miércoles, 18 de noviembre de 2015

< < RETORICA > >



A menudo me embarco en buques que solo me conducen a la nada y a lo artificial, y es triste… porque a pesar de que tanto la nada como lo artificial siempre han estado circundándome, jamás había percibido este matiz de su desgraciada –a mi parecer- existencia.

Con el solo hecho de pensar, entonces me propino una flagelación a mi instinto “audaz” y “fantasioso”; no lo suficientemente “audaz” para enfrentarse a la nada, ni lo suficientemente “fantasioso” para despojarme de lo real.

El diálogo y la narración, lo que sucedió y lo que se dice, lo que es y lo que se piensa, lo que fue y lo que va a ser, el protocolo y la burocracia, la resignación y la perseverancia, los sueños y las pesadillas, el paraíso y lo abismal, lo que nos importa y lo que no nos importa, la felicidad y la infelicidad, la armonía y el caos, el dolor y el placer, la bilis y la sangre, lo negro y lo blanco. Una vez más –aunque no quiera- lo abstracto e indefinible. 

Somos simplemente, y en realidad tan simplemente que casi no nos importa que es lo que seamos.

Con el cambio, creo, viene lo fragmentario. Vivencias fotográficas, fugaces y distantes. Vienen las señales de lo artificial y de la nada.

Cuando nos hemos apartado y vemos que en nuestro mundo todo es tranquilo, entonces viene desde el mundo exterior penetrando nuestro mundo el desorden. Adoptamos el ritmo, el que sea… y seguimos predispuestos al cambio, a adoptar otra forma… otro ritmo… tan simplemente, que no importa el que sea… porque siempre irá determinado por el contexto  de nuestros intereses y prioridades…

Así que en nuestro estado natural, hablamos cosas, pensamos, prometemos tantas otras, no con el afán de quedar bien delante de otros, sino muchas veces con verdadero anhelo. Pero sucede que con el cambio de ritmo y de intereses todas esas cosas quedan atrás, y de un momento a otro son cosas que pensaba otra persona que habitó en nosotros, alguien totalmente ajeno a nosotros o nuestro presente. Nos transformamos sin quererlo en mentirosos, ya que todo lo que pensamos o prometimos no se cumplirá, no lo realizaremos, no lo cumpliremos… nuestro buque se estrelló en la nada. La retórica se presenta abismalmente y nos impulsa a sórdidos subterfugios. Nos empapela la cara de su melancólica realidad, nos hemos deleitado en sólo ser ¿Y tiene algo de malo? No lo sé.


Pero es como voltear para escupir el pasado y seguir corriendo sin mirar atrás. Sólo correr… 

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