viernes, 13 de noviembre de 2015

<< RECUERDOS >>.-

Sabemos que hay algo que nos ata, pero nos cuesta descifrarlo, entonces gira, avanza, nos rodea; y nos cuesta identificar; de pronto nos abraza y sin querer nos entregamos sin tapujos. Hay soledad, es la que se mueve, nos apunta, se nos presenta indescriptible; buscamos la caricia, el abrazo, aquella risa, las miradas que no están, comienza ahora paulatinamente a reflejarse una desesperación, la que se atenúa levemente con la aparición de la nostalgia; no es brutal, pero es un súbito arranque que nos conduce al  pasado, talvez diez pequeños minutos anteriores, una semana o cinco días atrás, el tiempo se disuelve sobre el lago de la memoria, el agua tiembla y afloran aquellos recuerdos que llevamos dentro. No sabemos qué decir… nos abstraemos en el silencio, mientras volamos en aquel sueño, bailamos, dormimos o abrazamos dentro de nuestra mente.
Las imágenes incompletas ya no tienen fecha ni hora… son sólo lugares  que creemos existen aún, los transformamos en reinos de todavía, mientras aún luchamos con aquella nostalgia.

Pero el extrañar se compone de dos matices: lo extrañado y lo extraño… lo extrañado se dibuja y comienza a colarse fácilmente con aromas, sustancias, lugares y personas… aquel amigo de la infancia, aquella rutina que nos daba sentido en la vida, aquel programa de televisión, aquella madre… y aquella que fue sin serlo. Le dan sentido a lo extraño… ¿por qué las cosas son como son? Nos hacen sentirnos ajenos a nuestra propia vida, en nuestro propio mundo, en nuestro propio ser, a nuestro propio fin. Si yo ayer no fui lo que soy, entonces ¿cómo llegamos aquí? No nos dimos cuenta y el tiempo nos ganó  más espacio… que pena que no nos dimos cuenta y el tiempo nos ganó más espacio… que pena que no nos dimos cuenta en aquel momento y lo hacemos hoy, cuando ya es tarde, cuando ya no podemos hacer nada… pero esa es la consciencia (la que pesa y desgasta, la que da vida y lugar).

Más en esos momentos cuando no está esa amiga, ese amigo, esa madre… está la consciencia dadora de vida diciéndonos que “nuestra vida no puede estar siempre llena de felicidad, pero sí llena de amor”, nos levanta, nos alienta, nos lleva al lugar donde encontramos el consuelo, el calor del abrazo, del beso, y la mirada de los ángeles.







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