Luego de muchas semanas de ir y venir
por mis conocidos rumbos me inquieté… me inquieté a tal grado que comencé a
huir, desesperadamente, entre sollozos y lágrimas. No sabía lo que era.
En pocos minutos llegue a una
pasarela, volaba tan enérgicamente que creo fue el lugar que observé con mayor
nitidez.
Se sentó junto a mí y ni siquiera pudo
darse cuenta… no pudo siquiera percibir que yo estaba a su lado y que por lo
demás quedé pasmado con su hermosura.
Otra emoción más, luego de un gran
desconcierto.
Pensé que no seria capaz de soportarlo
y que dentro de mí todo era demasiado pequeño para poder desarmar todo ese
amasijo de temores que se formaba y se alimentaban con los sucesos más
inesperados que yo hubiese esperado que sucedieran.
A pesar de lo grato que me resultó el
contemplarla mis sentimientos estaban demasiado confusos por lo cual nuevamente
decidí huir. Quedando maravillado esta vez por lo que había experimentado.
Vagué en el desconcierto durante
muchos días, semanas que se hicieron eternas, los días cada vez eran más duros,
más tristes.
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