Pero cuando llegó el florecimiento del hedonismo, abiertamente, llegó la Primavera.
Una Primavera, sin embargo; triste, vacía, solitaria, cruel.
Era una Primavera de rosas de Otoño, de prisas sin prisa, de días nublados, de sensación de libertad.
Fui todo lo que no había sido.
Me despojé de mis roles, me convertí en puta y brindé con Jesús el carpintero, con Pedro el pescador, con Judas, que bueno... ya saben.
Entendí, por qué Dios decidió convertirse en hombre, y por qué decidió el oficio de carpintero. Por qué vino a este mundo a rodearse de putas, después de haber nacido de una mujer virgen. Entendí por qué Jesús multiplicó el vino y los peces. Por qué curó a los enfermos, por qué se hizo humilde y se rodeó de la "escoria".
Ebrio placer es querer ser superhéroe, salvar al mundo, ser luz. Algunos, también más altruistas le llamarán "gozo". El placer del gozo de ser "luz", de ser "altruistas".
La luz de ser luz, a veces es oscura, también hedonista.
Aún así entendí el altruismo de Jesús desde su visión teocéntrica y entendí a sus mundanos hermanos desde sus visiones egocéntricas.
Entendí la tranquilidad de escoger un oficio, ser feliz aprovechando el instante.
Abandoné lo onírico, decidí vivir de realidad, me desmoralicé... Sí, mucho. Y eso fue bueno, entendí todo lo que estaba escondido bajo la alfombra de esta "sociedad", o casi todo. Esa fue la parte más cruda de la Primavera, pero también la más verdadera.
Me dí cuenta poco a poco cómo mi vida siempre había estado cubierta de mentiras, cómo la poderosa ignorancia había vivido mi vida, cómo me habían robado el tiempo haciéndome (obligándome) a querer creer que quería hacer cosas que nunca quise hacer, mucho menos creer. Me revelé, ante esos seres y como en cada revelación me sentí más solitaria, más incomprendida, mientras decidía aislarme hacia mi soledad para ver los colores tornasoles de mi piel, por el florecimiento de mi hedonismo.
Por la llegada de ideas nuevas, por la valentía de enfrentarlas, de aceptarme, de romper el molde exitista y sistémico.
Me cagué en los conceptos de "familia nuclear", "matrimonio", "pareja única", "amor eterno", "heterosexualidad", "ser ejemplo". Renací en mi esencia y aprendí de mi familia disfuncional, de mi matrimonio heterosexual fallido, saqué fuerzas de la infidelidad de mi ex-marido, acepté mi bisexualidad y que no quiero ser el ejemplo de nadie. Fracasé en todo y estaba bien, entendí que de eso se tratan las apuestas perder o ganar. A mi me tocó perder, pero seguí jugando y eso no me robó la sonrisa, me llevó a ser lo que debía ser, al lugar donde tenía que estar para ser feliz.
Me reconocí testaruda y soberbia, y renuncié a ambas cualidades.
Volví a pensar en Jesús y en su oficio, siendo Dios decidió ser carpintero... luego oí en la radio a John Lennon cantando la frase "you've gotta be free".
Volví al iluminado Siddharta, medité, pensé en Alá, otra vez en Krishna.
Descansé en el sentimiento universal del amor, dándome cuenta de que no tenía a nadie específico a quién amar y entonces mi amor estuvo abierto y libre para quien lo quisiese recibir o aceptar.
Y reafirmé mi hedonismo.
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