sábado, 6 de abril de 2019

Thirty Two.

Ok, odio la mayoría de las oraciones que comienzan con Ok.
Sin embargo, la vida se ha transformado en algo mucho más simple que el sentimiento de odiar y el sentimiento de OK. Hace unos días cumplí 32.
Decidí venir a celebrar mis 32 en Buenos Aires. Lo decidí hace un par de meses y eso me alegra.
Lo profundo, para mi, es que cuando pienso en mis 32 pienso en la niña que a los 13 años decidió irse de casa, abandonar a los padres. Me ha rondado ese número 19. Sí, hace 19 años me atreví a irme por primera vez de la casa de mis padres y ese número me circunda y alcanza, al menos en estos días.

Hace un par de años me di cuenta que mi vida era una historia en la cuál de alguna u otra manera yo había podido vivir más rápido de lo que había podido soñar, y sin dudas fue muy triste darme cuenta de aquello.
Por un lado, sentía la tibiesa de la gratificación de haber podido hacer todas las cosas que me había propuesto hasta mis cortos 30 años. Y por otro lado, sentí el vacío inmenso de no tener un próximo sueño que cumplir. De alguna forma ese período coincidío con el período en que regresaba de vivir en Australia a Chile. Y me sentía como en blanco, sin saber cuál era el siguiente paso.
Sin embargo, con el paso del tiempo comprendí que ese vacío correspondía a la oportunidad nueva que me brindaba la vida para comenzar algo nuevo y comenzar "fresquita" no se trataba de que no tenía opciones ni sabía qué quería hacer. Se trataba de que tenía todas las opciones a mi dispocisión y podía tomar la que yo quisiera, una vez más.
Durante ese tiempo tomé la decisión de irme a la casa de mis padres y comenzar a hacer cosas relativas con la valoración de mi tiempo, entonces lo primero que hice fue retomar aquella novela que comencé a escribir en el 2004 y que sentía que tenía que terminar, ya que siempre pensaba en que no lo hacía porque no tenía tiempo.
Mi papá se levantaba todas las mañanas a en el campo a las 5 A.M. para ir a la cosecha de mandarinas y me avisaba que me levantara a escribir.
Sin embargo, estaba tan deprimida, que me levantaba a las 10 AM o mediodía.
Todos mis ahorros de fueron a la cresta. Empecé a endeudarme y cagué.
Figuraba a los 5 meses buscando trabajo como empedernida en publicidad, salí con un chico que se llamaba Gonzalo, era como 8 años menor. 
Lo más bizarro fue cuando conocí a su mamá que vivía en Lampa o no sé dónde chucha al norte de Santiago, nos quedamos en su casa y follamos todos los días.
Hoy, a mis 32, cargo con la pregunta de la niña de hace 19 años atrás en búsqueda de esperanza ¿Ha valido la pena?
Quizás, para responder, habría que poner en una balanza cuántas penas hubo. Y si me conoces hace más de 19 años quizás la pregunta podría parecer siniestra.
Para mí, todo valió la pena.

Me considero una persona común y vulgar.
Muchas veces más vulgar que común.
Aún así, trato de hacer que mis días sean comunes y corrientes y trato de entender que la realidad no es común a todos, por no decir que básicamente esta última nunca existe ¿Qué es real?