Nuevamente me encuentro en este puente tétrico, “por decir
algo”.
Y voy a atreverme a decir algo bastante imbécil… siento las
pulsaciones en mis nalgas ¿No parece bastante “loco”?
Si no me equivoco ésta es la vigésima segunda vez que
comienzo ésta misma idea con distintas ideas, y me ha resultado tan arduo y tan
comprometedor que no me he atrevido a continuarlo, no me he atrevido.
Sin embargo, hoy cuando te ví que te marchabas en la mañana
sentí un deseo enorme de apretarte contra mi pecho hasta asfixiarte… quise
poseerte de forma brutal, quise hacerte el amor como un loco enfermo y que te
quedaras a mi lado recostada diciéndome que me amabas.
Pero sólo pude taparme por completo con las sábanas y
simular que dormía, y por si no lo notaste dormía un poco molesto porque
estabas haciendo demasiada bulla.
Voy a decir un tipo de pensamiento que seguro te emocionará
hasta las lágrimas. Jamás me gustó como me hacías el amor… tu forma tan
meliflua y recatada. Tan sonora y mezquina, me ha hecho pensar mil veces en las
cosas que piensas cuándo estás conmigo, porque evidentemente piensas en algo o
te refugias en un mundo en el que sin lugar a dudas yo no estoy. Mi pregunta a
continuación es ¡¿Por qué no estoy, demonios?!
En realidad no lo sé, no lo sé ¿Sabes?
No soy un sádico, un
enfermo de esos novelescos pero tampoco soy lo que tú piensas. Y es así de
complejo, junto con mi deseo de la mañana sentí satisfacción porque te
marchabas y es así de paradójico; porque mientras más te amo, más te odio. Y mientras más lejos te quiero, más cerca estás.
No sé a qué se deban mis ganas de llorar en este momento,
quizás sólo a las ganas de postergarte un rato más en mi mente, en mi
memoria. A lo mejor solo a este cielo
nublado que me hace dudar de todo lo pensado.
Pero me recorre una melancolía triste y sincera, un no saber
qué fue, qué nos sucedió.
Aún así trato de pensar y dar mil vueltas a las situaciones
que nos rodearon, las cosas en los que nos vimos envueltos una y otra vez; tú
linda y mezquina sentada en algún banco en alguna plaza fumando un porrito. Yo
por otro lado insomne tratando de descifrar tus juegos, tus sonrisas, el por
qué de tu paranoia, las cosas que me sometían a tu perfección infame, a tu inteligencia sordomuda… más no era capaz
de hacer otra cosa. Cuando llegabas me costaba abrir los brazos para abrazarte
y mirarte tan solo la espalda. Te lo digo de verdad.
A pesar de la tortura pude someterme a tu mundo deseable dejando
con ello mis vísceras y mi orgullo un poco de lado para ahondar en tu holograma.
Me costó encontrar y descifrar que así también yo te inmiscuía en mis profundos
abismos, tortuosos…
No hay comentarios:
Publicar un comentario