Es difícil sentarse a escribir últimamente tratando de buscar en todos los recovecos de mi ser un espacio donde hayan emociones intensas.
Quiero decir, a veces quisiera tener mucha nostalgia y poder escribir de eso. Decir que la nostalgia es qué se yo... un fantasma ineludible o cualquier cosa con sentido profundo que viniera a mi mente. Pero no siento nostalgia.
martes, 30 de octubre de 2018
Sin querer.-
Quizás, sin querer, yo ya me había despedido de la próxima vez que te encontrara:
¿Cómo estás? Qué tal la vida? Ya le hallaste sentido a tu existencia?
Y me respondías con la misma parsimonia de siempre.
- Pues yo sí, todo bien y tranquilo. En casa nada falta y soy feliz.
Quizás, yo, sin querer ya me había aprendido la respuesta.
Y había aprendido esa calma con la que manifestabas la tranquilidad de esos días, de tus días.
Entonces yo ya me había separado de ti, desde antes de verte, desde antes de saludarte y desde antes de oirte.
Sabía que llegarías humilde y cabizbajo a decirme: Hola.
A preguntar de mis amores, de mis orgásmos, de todo lo que pudiera existir en los parámetros de mi vida posible.
Y yo ahí iba con ojos agudos respondiendo lo que, más que todo, no te interesaba escuchar.
Aún así, jamás había llegado el momento de la confesión.
Tú siempre tanteando cómo estaba yo.
Penetrando mis ojos esquivos con tus ojos tristes.
Ya me había enamorado?
Pues no.
Entonces luego de eso, el tiempo volvía a estar de tu favor.
Para ser feliz en tu vida y llevar las preocupaciones de tu hogar.
Anclando en mi, un nuevo espacio de "sin querer".
Si el desamor podía medirse en la felicidad o infelicidad del otro.
Entonces mi otredad te galardonaba y eras un ser superior.
Yo por mi parte estaba tan pan con matequilla como siempre en esa escena. Sin querer, más común que corriente.
Siempre dejaba, sin querer, que tus ojos tristes examinaran mi cansado y entusiasta rostro,
desde tu otredad y conceptos. Hacia todo aquello que una vez más, yo comenzaba a olvidar.
¿Cómo estás? Qué tal la vida? Ya le hallaste sentido a tu existencia?
Y me respondías con la misma parsimonia de siempre.
- Pues yo sí, todo bien y tranquilo. En casa nada falta y soy feliz.
Quizás, yo, sin querer ya me había aprendido la respuesta.
Y había aprendido esa calma con la que manifestabas la tranquilidad de esos días, de tus días.
Entonces yo ya me había separado de ti, desde antes de verte, desde antes de saludarte y desde antes de oirte.
Sabía que llegarías humilde y cabizbajo a decirme: Hola.
A preguntar de mis amores, de mis orgásmos, de todo lo que pudiera existir en los parámetros de mi vida posible.
Y yo ahí iba con ojos agudos respondiendo lo que, más que todo, no te interesaba escuchar.
Aún así, jamás había llegado el momento de la confesión.
Tú siempre tanteando cómo estaba yo.
Penetrando mis ojos esquivos con tus ojos tristes.
Ya me había enamorado?
Pues no.
Entonces luego de eso, el tiempo volvía a estar de tu favor.
Para ser feliz en tu vida y llevar las preocupaciones de tu hogar.
Anclando en mi, un nuevo espacio de "sin querer".
Si el desamor podía medirse en la felicidad o infelicidad del otro.
Entonces mi otredad te galardonaba y eras un ser superior.
Yo por mi parte estaba tan pan con matequilla como siempre en esa escena. Sin querer, más común que corriente.
Siempre dejaba, sin querer, que tus ojos tristes examinaran mi cansado y entusiasta rostro,
desde tu otredad y conceptos. Hacia todo aquello que una vez más, yo comenzaba a olvidar.
martes, 7 de agosto de 2018
Tristeza.-
Es como si la vida se hubiese transformado en un espiral de tristeza.
En ese espiral estaba yo al centro y en la cima más gruesa desde donde podía ver su hondura y abismo.
Sin embargo, nada me importaba menos que aquella tristeza.
En la cima del espiral tenía mi habitación y en mi habitación un espejo.
La habitación la utilizaba para esconderme del vértigo al abismo de la tristeza, de mi tristeza.
Del vértigo del abismo de aquella tristeza.
Y por el espejo se asomaba un demonio que era el demonio de mi alma de mi tristeza.
El demonio me atormetaba con su cara de demonio.
De la maldad que mi alma había acumulado después de tanto tiempo de tristeza.
En esa fantamagoría yo era solo un observador sacando calcúlos de la distancia en la cual me encontraba desde los orígenes de esa tristeza.
Sabía completamente sus inicios, qué era lo que la había provocado y veía a este demonio cómo se alimentaba de su conciencia.
Al demonio a veces le daba por rechinar los dientes mandibuleando que algo se había tragado,
Algo que no debío tragar. Su tristeza.
Yo le respondí que no estaba para chistes,
Y le preguntaba por qué un demonio de tristeza se podía ver obligado a tragar su tristeza.
A lo que él me respondío que todos tenemos una salvación y un destino.
Lamentablemente, su destino había llegado primero que su salvación.
Quizás a mi me había pasado de alguna manera lo mismo que a ese demonio.
Quizás yo era la responsable de que aquel espiral creciera y estar en aquella cima, o quizás no.
Quizás sólo era mi destino de destierro de tristeza y de compañero un demonio que vivía en un espejo,
Condenado a ahogarse, a mandibulear, a vomitar de vez en cuando por haberse tragado su tristeza.
En ese espiral estaba yo al centro y en la cima más gruesa desde donde podía ver su hondura y abismo.
Sin embargo, nada me importaba menos que aquella tristeza.
En la cima del espiral tenía mi habitación y en mi habitación un espejo.
La habitación la utilizaba para esconderme del vértigo al abismo de la tristeza, de mi tristeza.
Del vértigo del abismo de aquella tristeza.
Y por el espejo se asomaba un demonio que era el demonio de mi alma de mi tristeza.
El demonio me atormetaba con su cara de demonio.
De la maldad que mi alma había acumulado después de tanto tiempo de tristeza.
En esa fantamagoría yo era solo un observador sacando calcúlos de la distancia en la cual me encontraba desde los orígenes de esa tristeza.
Sabía completamente sus inicios, qué era lo que la había provocado y veía a este demonio cómo se alimentaba de su conciencia.
Al demonio a veces le daba por rechinar los dientes mandibuleando que algo se había tragado,
Algo que no debío tragar. Su tristeza.
Yo le respondí que no estaba para chistes,
Y le preguntaba por qué un demonio de tristeza se podía ver obligado a tragar su tristeza.
A lo que él me respondío que todos tenemos una salvación y un destino.
Lamentablemente, su destino había llegado primero que su salvación.
Quizás a mi me había pasado de alguna manera lo mismo que a ese demonio.
Quizás yo era la responsable de que aquel espiral creciera y estar en aquella cima, o quizás no.
Quizás sólo era mi destino de destierro de tristeza y de compañero un demonio que vivía en un espejo,
Condenado a ahogarse, a mandibulear, a vomitar de vez en cuando por haberse tragado su tristeza.
miércoles, 21 de marzo de 2018
06.03.2018.-
Hace un par de años atrás tuve una jefa, que creo, ha sido la única persona capaz de decirme algo que yo necesitaba escuchar en ese momento. Me dijo: "tú tienes que aprender a escuchar", me lo dijo muchas veces. Cuando me iba a Australia me abrazó y me dijo: "anda y aprende a escuchar"', creo que nunca nadie fue tan direct@ conmigo antes en ese sentido, aún cuando les molestaba que hablara mucho.
Los que me conocen saben que ser directo para decir las cosas es una cualidad que valoro en las personas. Para la verdad no deben haber rodeos.
Cuando estuve en el extranjero, muchos meses sin saber hablar Inglés al principio. Me reía sola y me acordaba de ella pk no podía hablar, sólo escuchar y tratar de entender lo que la gente decía. Entonces me decía a mi misma "tengo que aprender a escuchar" y era taannn cierto y concreto en ese minuto. Necesario. Habían muchas partes de la comunicación que fallaban a diario en ese momento en mi vida.
Desde entonces creo que siempre he tratado de aprender a escuchar, siempre hay algo nuevo que oír. El paso del tiempo, la forma en que te saluda la gente cuando los conoces, sus caras cuando te miran y tratan de entablar una conversación contigo o no, su silencio, su indiferencia, sus ojos dónde miran cuando hablan, qué te dicen sus ojos. Su cuerpo, sus hombros, sus muletillas, su ceño, sus labios, sus manos eso que dice todo lo que no escuchamos que hay que aprender a escuchar para entender dónde estás, con quién, qué necesita, por qué es como es.
A diario leo a muchos de mis contactos en Facebook, muchos hastiados de la rutina, de la vida que les tocó, cansados de no lograr "su yo ideal", con problemas en sus relaciones, o si no, viajando por el mundo, comprando casas, autos, criando hijos, casandose, etc. Y siendo en general infelices o aparentando una felicidad más bien ficticia, que cuando los ves y los escuchas en persona te das cuenta que no todo anda bien. O más bien, muchas cosas van mal. Sin embargo, todos quieren ser escuchados, leídos con sus malestares de la vida cotidiana o pequeños logros de la misma. Me incluyo. Necesitamos ser escuchados, necesitamos serlo, pero cuando estamos al lado de alguien ni siquiera saludamos.
La semana pasada me subí al metro y me senté. Cuando las puertas del vagón iban a cerrar una abuelita como de setenta años atravesó las puertas de un salto y sonrió por su logro casi chocando en las puertas del otro extremo. Un joven la afirmó y le dijo mientras reía con ella: ¡Bien abuelita, seca. Así se hace!
La abuelita al principio no quizo ni que nadie le diera el asiento para demostrar su gallardía. Luego aceptó, estaba agitada.
Al día siguiente, pasé a comprarme una marraqueta con queso a un almacén al que he pasado muy pocas veces. Pero siempre, como es mi costumbre, saludo a la señora que atiende y le pregunto cómo está.
Quizás he pasado cuatro veces a comprar ahí. Antes, la señora nunca me respondió si estaba bien o estaba mal. No me respondió el saludo ni nada, el total de lo que le adeudaba y mi "gracias, chao que le vaya bien" fueron siempre nuestra conversación. Su mirada muy tímida, su cara muy tierna, pero desconcertada porque le preguntaba cómo está.
La semana pasada cuando pasé nuevamente, luego de semanas sin verla. Le pregunto cómo está. A lo que ella me responde que está cansada, que el caballero que vino a comprar anteriormente quería cigarros, pero pagaba con tarjeta y ella se esforzó tanto en ir a buscar esos cigarros que al final nadie compró. Entonces, ¿Usted no acepta redcompra? No, y ya no tengo para rato porque me voy a operar del corazón y voy a cerrar el local. Y no tiene a nadie que le ayude a atenderlo mientras usted está hospitalizada? No, mi único hermano que podía ayudarme se murió de un infarto hace un mes.
Y yo... lo siento mucho no sabía que su hermano falleció. No se preocupe me dijo, así es la vida.
Sus ojos contenían mucha pena. Yo sólo pude contener sus ojos cuando me miraba.
Anoche, salía con mi gata del metro y una señora me gritó desde su auto, "a dónde iba". A Carmen con Argomedo, le dije, y antes de que me diera cuenta ella había subido mi maleta a su auto en el que estaban su marido y su madre. Que me llevaban a mi casa porque me vieron con el gato, que es un gato muy lindo, que ellos tienen más de cincuenta gatos y un perro, que los recogen de la calle. Que cuando pololeaban tenían diez perros y un gato cada uno. Que aman los animales, que tengo que comprarle una jaula a mi gato. Yo les dije que tiene una, que es regalada, pero que nunca pondría a mi gata en una de esas jaulas, que no me da el corazón, que veníamos viajando de Pichidegua y ella feliz. Que por lo demás no creo en las prisiones. Ya saben, para darme el gusto de parecer loca. Quizás qué habrán pensado.
Fueron muy corteses y me dejaron en la puerta de mi casa, con Kitty. Claro, no sin antes hacerme notar que caminar con el gato en brazos estaba mal. Que de la Alameda a Argomedo es un pique, que necesitaban ser escuchados y dejarme pensando que si yo misma en vez de Kitty y una maleta hubiese llevado un bebé en mis brazos y un coche, no hubiese sido tan afortunada de irme en auto.
Los que me conocen saben que ser directo para decir las cosas es una cualidad que valoro en las personas. Para la verdad no deben haber rodeos.
Cuando estuve en el extranjero, muchos meses sin saber hablar Inglés al principio. Me reía sola y me acordaba de ella pk no podía hablar, sólo escuchar y tratar de entender lo que la gente decía. Entonces me decía a mi misma "tengo que aprender a escuchar" y era taannn cierto y concreto en ese minuto. Necesario. Habían muchas partes de la comunicación que fallaban a diario en ese momento en mi vida.
Desde entonces creo que siempre he tratado de aprender a escuchar, siempre hay algo nuevo que oír. El paso del tiempo, la forma en que te saluda la gente cuando los conoces, sus caras cuando te miran y tratan de entablar una conversación contigo o no, su silencio, su indiferencia, sus ojos dónde miran cuando hablan, qué te dicen sus ojos. Su cuerpo, sus hombros, sus muletillas, su ceño, sus labios, sus manos eso que dice todo lo que no escuchamos que hay que aprender a escuchar para entender dónde estás, con quién, qué necesita, por qué es como es.
A diario leo a muchos de mis contactos en Facebook, muchos hastiados de la rutina, de la vida que les tocó, cansados de no lograr "su yo ideal", con problemas en sus relaciones, o si no, viajando por el mundo, comprando casas, autos, criando hijos, casandose, etc. Y siendo en general infelices o aparentando una felicidad más bien ficticia, que cuando los ves y los escuchas en persona te das cuenta que no todo anda bien. O más bien, muchas cosas van mal. Sin embargo, todos quieren ser escuchados, leídos con sus malestares de la vida cotidiana o pequeños logros de la misma. Me incluyo. Necesitamos ser escuchados, necesitamos serlo, pero cuando estamos al lado de alguien ni siquiera saludamos.
La semana pasada me subí al metro y me senté. Cuando las puertas del vagón iban a cerrar una abuelita como de setenta años atravesó las puertas de un salto y sonrió por su logro casi chocando en las puertas del otro extremo. Un joven la afirmó y le dijo mientras reía con ella: ¡Bien abuelita, seca. Así se hace!
La abuelita al principio no quizo ni que nadie le diera el asiento para demostrar su gallardía. Luego aceptó, estaba agitada.
Al día siguiente, pasé a comprarme una marraqueta con queso a un almacén al que he pasado muy pocas veces. Pero siempre, como es mi costumbre, saludo a la señora que atiende y le pregunto cómo está.
Quizás he pasado cuatro veces a comprar ahí. Antes, la señora nunca me respondió si estaba bien o estaba mal. No me respondió el saludo ni nada, el total de lo que le adeudaba y mi "gracias, chao que le vaya bien" fueron siempre nuestra conversación. Su mirada muy tímida, su cara muy tierna, pero desconcertada porque le preguntaba cómo está.
La semana pasada cuando pasé nuevamente, luego de semanas sin verla. Le pregunto cómo está. A lo que ella me responde que está cansada, que el caballero que vino a comprar anteriormente quería cigarros, pero pagaba con tarjeta y ella se esforzó tanto en ir a buscar esos cigarros que al final nadie compró. Entonces, ¿Usted no acepta redcompra? No, y ya no tengo para rato porque me voy a operar del corazón y voy a cerrar el local. Y no tiene a nadie que le ayude a atenderlo mientras usted está hospitalizada? No, mi único hermano que podía ayudarme se murió de un infarto hace un mes.
Y yo... lo siento mucho no sabía que su hermano falleció. No se preocupe me dijo, así es la vida.
Sus ojos contenían mucha pena. Yo sólo pude contener sus ojos cuando me miraba.
Anoche, salía con mi gata del metro y una señora me gritó desde su auto, "a dónde iba". A Carmen con Argomedo, le dije, y antes de que me diera cuenta ella había subido mi maleta a su auto en el que estaban su marido y su madre. Que me llevaban a mi casa porque me vieron con el gato, que es un gato muy lindo, que ellos tienen más de cincuenta gatos y un perro, que los recogen de la calle. Que cuando pololeaban tenían diez perros y un gato cada uno. Que aman los animales, que tengo que comprarle una jaula a mi gato. Yo les dije que tiene una, que es regalada, pero que nunca pondría a mi gata en una de esas jaulas, que no me da el corazón, que veníamos viajando de Pichidegua y ella feliz. Que por lo demás no creo en las prisiones. Ya saben, para darme el gusto de parecer loca. Quizás qué habrán pensado.
Fueron muy corteses y me dejaron en la puerta de mi casa, con Kitty. Claro, no sin antes hacerme notar que caminar con el gato en brazos estaba mal. Que de la Alameda a Argomedo es un pique, que necesitaban ser escuchados y dejarme pensando que si yo misma en vez de Kitty y una maleta hubiese llevado un bebé en mis brazos y un coche, no hubiese sido tan afortunada de irme en auto.
jueves, 1 de febrero de 2018
Don't mess with me, estoy en transición.
Mientras trabajaba sentada en mi escritorio.
Pensaba en dos escenarios posibles:
¿Qué pasaría si a la pauta de televisión la dejo sin auspicio y re-invierto todo en pauta libre?
¿Qué niveles voy a construir?
¿Cómo me va dar el CPP si vamos con spot de 30'' y 15''?
¿Dónde voy a salir a eficientar y buscar visibilidad para mi target?
Y es curioso como uno se sienta a pensar lo que tiene que hacer, "voy a planificar".
Entonces, mañana me pondré mi blusa blanca.
Mis pantalones de gaza verdes,
Mi collar con perlitas negras,
Mis botines cafés,
Me haré unos cachitos para atrás,
Me tengo que levantar temprano.
Estoy cansada, saldré del trabajo temprano.
Me llevaré el computador para la casa a ver si puedo avanzar algo de trabajo.
Practicaré media hora de yoga, iré a nadar.
A la noche meditaré.
Jugaré con el gato.
Voy a cocinar una sopa y comer la pizza que queda.
Tengo que llamar a mi hermano para juntarme con él.
Tengo que llamar a mis padres, debo llevar al gato al veterinario.
Voy a pedirme la tarde en el trabajo el Viernes, debo viajar al campo.
Tengo, debo, voy, haré.
Ahora voy a evaluar la pauta para saber qué alcance me está dando en 1+
y si en 5+ no llegamos al 50%, seguro voy a tener que seguir haciendo ejercicios.
También tengo que ver la forma de poder construir los 300 trp's en la primer semana para la medición.
¿Qué voy a hacer con TVC?
¿Qué peso le voy a dar semanal para que aporte a la visibilidad y cuánto share en prime voy a lograr construir?
Entonces, le voy a mandar un e-mail a Karla en Australia para saber para cuándo me va a tener el certificado de egreso listo.
Ojalá pueda tenerlo la próxima semana.
Voy a ver ahora el ejercicio de TV más TVC y los proyectos especiales que negociamos con los canales.
Para ver el alcance total de la pauta y la eficiencia de los trp's.
Luego de eso podré decidir qué escenarios presentar y podré saber dónde tendré que negociar más para aumentar la eficiencia.
Tengo que responderle el e-mail pronto a Patricia, pero debo adjuntar los documentos que me pide y estoy dependiendo de la respuesta de Karla.
Estoy bien, al final del día todo va bien.
Me encanta mi vida.
Las gallinas van a empezar a poner huevos en dos semanas.
¡Qué rico!
Ah, pero tengo que ver lo del sitio web.
Buscaré a alguien que me ayude con el logo?
Qué voy a hacer en definitiva?
Ah, ya sé lo que haré.
Voy a pensármelo bien y evaluarlo.
Hacer un plan.
Y es curioso que pensaba en dos escenarios:
En uno no estarías nunca en mi vida, en el otro estarías para siempre.
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