia.

Pero el extrañar se compone de dos matices: lo extrañado y lo extraño… lo extrañado se dibuja y comienza a colarse fácilmente con aromas, sustancias, lugares y personas… aquel amigo de la infancia, aquella rutina que nos daba sentido en la vida, aquel programa de televisión, aquella madre… y aquella que fue sin serlo. Le dan sentido a lo extraño… ¿por qué las cosas son como son? Nos hacen sentirnos ajenos a nuestra propia vida, en nuestro propio mundo, en nuestro propio ser, a nuestro propio fin. Si yo ayer no fui lo que soy, entonces ¿cómo llegamos aquí? No nos dimos cuenta y el tiempo nos ganó  más espacio… que pena que no nos dimos cuenta y el tiempo nos ganó más espacio… que pena que no nos dimos cuenta en aquel momento y lo hacemos hoy, cuando ya es tarde, cuando ya no podemos hacer nada… pero esa es la consciencia (la que pesa y desgasta, la que da vida y lugar).

Más en esos momentos cuando no está esa amiga, ese amigo, esa madre… está la consciencia dadora de vida diciéndonos que “nuestra vida no puede estar siempre llena de felicidad, pero sí llena de amor”, nos levanta, nos alienta, nos lleva al lugar donde encontramos el consuelo, el calor del abrazo, del beso, y la mirada de los ángeles.







domingo, 8 de noviembre de 2015

Orientación norte decían...

Cuando fui a vivir a Porvenir todo estaba mal. La plata escaseaba, no había trabajo, me había retirado de mi segunda carrera en la universidad y no estudiaba. Mis viejos no estaban felices conmigo, Ariel me decía que ya no era importante que estudiara porque él iba a ser ingeniero algún día e iba a poder mantenerme a mí y a nuestros hijos. Los padres de Ariel tampoco estaban muy felices con todas las cosas que nosotros hacíamos, pero nos ayudaron para que nos compráramos el departamento en Porvenir ya que eso por lo menos nos daría un poco más de “estabilidad” o “mejor pasar” en relación a la pieza que solíamos arrendar en el cité de Grajales.
Ariel buscó esmeradamente por meses el departamento donde viviríamos, yo estuve generalmente al margen de eso. Recuerdo que en las noches cuando él regresaba de la universidad me mostraba montones de panfletos de todos los edificios que había ido a visitar. Sí, ahora me acuerdo que hubo un par de ocasiones que fuimos juntos  a recorrer todo el centro de Santiago buscando ese departamento. Pero todo era muy caro en ese tiempo, los departamentos también chicos, mala ubicación algunos, proyectos que estarían listos en muchos meses más, o los que estaban listos sólo tenían departamentos disponibles aún en los pisos más altos que eran los más caros, gastos comunes que nos parecían excesivos y así tantas cosas que las oportunidades siempre se iban reduciendo.

Sin embargo, un día recuerdo que Ariel llegó muy feliz a decirme que había encontrado el departamento. Ahí íbamos a vivir, era nuestra oportunidad.  El departamento tenía orientación norte lo cual era muy bueno porque íbamos a tener el sol durante todo el invierno y recibiríamos la luz del sol todo el día todos los días siempre. Yo era feliz con eso, porque de niña había adoptado una costumbre que solían tener los Mayas la cual consiste en poner la cama siempre mirando hacia el lugar donde sale el sol con la  creencia de que el mañana siempre llegará. Esto lo mantengo hasta hoy, pero ya ni sé de dónde lo saqué, leí o escuché.
Ariel estaba muy feliz, porque el departamento parecía cumplir con todo lo que buscábamos en esos días y ya lo había visto, sólo se debían hacer los trámites de la reserva y el crédito hipotecario para tener el departamento. Él ya había hablado con el ejecutivo de la inmobiliaria que se llamaba José Miguel, “mañana lo iremos a ver” me dijo.

Como las cosas no estaban bien en muchos sentidos y no había plata, el único negocio de la época fue vender películas piratas en la calle. Las vendíamos en el Barrio República, casi llegando a la Alameda a la salida del Mc Donalds. Siempre arrancando de los carabineros.
Ese día mientras conversábamos de lo que haríamos con el departamento y yo revisaba los folletos que Ariel me había traído en el puesto de las películas. Llegaron los carabineros a buscarnos específicamente a nosotros. Unos policías de civil se hicieron pasar como clientes y nos cayeron encima como con tres motos, dos patrullas, una zapatilla. Tratamos de guardar las cosas y salir corriendo, pero yo me puse a discutir con uno de ellos no sé cómo pensando que era una persona que nos quería asaltar ya que había sacado una pistola y nos dijo que le pasáramos todo.  Le dije que no le iba a pasar nada y que se fuera, en eso aparecieron las motos, y entendimos algo. Ariel tomó cuatro cosas y le dije que corriera porque las motos venían directo hacia él, yo traté de recoger las cosas que quedaban en el piso mientras el tipo me apuntaba con la pistola en la cabeza y había pasado el cañon. Recuerdo el sonido de esa pistola y la mano del tipo apuntándome, Ariel  tratando de correr mirando hacia atrás para ver qué me hacía el tipo, las motos atrás de él. Yo luego de unos segundos dejando todo tirado y corriendo por mi cuenta no sé a dónde. El tipo no me siguió, a Ariel ya lo habían pillado. Como siempre ha sido natural en Ariel en esas últimas semanas había perdido el celular una vez más y la mami Sarita le había regalado uno que ella ya no usaba, pero yo no me sabía el número.

Recuerdo que fui a la casa de Grajales a tratar de encontrar el número y dejar las cosas, estaba tan nerviosa y lloraba. No encontré el número y tuve que llamar a Rachel para pedírselo, ella me notó obviamente mal y me preguntó si todo iba bien. Yo le dije que sí por no preocuparla.

Ese noche Ariel durmió en la comisaría y al otro día lo procesaron en el juzgado de Rondizonni, haciéndolo pasar por la ex – penitenciaría. Yo me fui a dormir a la casa de mi mamá y dormí con Juanito porque estaba muy triste. Al otro día lo fui a buscar al  juzgado, ví como lo procesaban en la audiencia haciéndolo entrar esposado. La condena fue firma mensual por un año y no me acuerdo cuántas horas de trabajo voluntario que él cumplió trabajando de jardinero en el Parque O’Higginss. Las cosas estaban mal. Pero íbamos a tener orientación norte y era lo que importaba.

Cuando lo miré luego de esa experiencia él había cambiado, nunca me quiso decir mucho. Pero sé que lo pasó pésimo, además yo le había llevado un saco de dormir a la comisaría y se había enojado porque unos “flaites”                 que estaban ahí lo molestaron toda la noche por eso, se lo querían quitar o algo así.

Cuando salimos del juzgado Ariel me llevó a ver uno de los departamentos, pero no era el de Porvenir.  Estaba cansado y no alcanzamos a llegar, estaba triste y enojado también. Yo estaba triste también, todo estaba mal… pero íbamos a tener orientación norte.

Ese día me acuerdo que de regreso a Grajales discutíamos por tonteras de lo que había pasado el día anterior, luego de estar un rato en Grajales nos fuimos a la casa de mi mamá. No sé por qué, siempre nos íbamos allá cuando las cosas no estaban bien. Le cociné un bistec de panita con arroz, bistec que pasamos a comprar en el Unimarc de Las Naciones y él no quería comer, porque “esa era la carne que el tata Nilson le daba a los perros y él nunca había comido eso”. Finalmente, luego de ese día Ariel amó el bistec de panita con ajo y siempre me pedía que le cocinara.
Llevábamos como tres meses viviendo juntos  cuando eso sucedió. La orientación norte me acuerdo que Ariel siempre la conversaba con mi suegro. Nos cambiaría la vida, tendríamos sol porque en Grajales, en la casa 4 nunca existió el sol y el invierno fue frío y Ariel escribió un tema que se llama “tengo frío” porque yo se lo repetía todos los días y él estaba triste, y luego escribió otro tema pidiéndome perdón “porque el palacio que teníamos no era cómo él lo había prometido y nada era normal”. Pero íbamos a tener orientación norte y eso era bueno, eso nos hacía creer que el futuro iba a brillar, y ¿Cómo no iba a ser así si tendríamos el sol en nuestra casa durante todo el día, todos los días del año, para siempre?






Sentirnos pequeños.-

Sentirnos pequeños en un mundo de cuarzo y montar un escenario creativo que sea el espejo de lo que llevamos dentro... Hoy me siento finita, sabiendo que en estos pequeños espacios puedo jugar a ser dios un momento y poner los colores y acentos en lo que yo decida...

jueves, 5 de noviembre de 2015

Pequeños detalles dorados hacen nuestra vida diferente.-

¿Te ha tocado alguna vez estar parado en medio de la lluvia y de pronto ésta se detiene... vez como se despeja el cielo y entre esas nubes blanquitas se asoma un rayo de sol? 

Ya sé que es larga la pregunta. Pero a usted lector que podría parecerle muy simple la metáfora le digo que no deja de ser cierta.
Lo bello de ese momento, más allá del paisaje... es que de pronto esos rayitos te empiezan aparte de iluminar,  dar calor. Y esa calidez... ese instante después de la tormenta, después de la lluvia… Ese pequeño rayito dorado te cambia la vida.

Hace un momento, me dí cuenta de que viví un proceso en el que me desfragmenté. No sé si a todos les pasa o sólo es parte de crecer. Pero hace mucho comencé un proceso en el que dejé de ser lo que era.  Tras un gran remesón en mi vida, en cierta forma involuntario como todos los grandes remesones… comencé a florecer en la nueva tierra en la que se me había plantado, comencé a renacer.

Entonces, dentro de mí en una parte siguieron viviendo todas las visiones que yo ya había adquirido en mi bagaje de vida, en otro lado quedaron los aprendizajes y la nueva visión de la vida, una visión más ampliada… he conversado con algunos amigos esta sensación que tengo a veces, y para graficarlo utilizo el típico ejemplo del “caballito de feria” que tenía tapados los ojos y solo podía ver lo que tenía puesto en frente, luego del remesón se cayeron las vendas amplié mi visión… creo que por fin puedo tener una visión en 180° de lo que ha sido mi vida, la visión panorámica, la “big picture” como dirían algunos.
Una visión no aferrada a los dolores ni sufrimientos, no aferrada a las cosas materiales, no aferrada al ego, no aferrada al sentimiento de carencia en nuestras vidas, despojada del acaparamiento, una versión más consciente de mi espiritualidad y mi espíritu, una visión en paz con todo lo sucedido, una versión de mí satisfecha por tener la bendición de entender mi proceso, una versión de mi sedienta por mantenerme consciente a los aprendizajes de la vida.


Sin dudas todo lo sucedió de un día para otro fue un proceso de varios meses de cuestionar, meditar, evadir y confrontar, llorar a solas.

Una parte de mi quedó habitada por una persona planificada, teórica, metódica, controladora de mis acciones y mi vida, cuadrada, drástica, intolerante, estricta… A los 25 creía que tenía mi vida hecha, me sentía segura de todos mis logros. Había terminado la universidad como Publicista, después de haber estudiado previamente 2 carreras que no fructificaron y sentía que había aprendido mucho de eso, tenía mi marido con el que me había casado a los 21 y estaríamos juntos por siempre, podíamos tener hijos cuando quisiéramos porque gozábamos de un buen pasar, viajábamos mucho. Pero no estaba yo, ¿Dónde estaba yo en todas esas cosas que hacía y tenía? Me encantaba ser la mujer de mi marido, me sentía orgullosa de él, de nuestros logros… me sentí soberbia, nunca alardeaba de lo que tenía, la verdad nunca he sido ese estilo de personas, pero creí que podía tener algo perfecto, que lo que tenía era perfecto en cierta forma, y si no lo era debía serlo o serlo más todavía. Sufría mucho cuando las cosas no funcionaban, cuando no iban bien. Me exigía demasiado, le exigía demasiado. Mi sueño era tener una casa, más bien una parcela, con un perro San Bernardo, todos los tipos de animales que me fuera posible, una huerta con albahaca y tomates, 4 niños. Ese sueño era el mundo donde yo iba a habitar en mi futuro, no me importaba si la casa tenía que partir siendo una choza con piso de tierra… era el mundo donde iba a habitar, el lugar donde invertiría el tiempo de mi vida y sabía todo lo que tenía que hacer para lograrlo, teníamos una estrategia que construíamos poco a poco los Domingos por la tarde en nuestra casa durante el último año juntos, la estrategia para lograrlo era buena no puedo negarlo. Pensaba que ya todo estaba decidido, solo había que vivirlo y hacerlo realidad, parecía en cierta forma fácil… ¿Dónde estaba yo? Si algo fallaba o se complicaba me desmoronaba, sentía que tenía que hacer mejor las cosas y trabajar más y exigir más… era agotador, fue tan agotador que ni siquiera podía convivir conmigo misma, me molestaba sentirme así.  

Pasé muchos procesos y sentí muchas cosas antes de tomar la decisión de separarme, a pesar de que teníamos muchos planes y todo para ser felices no lo éramos, yo no lo era y sentía que lo hacía infeliz a él también con mi infelicidad, independiente de que por la vereda de él hubiesen habido distintos cuestionamientos que también eran lógicos. No se trataba de amor, o falta de cariño de mí hacia él… simplemente no era feliz, me había transformado en una persona que no reconocía, sentía que todo lo hacía mal, me sentía fea, me sentía insegura de mi misma, de lo que iba a hacer con mi carrera si me transformaba en mamá, en mi mente no lograba compatibilizar la maternidad con lo profesional, sentía que me postergaría y ya iba a ser para siempre, sentía que ya me había postergado mucho para que mi marido pudiera terminar su carrera, pero también sentía que daban lo mismo todas esas cosas o la decisión que tomara finalmente porque a nadie le importaba, con ciertos detalles que luego se mostraron más tangibles mi marido me demostró que a él no le interesaba ni valoraba lo que yo había hecho por él en los 9 años que llevábamos de relación todo era un logro suyo, por él, para él y claro, yo había alimentado ese ego por años. Yo lo había hecho sentir único, que se lo merecía todo, que de cierta forma yo no aportaba en nada porque los logros en su carrera y el título profesional que él obtuviera iban a ser sólo de él. Me sentí arruinada, dependía emocionalmente y estaba enamorada de una persona que después de todas las cosas que hice por él no me dijo “gracias”, no esperaba grandes alabanzas, no esperaba aplausos, ni que pusieran mi nombre al principio de los créditos luego de que terminara la película. Esperaba sí un “gracias”, un abrazo empático que significara “lo logramos juntos”… hace tiempo dejé de esperarlo, pero nunca llegó.

No podía seguir construyendo mi vida con un hombre que se creía el centro del universo y todo giraba en torno a él, donde todo lo que yo sentía, quería y había postergado no era tomado en cuenta y tampoco significaba un “gracias”. Me cansé, me sentía muy sola, abandonada e incomprendida. Fue un momento difícil. En ésta parte de mi quedó una mujer servicial, dueña de casa, entregada sin tapujos. Quedó la mujer que me había convencido que iba a ser, apegada a la doctrina de la familia, que evitaba todas esas cosas que te dicen que hacen mal, que procuraba evitar todos los errores del planeta que siempre te dicen que son problemas, me decía que quería ser sabia e incluso evitaba replicar los errores de otros ya que eso para mí significaba un aprendizaje. Era una mujer que se coartaba de vivir, de experimentar.

Toda la curiosidad de mi juventud, mis sueños individuales los había puesto dentro de una caja y la caja en un rincón para no sacarlos nunca, había asumido que no iba a hacer nada de eso en mi vida. Pero lo cierto, es que el proyecto de vida que había adoptado tampoco iba muy bien ¿Entonces? Llegó ese momento de decidir, ese momento en que dices “esto a mí nunca me iba a pasar”, “esto pasa en la novelas no en la vida real”, lo cierto también es que nunca te toca hasta que te toca y había llegado mi momento de vivir lo que nunca pensé que iba a vivir. Primero descubrí la tragedia y asumí el dolor, luego fui a buscar la caja que tenía en un rincón escondida y comencé a sacar mis sueños.

Todo sucede por algo, todo sigue un curso natural del cual nadie tiene el control nunca, aún cuando te esfuerzas por tenerlo y yo me esforcé inhumanamente por años, me obligué a algo creyendo que eso me iba a hacer feliz y no fue así. Al final del día me sentía infeliz y me dormía llorando. ¿A quién le importaba esto? ¿A quién le importó nunca? La verdad es que a nadie, a mi familia un poco, pero yo había tomado mis decisiones, no culpo a nadie por mis decisiones, no me da pena pensar que a nadie le importaba porque no tenía que ser así yo era responsable de mi vida, tanto como lo soy ahora. Pero sentí el desamor como una gran patada en el estómago, porque esa era la persona a la que yo esperaba que le importara.

Había pasado mucho tiempo en aulas de colegios, de universidades, había ido mucho a la iglesia durante mi vida a “aprender a vivir”. Pero eso no se aprende, sólo se vive. Esa fue mi lección, dejé de planificar, dejé de pensar en el futuro, dejé de sentirme obligada a triunfar, dejé de querer ser exitosa en mi carrera porque más que en una persona exitosa me estaba transformando en una exitista que iba de la casa a la oficina y de la oficina a la casa, dejé de querer tener el control de mi vida y de todo a mi alrededor porque aprendí que es imposible, dejé la frustración de lado, dejé de sentirme comprometida a un destino. Me sentí libre, me amé, me acepté como soy, me abracé y en las noches duermo en paz.


Luego vienen esos “detalles dorados”, flechazos de una vez que te hacen sentir querida. Portadores de luz que aunque tú no quieras te devuelven la energía.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Las manos de Papá.-

Recuerdo que desde que fui niña quise mucho a mi papá, acostumbraba pasar con él mucho tiempo de mis días en mi infancia… salíamos juntos a diferentes lugares, pero una de las cosas que más me gustaba hacer era ir a trabajar con él.

Cuando era pequeña mis  padres tenían un almacén en la casa y yo atendía con mi papá, mientras él estaba ahí yo lo acompañaba y me dedicaba a pintar cuadros en acuarela o veía televisión. Papá me regalaba dulces que eran unas rositas de caramelo blancas o rosadas que adentro tenían un maní o a veces me regalaba  una de esas barras “Golpe” que en ese tiempo eran mis favoritas. A veces  íbamos los dos juntos y solos a la casa de la abuela,  a veces me llevaba a que me pusieran inyecciones en el consultorio, también recuerdo que muchas veces cuando fui niña y necesité sacarme sangre por algún motivo papá casi siempre iba conmigo… creo que él ha sabido mejor que nadie que siempre he odiado las agujas y me ha visto llorar desde pequeña por esa razón.

Papá siempre se dedicó a muchos oficios; jardinero, pintor, maestro chasquilla, entre tantos… pero mi favorito siempre fue “cachurero”, le gustaba recolectar  todo tipo de cosas que ya no se utilizarían en el galpón de la casa de la abuela que siempre estaba llenísimo, traerlas a nuestra casa y salir a venderlas a la feria los Sábados en la mañana y ahí iba yo con él. Me acuerdo que todos los Sábados cuando yo escuchaba que mi papá se levantaba yo saltaba de la cama y lo iba a ver, me vestía y estaba lista para acompañarlo yo era muy pequeña… solo tenía siete u ocho años. Pero nos íbamos a la feria los Sábados, papá cargaba la carretilla y a veces me dejaba subir y me llevaba junto con todos los cachureos en la carretilla. Nos instalábamos y él me enseñaba a vender, me decía las cosas que tenía que decirle a la gente para que compraran nuestros productos, por ejemplo: si teníamos una brocha usada para vender que estaba dura porque la pintura se había secado ahí, papá me decía que le explicara a la gente que tenía que ponerla a remojar en agua caliente y se iba a ablandar y la gente podría utilizarla. Siempre tengo esa imagen en mi mente, de esa brocha que vendí a solo cien pesos diciéndole eso a una señora.

Me acuerdo que papá cuando era niña siempre me preguntaba cuánto yo lo quería, yo le decía “muuuuuuuucchhhoooooooo, hasta el sol, las estrellas, la luna” y todo eso que los niños hacemos cuando somos niños. Me acuerdo ir con él, en una micro y nosotros hablando de eso y la gente mirándonos tiernamente.

Papá siempre ha tenido un talento, o don, o naturaleza para cultivar plantas… una vez me dijo que no era nada de eso sino que sólo había trabajado toda su infancia en el campo, pero sin duda yo y mi familia nunca nos hemos dejado de admirar de cómo hace que un palo seco se transforme en un árbol o en uno de los rosales más frondosos.  A mis veintiocho y con la lejanía presente ya no sé si alcanzaré a aprender eso de él, pero siempre he querido.
Con los años yo crecí y nuestra relación cambio mucho, reconozco que en muchos muchos muchos momentos no ha sido fácil. Pero aún así, tengo momentos muy especiales para mí grabados en mi mente y no quiero olvidarlos, no quiero.

Recuerdo que cuando ya tenía dieciocho y estaba en la universidad casi terminando mi primer año de ésta, papá se me acercó un día y me dijo que conversáramos yo le dije que bueno y lo primero que hizo fue preguntarme si  yo había tenido mi primera vez, y yo le dije que sí.
Lo cierto es que así había sido hacía un par de días, pero él no tenía cómo saber… y hasta el día de hoy me pregunto cómo se habrá dado cuenta, qué cosa diferente notó en mí  que lo hizo darse cuenta y me da alegría saber que me identificaba tan bien.
Luego, me dijo que teníamos que contarle a mi mamá, y yo no quería. La cosa es que llamó a mi mamá a la cocina que era el lugar dónde conversábamos y le dijo. Mi mamá se volvió loca, me quería pegar y despotricaba que “todos los hombres son iguales” mi papá la tuvo que calmar y explicarle que era algo normal, que yo estaba grande y sabía lo que hacía, que yo estaba enamorada y eso era lindo. Mi mamá no me habló en días parecía para ella algo como una gran decepción, algo que ella no esperaba que yo hiciera o algo irresponsable. Siempre he encontrado muy chistoso haber tenido el apoyo de mi papá en eso y también he sentido la gratitud por su confianza en mis decisiones.

Mi primer pito de marihuana también fue con mi papá, creo que fue también cuando tenía dieciocho años… el día de noche buena,  después de la cena fuimos al patio a fumarnos un cigarro y me preguntó: ¿Querí’ fumarte un pito? Y yo le dije: ¿De verdad?
Sí.- Me respondió.
Yo nunca en toda mi vida había fumado, ni en el colegio, ni en la universidad y él lo sabía. Encontré genial lo que hizo, claro que no me volé.
Hasta el día de hoy soy una convencida de que eso que hizo mi papá por mí fue lo mejor, porque nunca necesité esconderme para hacer nada y si fumé pitos cosa que hago hasta el día de hoy lo hice porque no es nada malo, al contrario, es bueno sentarse con el viejo a conversar… lo extraño en estos días.
Mi vida fue así, y mientras yo tenía la posibilidad de fumarme un pito con mi viejo en el patio de nuestra casa, veía como mis amigos de la universidad se escondían de sus padres y se iban a meter a lugares y en situaciones súper peligrosas para conseguir un porro, ni siquiera algo natural. Mi papá me enseñó a cultivar.
El día de mañana haré lo mismo con mis hijos, no quiero perderme ese minuto… Como siempre me decía mi mamá cuando era chica: “te quiero donde mis ojos te vean”. Yo los querré así.

Mi papá tiene las manos gastadas, grandes, gruesas y llenas de durezas. Cuando era chica o hasta que viví con ellos en la casa de Maipú me pedía que “le echara cremita” y yo le daba la mano y le echaba cremita, y he tomado las manos de mi papá en mi vida tantas veces no solo para echarle cremita si no sólo para tocarlas y preguntarle por qué sus manos son así. Por qué no tiene movilidad en algunos dedos, por qué no puede estirar otros, por qué esa uña está un poco morada, por qué siempre tiene las manos tan ásperas, por qué la cremita no lo soluciona. “El trabajo” me decía, “el trabajo hija”.

Me acuerdo que cuándo conocí Ariel, que es mi ex marido. A parte de ser muy niños, él tenía unas manos preciosas siempre me gustaron demasiado hasta hace algunos años en que se comenzaron a llenar de cicatrices, pero me encantaban cuando comenzamos nuestro noviazgo, cuando nos casamos, cuando lo veía tocar la guitarra con sus manos. Eran tan diferentes a las manos de mi papá, tan suaves y él ni siquiera usaba cremita.

No sé si me gustaba sólo la diferencia o si sus manos eran de verdad bellas o si las manos de mi padre de verdad eran feas. Hoy las cosas son tan distintas.


Cuando vine a Australia conocí a Simon, que fue mi primer intento de novio Australiano. Nuestra primera noche sus manos estaban tan ásperas.  Ví el dorso de sus manos y estaban agrietadas, heridas, con costras que se comenzaban a formar. Hicimos el amor y luego de terminar fuimos al patio a fumar un cigarro, le pregunté ¿Por qué tus manos están así? Por el trabajo, me respondió. Besé sus manos, fuimos a mi habitación y le apliqué cremita, él estaba tan relajado yo me sentía entregándole amor, no sé si alguien alguna otra vez hizo eso por él y no me importa saber, pero sé que él no hacia eso por él porque no le importaba tener sus manos así, ya estaba acostumbrado. Y yo me sentí especial tomando cuidado de ese aspecto de él en ese minuto.

En las últimas semanas tengo un fuerte dolor en mis manos, ya viene arrastrándose hace unos meses, pero en las últimas semanas no cede. Al principio no podía dejar de empuñar la mano derecha en las noches y despertaba con la mano acalambrada. En el último tiempo la siento como si estuviera dormida todo el tiempo y duele, no la puedo estirar bien, no puedo tomar el lápiz para escribir bien cuando estoy en clases. Mis manos se han envejecido mucho en este tiempo, están irritadas, las uñas desgastadas y todas enganchadas. Y si me preguntas ¿Por qué? Te responderé por el trabajo.

Nunca antes entendí a mi papá, hasta ahora.





domingo, 1 de noviembre de 2015

Sobreviví.-

Sobreviví
A pesar de todos los presagios sobreviví.
Sí, sobreviví al saberme sola e inquieta.
Sobreviví al abandono
Sí, al tuyo y al de ellos.

Sobreviví a la violencia,
Sobreviví a la rabia,
Sobreviví a la pena,
Sobreviví a la frustración.

Sobreviví a mi almohada mojada en lágrimas
A las pesadillas en las noches,
A la angustia de los recuerdos y a la irracionalidad de tu espera.
Sobreviví al tiempo finito,
Al infinito tiempo que se abrió en mi pecho, sobreviví.

Al engaño, a la traición, a la derrota.
A todas las mentiras que descubrí en ti y en ellos.
Sobreviví.
No porque quise
Pero sobreviví.
Por causa natural del tiempo que todo lo cura.
Por la bondad de la vida.
Por los abrazos efímeros de tres o cuatro que vinieron a mi cama a consolarme…

Sobreviví,
A la baja autoestima,
A tus palabras procaces,
A tu ambigüedad constante.
Al incierto pasado, al desolador presente, a la interrogante del futuro.
También sobreviví.

A la mala educación,
A la carencia de afecto,
A la falta de atención sobreviví.
Cómo sobreviví.

Sobreviví al aborto de un sueño,
A la muerte de tu vida,
Y sobreviviré a la pena que esto me deje.

Sobreviví,
Así de sencillo y así de crudo porque había que sobrevivir.
Porque no era el fin de los tiempos,
Si de los nuestros,
Los que vivimos juntos allá en casa.
No importa nada más.
Lo que importa es que sobreviví.