A veces, cuando por las noches el Olvido
quiere abrazarme me acuerdo que te espero.
Me doy vueltas en ésta cama de pobres a
la que vine a parar y le digo: No eres el que espero.
Pero él se queda muy "aquí te las
traigo Peter" echado en mi cama,
al lado mio, diciéndome que "le espero".
Yo lo miro. Muy poco la verdad
pero el Olvido habla sólo echado a mi
costado y me cuenta de su día.
Dice, que trabajar en las agencias de
olvido está cada vez más crítico,
que ya no le gusta ésta ciudad porque
siente que es vivir en olvido, apartado del mundo.
Que a sus padres ya casi los olvida,
porque ha vivido mucho tiempo en olvido.
Yo no digo nada,
permanezco "impertérrita",
como diría Carlos Pinto.
"Total", pienso. A éste se le
va a olvidar quién soy yo y cómo llegar hasta mi cama "y si te he visto no
me acuerdo".
Al final del día, no es el que espero.
Pero ¿A quién espero?
Ya lo olvido.
Y en éste olvido de esperar al que creo
que espero aparece el Olvido.
El Olvido que no es el que espero, pero
que cada noche me llena de historias de olvido.
Y ahí voy yo nuevamente, audaz: ¡Que tú
no eres el que espero!
Pero el Olvido ya se durmió a mi lado,
porque estaba cansado después de su día laboral.
Aferrado a mi cama pobre,
el Olvido sueña que le olvido.
Y yo ya siento que todo lo he olvidado.
Porque miro a mi corazón y ya no hay
nada absolutamente de lo que espero.
Me siento vacía en este olvido.
Estafada.
Nunca me dijeron que después de
endurecerse a uno se le acababan los sentimientos,
y no me refiero a un sentimiento de amor
u odio,
o a un sentimiento de espera,
Me refiero a esa gran gama de cosas
"sentibles" que podrían llegar a sentirse.
No se siente nada.
No me advirtieron de éste vacío.
De ésta vacía noche de nada,
en mi cama de pobre y de compañero el
Olvido.
El Olvido que vuelve cada noche a
poblarme,
a habitar mis muros,
a abrazarme cuando me pilla durmiendo,
para que no le diga que no es el que espero.
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