Ibas preguntando si estoy enamorada.
Mientras manejabas un auto que nos llevaba a ningún destino.
No lo sé te dije,
Entonces caíste en tus artilugios pre - hechos del ser y estar.
Yo nadaba en un río turbio que no sabía a dónde me conducía.
Las personas que iban en balsas a mi alrededor no me ayudaban,
La corriente era fuerte.
Yo podía nadar. No los necesitaba.
No había miedo.
Tú me esperabas en un borde del río con manos extendidas para sacarme del agua.
Nos fuimos caminando, un perro apareció en el camino y lo adoptamos.
Nos fuimos a una casa olvidada,
Donde nada era nuestro.
Y tú le decías a la gente que todo nos pertenecía.
De alguna forma todas las cosas del cuarto habían sido nuestras en un tiempo pasado.
Me sentí ajena en una casa llena de recuerdos que no eran míos.
Tú me decías que no me preocupara, que todo va a estar bien con la voz tan tranquila de siempre.
Me tomaste en tus brazos y me llevaste a la cama con tu suavidad de siempre.
Para desnudarme poco a poco,
Despojándome de mis ropas con el barro del río.
En lo único que pensabas era en mi sexo.
La lujuría se te clavo en la mirada.
Mientras mirabas absorto mi sexo de tus sueños.
Para depositar en él un beso, un tierno beso.
Y cerrar tus ojos para entregarte al placer de un fruto añorado, de una fruta madura.
Alguien nos observaba atrás de una puerta.
Y te levantaste para ver qué sucedía.
Cuando volviste te pedí que me cogieras,
Entonces ya no nos importaba ser observados.
Luego de tu piel, los abrazos y el orgasmo.
Los testigos se disiparon.
Tú fuiste a averiguar por qué nos observaban.
Yo me sentí más sucía que nunca y necesitaba ir a bañarme al río.
No hay comentarios:
Publicar un comentario