A menudo me embarco en buques que
solo me conducen a la nada y a lo artificial, y es triste… porque a pesar de
que tanto la nada como lo artificial siempre han estado circundándome, jamás
había percibido este matiz de su desgraciada –a mi parecer- existencia.
Con el solo hecho de pensar,
entonces me propino una flagelación a mi instinto “audaz” y “fantasioso”; no lo
suficientemente “audaz” para enfrentarse a la nada, ni lo suficientemente
“fantasioso” para despojarme de lo real.
El diálogo y la narración, lo que
sucedió y lo que se dice, lo que es y lo que se piensa, lo que fue y lo que va
a ser, el protocolo y la burocracia, la resignación y la perseverancia, los
sueños y las pesadillas, el paraíso y lo abismal, lo que nos importa y lo que
no nos importa, la felicidad y la infelicidad, la armonía y el caos, el dolor y
el placer, la bilis y la sangre, lo negro y lo blanco. Una vez más –aunque no
quiera- lo abstracto e indefinible.
Somos simplemente, y en realidad tan
simplemente que casi no nos importa que es lo que seamos.
Con el cambio, creo, viene lo
fragmentario. Vivencias fotográficas, fugaces y distantes. Vienen las señales
de lo artificial y de la nada.
Cuando nos hemos apartado y vemos
que en nuestro mundo todo es tranquilo, entonces viene desde el mundo exterior
penetrando nuestro mundo el desorden. Adoptamos el ritmo, el que sea… y
seguimos predispuestos al cambio, a adoptar otra forma… otro ritmo… tan
simplemente, que no importa el que sea… porque siempre irá determinado por el
contexto de nuestros intereses y
prioridades…
Así que en nuestro estado natural,
hablamos cosas, pensamos, prometemos tantas otras, no con el afán de quedar
bien delante de otros, sino muchas veces con verdadero anhelo. Pero sucede que
con el cambio de ritmo y de intereses todas esas cosas quedan atrás, y de un
momento a otro son cosas que pensaba otra persona que habitó en nosotros,
alguien totalmente ajeno a nosotros o nuestro presente. Nos transformamos sin
quererlo en mentirosos, ya que todo lo que pensamos o prometimos no se
cumplirá, no lo realizaremos, no lo cumpliremos… nuestro buque se estrelló en
la nada. La retórica se presenta abismalmente y nos impulsa a sórdidos
subterfugios. Nos empapela la cara de su melancólica realidad, nos hemos
deleitado en sólo ser ¿Y tiene algo de malo? No lo sé.
Pero es como voltear para escupir el
pasado y seguir corriendo sin mirar atrás. Sólo correr…
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