Sabemos que hay algo que nos ata,
pero nos cuesta descifrarlo, entonces gira, avanza, nos rodea; y nos cuesta
identificar; de pronto nos abraza y sin querer nos entregamos sin tapujos. Hay
soledad, es la que se mueve, nos apunta, se nos presenta indescriptible;
buscamos la caricia, el abrazo, aquella risa, las miradas que no están,
comienza ahora paulatinamente a reflejarse una desesperación, la que se atenúa
levemente con la aparición de la nostalgia; no es brutal, pero es un súbito
arranque que nos conduce al pasado,
talvez diez pequeños minutos anteriores, una semana o cinco días atrás, el
tiempo se disuelve sobre el lago de la memoria, el agua tiembla y afloran
aquellos recuerdos que llevamos dentro. No sabemos qué decir… nos abstraemos en
el silencio, mientras volamos en aquel sueño, bailamos, dormimos o abrazamos
dentro de nuestra mente.
Las imágenes incompletas ya no
tienen fecha ni hora… son sólo lugares
que creemos existen aún, los transformamos en reinos de todavía,
mientras aún luchamos con aquella nostalgia.
Pero el extrañar se compone de dos
matices: lo extrañado y lo extraño… lo extrañado se dibuja y comienza a colarse
fácilmente con aromas, sustancias, lugares y personas… aquel amigo de la
infancia, aquella rutina que nos daba sentido en la vida, aquel programa de
televisión, aquella madre… y aquella que fue sin serlo. Le dan sentido a lo
extraño… ¿por qué las cosas son como son? Nos hacen sentirnos ajenos a nuestra
propia vida, en nuestro propio mundo, en nuestro propio ser, a nuestro propio
fin. Si yo ayer no fui lo que soy, entonces ¿cómo llegamos aquí? No nos dimos
cuenta y el tiempo nos ganó más espacio…
que pena que no nos dimos cuenta y el tiempo nos ganó más espacio… que pena que
no nos dimos cuenta en aquel momento y lo hacemos hoy, cuando ya es tarde,
cuando ya no podemos hacer nada… pero esa es la consciencia (la que pesa y
desgasta, la que da vida y lugar).
Más en esos momentos cuando no está
esa amiga, ese amigo, esa madre… está la consciencia dadora de vida diciéndonos
que “nuestra vida no puede estar siempre llena de felicidad, pero sí llena de
amor”, nos levanta, nos alienta, nos lleva al lugar donde encontramos el
consuelo, el calor del abrazo, del beso, y la mirada de los ángeles.
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