Cuando fui a vivir a Porvenir todo estaba mal. La plata
escaseaba, no había trabajo, me había retirado de mi segunda carrera en la
universidad y no estudiaba. Mis viejos no estaban felices conmigo, Ariel me
decía que ya no era importante que estudiara porque él iba a ser ingeniero
algún día e iba a poder mantenerme a mí y a nuestros hijos. Los padres de Ariel
tampoco estaban muy felices con todas las cosas que nosotros hacíamos, pero nos
ayudaron para que nos compráramos el departamento en Porvenir ya que eso por lo
menos nos daría un poco más de “estabilidad” o “mejor pasar” en relación a la
pieza que solíamos arrendar en el cité de Grajales.
Ariel buscó esmeradamente por meses el departamento donde
viviríamos, yo estuve generalmente al margen de eso. Recuerdo que en las noches
cuando él regresaba de la universidad me mostraba montones de panfletos de
todos los edificios que había ido a visitar. Sí, ahora me acuerdo que hubo un
par de ocasiones que fuimos juntos a
recorrer todo el centro de Santiago buscando ese departamento. Pero todo era
muy caro en ese tiempo, los departamentos también chicos, mala ubicación
algunos, proyectos que estarían listos en muchos meses más, o los que estaban
listos sólo tenían departamentos disponibles aún en los pisos más altos que
eran los más caros, gastos comunes que nos parecían excesivos y así tantas
cosas que las oportunidades siempre se iban reduciendo.
Sin embargo, un día recuerdo que Ariel llegó muy feliz a
decirme que había encontrado el departamento. Ahí íbamos a vivir, era nuestra
oportunidad. El departamento tenía
orientación norte lo cual era muy bueno porque íbamos a tener el sol durante
todo el invierno y recibiríamos la luz del sol todo el día todos los días
siempre. Yo era feliz con eso, porque de niña había adoptado una costumbre que solían
tener los Mayas la cual consiste en poner la cama siempre mirando hacia el
lugar donde sale el sol con la creencia
de que el mañana siempre llegará. Esto lo mantengo hasta hoy, pero ya ni sé de
dónde lo saqué, leí o escuché.
Ariel estaba muy feliz, porque el departamento parecía
cumplir con todo lo que buscábamos en esos días y ya lo había visto, sólo se
debían hacer los trámites de la reserva y el crédito hipotecario para tener el
departamento. Él ya había hablado con el ejecutivo de la inmobiliaria que se
llamaba José Miguel, “mañana lo iremos a ver” me dijo.
Como las cosas no estaban bien en muchos sentidos y no había
plata, el único negocio de la época fue vender películas piratas en la calle.
Las vendíamos en el Barrio República, casi llegando a la Alameda a la salida
del Mc Donalds. Siempre arrancando de los carabineros.
Ese día mientras conversábamos de lo que haríamos con el
departamento y yo revisaba los folletos que Ariel me había traído en el puesto
de las películas. Llegaron los carabineros a buscarnos específicamente a
nosotros. Unos policías de civil se hicieron pasar como clientes y nos cayeron
encima como con tres motos, dos patrullas, una zapatilla. Tratamos de guardar
las cosas y salir corriendo, pero yo me puse a discutir con uno de ellos no sé
cómo pensando que era una persona que nos quería asaltar ya que había sacado
una pistola y nos dijo que le pasáramos todo. Le dije que no le iba a pasar nada y que se
fuera, en eso aparecieron las motos, y entendimos algo. Ariel tomó cuatro cosas
y le dije que corriera porque las motos venían directo hacia él, yo traté de
recoger las cosas que quedaban en el piso mientras el tipo me apuntaba con la
pistola en la cabeza y había pasado el cañon. Recuerdo el sonido de esa pistola
y la mano del tipo apuntándome, Ariel tratando de correr mirando hacia atrás para
ver qué me hacía el tipo, las motos atrás de él. Yo luego de unos segundos
dejando todo tirado y corriendo por mi cuenta no sé a dónde. El tipo no me
siguió, a Ariel ya lo habían pillado. Como siempre ha sido natural en Ariel en
esas últimas semanas había perdido el celular una vez más y la mami Sarita le
había regalado uno que ella ya no usaba, pero yo no me sabía el número.
Recuerdo que fui a la casa de Grajales a tratar de encontrar
el número y dejar las cosas, estaba tan nerviosa y lloraba. No encontré el
número y tuve que llamar a Rachel para pedírselo, ella me notó obviamente mal y
me preguntó si todo iba bien. Yo le dije que sí por no preocuparla.
Ese noche Ariel durmió en la comisaría y al otro día lo
procesaron en el juzgado de Rondizonni, haciéndolo pasar por la ex –
penitenciaría. Yo me fui a dormir a la casa de mi mamá y dormí con Juanito
porque estaba muy triste. Al otro día lo fui a buscar al juzgado, ví como lo procesaban en la
audiencia haciéndolo entrar esposado. La condena fue firma mensual por un año y
no me acuerdo cuántas horas de trabajo voluntario que él cumplió trabajando de
jardinero en el Parque O’Higginss. Las cosas estaban mal. Pero íbamos a tener
orientación norte y era lo que importaba.
Cuando lo miré luego de esa experiencia él había cambiado,
nunca me quiso decir mucho. Pero sé que lo pasó pésimo, además yo le había
llevado un saco de dormir a la comisaría y se había enojado porque unos “flaites”
que estaban ahí lo
molestaron toda la noche por eso, se lo querían quitar o algo así.
Cuando salimos del juzgado Ariel me llevó a ver uno de los
departamentos, pero no era el de Porvenir. Estaba cansado y no alcanzamos a llegar,
estaba triste y enojado también. Yo estaba triste también, todo estaba mal…
pero íbamos a tener orientación norte.
Ese día me acuerdo que de regreso a Grajales discutíamos por
tonteras de lo que había pasado el día anterior, luego de estar un rato en
Grajales nos fuimos a la casa de mi mamá. No sé por qué, siempre nos íbamos
allá cuando las cosas no estaban bien. Le cociné un bistec de panita con arroz,
bistec que pasamos a comprar en el Unimarc de Las Naciones y él no quería
comer, porque “esa era la carne que el tata Nilson le daba a los perros y él nunca
había comido eso”. Finalmente, luego de ese día Ariel amó el bistec de panita
con ajo y siempre me pedía que le cocinara.
Llevábamos como tres meses viviendo juntos cuando eso sucedió. La orientación norte me
acuerdo que Ariel siempre la conversaba con mi suegro. Nos cambiaría la vida,
tendríamos sol porque en Grajales, en la casa 4 nunca existió el sol y el
invierno fue frío y Ariel escribió un tema que se llama “tengo frío” porque yo
se lo repetía todos los días y él estaba triste, y luego escribió otro tema
pidiéndome perdón “porque el palacio que teníamos no era cómo él lo había
prometido y nada era normal”. Pero íbamos a tener orientación norte y eso era
bueno, eso nos hacía creer que el futuro iba a brillar, y ¿Cómo no iba a ser
así si tendríamos el sol en nuestra casa durante todo el día, todos los días
del año, para siempre?
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