martes, 11 de agosto de 2015

Nacimos pobres.-

La pregunta de Manuel fue ¿Por qué nacimos pobres?
Lo primero que se me vino a la mente fue por destino o azar. Un azar que nos quería jorobar  o un destino que nos quería hacer unos malditos luchadores, independiente de las definiciones que yo misma tenga o usted lector tenga de “destino y azar”, creo que ambas definiciones de lo que dije anteriormente me gustan.
Me gusta la idea de haber nacido pobre, porque no fue fácil, porque hoy no es fácil, porque me cuesta, porque a veces me duele, porque me capacita, porque me enorgullece, porque me desafía.
Siempre supongo que si lo hubiese tenido todo en mi vida no hubiese sido capaz de aprender a valorar las cosas pequeñas de ésta, o a saborear las churrascas que mamá cocinaba con harina, agua y sal cuando no tenía plata para comprar el pan… un Viernes en el que quizás a mi papá se le olvidó que tenía familia y prefirió quedarse afuera de la casa embriagándose con sus amigos.
Porque cuando eres pobre vives la humildad, humillación, desprecio de una sociedad. Porque cuando eres pobre aprendes a soñar, a sacar las garras, a perseverar, a decirle que sí a las oportunidades de la vida. Porque cuando eres pobre tu mundo es tan pequeño que todo te sorprende y puedes incluso vivir en un mundo mágico, como dice una canción por ahí “no hay mejores sueños que los sueños de un pobre, porque soñar es gratis”.
Nacimos pobres ¿Y qué importa? ¿Tener dinero me hubiese hecho mejor persona? Creo que no. ¿Tener dinero me hubiese hecho peor persona? No sé, pero estoy convencida de que no sería la misma, hace un tiempo leía unos estudios que postulan que las personas que crecen con todo, es decir sin tener ninguna carencia material se hacen menos empáticas a las realidades de otras personas y suelen ser personas egoístas. Si es así, entonces gané… el hecho de haber nacido pobre me hizo rica de espíritu, empática con el dolor y la tragedia humana, amante de lo básico, despojada de lo material, amante de la experiencia de salir adelante una y otra vez, aperrada. Nacer pobre me enseñó a no tener límites para desear lo que creo que me merezco, y decir no cuando me están entregando algo que no merezco o menos de lo que creo que merezco. Haber nacido pobre me hizo valorar la importancia de la educación, cultivar el amor por la lectura, me hizo ponerme a escribir para hablar de lo que veo y percibo de un mundo, me hizo tan sensible que necesité ponerme a pintar no porque tenga talento, sino porque es la herramienta para botar un poco de lo que tengo en el alma curtida con dolor, noches de insomnio y por sobre todo pobreza de ese barrio pobre donde crecí donde no había luz, donde no había paz. Gané.
Por haber nacido pobre, crecido en una familia con muchos problemas y en un barrio donde apenas podías dormir en las noches quise luchar por ser independiente y cambiar mi vida. Esa pobreza me llevó a vivir sola a los diecinueve años experiencia con la que maduré y me endurecí solo lo suficiente. El vivir sola me llevó a trabajar; cantando en las micros, de cajera en una heladería, repartiendo diarios a la salida del metro, empacando regalos, de empaque en un supermercado, promotora, atendiendo un ciber café, vendiendo panes a la salida de la universidad, publicista, haciendo aseo. Y en todos esos lugares conocí gente que me hizo ver otras cosas que yo no veía, una verdad que para mí siempre estaba incompleta. Y que aún está porque no pretendo conocer la realidad de todas las personas, pero conociendo personas de distintos lugares he podido ver con sus ojos lo que no alcancé a ver con los míos. Amplié mi visión.
Conocer estas personas me hizo querer viajar para conocer más personas y más lugares y más realidades…  viajando conocí culturas y ví paisajes que amé, ser pobre me hizo venir a Australia a tener otra experiencia en la que hoy creo.
Ser pobre me hizo adicta a lo que creo es hoy casi una disciplina para mí, la cual es ponerme en situaciones complejas para  experimentar mi reacción a eso, superarlo y salir adelante fortalecida, más grande y con las herramientas que esa experiencia me deje. Sobre exigirme un poquito más, pedirme un poquito más, darme plazos para mis metas, cumplirlos.


Nacimos pobres y no fue fácil, nunca nadie dijo que lo sería… pero tú decides si quieres quedarte pobre, hoy para mi existe sólo una gran pobreza y es la del espíritu, esa es la más terrible y letal. Lo demás, se pasa cantando, se traga con una cervecita helada con amigos, el hambre se pasa con churrascas de ser necesario… pero si no alimentaste tu espíritu, estás condenado a ser pobre, te moriste pobre. No importa cuanta materia tengas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario