miércoles, 3 de junio de 2015

Cuatro horas.-

Serían cuatro horas  como máximo para limpiar su habitación, baño, cocina… pero sin saber que la cocina era el paso previo para el living room, lugar donde ella estaría sentada apacible frente a su computador tomando unas cervezas y fumando unos puchos.
Yo le hablé primero, quería practicar mi inglés…  quería escucharla con su acento australiano, que por cierto ella asume no tener.
-          Are you Australian? Dije, como para romper el hielo.
-          No, I’m from Africa. Respondió.
Y así sucesivamente, ella supo que yo era de Chile, de Santiago y me aseguró que es uno de los lugares a los que le gustaría viajar en su vida. Yo supe que ella tenía ascendencia inglesa,  que nació y se crió en África, que podía hablar afrikáans,  que entendía algo de Zulú, pero que su segunda lengua definitivamente era el francés, que fue modelo en Sydney años atrás.  Luego de eso me ofreció la primera cerveza y me fumé un cigarro con ella.
Continuamos hablando, mientras yo iba a sacudir el estante que ella tenía cerca del living. Me dijo que quería viajar, que había venido a Australia cuando tenía 22 años pero que finalmente no había viajado nada y se había estancado en Sydney por más de 10 años, el tiempo había pasado tan rápido en su vida entre el éxtasis, el LCD, la coca y el alcohol. Yo le dije que había tomado la decisión de venir también con el deseo de cambiar mi vida, dar un giro y viajar, conocer el mundo y las personas. A ella le agradó mi experiencia y determinación, volví a oír el “you’re brave” y me sentí agradecida, porque podía verme a mí misma en su casa limpiando. Luego de eso ella me ofreció el tequila.
-          Do you like tequila? Preguntó.
-          Yes, I like tequila. Le respondí.
Su pregunta  me desafiaba más allá de lo “moral”, más allá de lo que creemos “correcto” o “profesional”, más allá de la posición principal en la que me encontraba.  Tomé un tequila con ella, brindamos por su viaje. Y le conté que en Chile se toma Pisco, que es un destilado de uva pero con menos porcentaje de alcohol que el tequila, entonces ella me enseñó a explicar correctamente en inglés el porcentaje de alcohol que tienen los tragos y yo aprendí.
Luego supe que hace poco tuvo un accidente que le perjudicó la rodilla y por eso se encontraba con problemas para caminar y hacer sus actividades domésticas, que hace cinco años atrás le  diagnosticaron una enfermedad que no le permitía que su sangre coagulara y le recetaron esteroides que sólo la hicieron engordar, engordar y engordar. Que hace poco la habían operado cuatro veces para curarla, que le habían removido el bazo y que comenzaba a sentirse mejor, que al menos ahora podía afeitar sus piernas, porque en cinco años no lo había podido hacer por temor y riesgo de desangrarse.
Eso dio paso a la siguiente cerveza, el segundo cigarro y el segundo shot.
Entendí lo que es el “Lemon juice”, que lo hacen en Australia y a veces es mejor tomar el tequila con eso porque es más dulce, en cambio el limón con sal es muy ácido y el  “Lemon juice” es más barato que los limones de verdad. Ella supo que al parecer en Chile no tenemos “Lemon juice” y que no soy experta en licores, pero que al menos eso creo y si tuviéramos entonces el pensar que no tenemos es sólo parte de mi cotidiana ignorancia. Ella se rió.
Continuamos hablando de su viaje “all around”, se sentía feliz de tenerme en su casa y poder conversar de estas cosas, me dijo que mi determinación le servía de inspiración y ejemplo, que sentía que todo había coincidido de alguna forma para que ella se motivara más a realizar su viaje y abandonar esas cosas materiales que tenía en su departamento que le daban peso, que la habían estancado acá por años, que finalmente sólo había trabajado para pagar esas cosas y había postergado su vida de verdad, que ahora sentía miedo por la decisión que estaba tomando pero que tenía que hacerlo por el “ahora o nunca”. Yo le conté como había reflexionado en todas  esas cosas antes de tomar mi decisión y que finalmente te das cuenta que lo material no es nada, no vale ni el diez por ciento del tiempo que gastas en ellas para adquirirlas, que mereces vivir experiencias  en la vida y fue en ese momento cuando ella dijo que “ahora debía hacer que toda su vida cupiera en una maleta” y me dio gusto escucharme en ella, las mismas palabras que en algún minuto yo pronuncié y utilicé para explicarles a mis amigos la decisión.
-           For sure, this can be difficult! Le dije.
Somos mujeres y acumulamos tantas cosas todo el tiempo, pensando que mañana lo vamos a usar o lo vamos a necesitar. Le dije que antes de venir había tratado de vender todas las cosas de mi casa, lo que me resultó casi imposible con todos los quehaceres que tenía en mis últimos días en Chile, que había decidido dejar todo abandonado en mi departamento sencillamente hasta que el último fin de semana vino mi papá en un camión y desmanteló mi casa en un día para guardar mis cosas, que yo ya no tenía idea de dónde están las cosas, que nunca supe como lo hizo desaparecer todo tan rápido, que en cierta forma se lo agradecía pero a lo mejor no era necesario que él hubiese tomado esa responsabilidad por mis cosas.
-          Tienes suerte. – Me dijo
-          Sí, es bueno tener a la familia en esos minutos. – Le dije.
En ese minuto supe que no tenía la mejor relación con su familia, que casi no tenía contacto con ellos, que no había visto a sus padres desde hace al menos diez años desde que arribó en Australia. Sonó triste.
-          Bueno, yo tampoco tengo la mejor relación con mis padres.- Le dije para consolarla un poco.
Le expliqué un poco de las dificultades que todos tenemos, y también que en algunas circunstancias la distancia nos hace estar más unidos. Sin embargo, a veces creo que mis padres se han acostumbrado a que sea tan busquilla y a veces sólo me dejan ir y venir, como si tuvieran la tranquilidad de saber que estaré bien,  aún cuando ni yo lo sé.
Ella sonrío
Le dije que iba a terminar lo que tenía que hacer en su casa porque debía irme a mis clases, ella entonces volvió a desafiarme.
-          Vas a creer que estoy loca. -Me dijo- Pero, por qué no te quedas y podemos hacer una cena, tomar unas cervezas y conversar de la vida. No tienes que irte, puedes quedarte y dormir en el sillón yo te cuido y mañana te voy a dejar al paradero del bus.
-          Really? Le dije.
 Me sentía tan cómoda conversando con ella, como si fuéramos viejas amigas pero era ese juego de la confianza, ella estaba en su casa yo era la visita y no me sentía juzgada ni nada que se le parezca, pero ella ponía a prueba mis límites y testeaba sutilmente mi profundidad.
Acepté su invitación. No puedo decir que por cortesía, no puedo decir que por ella… si no tanto por mí. Sabía que estaba en un punto en el que esas horas que podía pasar con ella iban a pasar a los “archivos clasificados”, a las “joyitas de la vida” a ese “baúl de recuerdos” de experiencias que vale la pena memorar, esas oportunidades que la vida te pone en frente una vez.
Nos sentamos, tomamos más tequila, fumamos más cigarros y conversamos cosas sobre la vida, las ganas de morir que a veces dan, los deseos de continuar que luego vienen, las decisiones que debes tomar y las dificultades posibles que puedes llegar a sortear. Le cociné un rissoto, con papas doradas y chuletas de cerdo aliñadas con ajo. Ella fue feliz con mis sabores, yo fui feliz de verla feliz. Hablamos de drogas y me enseñó todos los slangs referentes a ellas, yo estaba borracha a esas alturas, le pedí que me anotará las palabras en mi libreta de notas porque o si no después se me iba a olvidar y ella lo hizo.
Hablamos de la asfixia que puedes sentir cuando haces lo que no amas o no estás del todo satisfecho, yo le conté que amaba mi profesión y me encantaba lo que hacía a diario como publicista porque de alguna forma pensaba que podía contribuir y hacer cambios. Pero cuando estás en la oficina viendo cómo se van a consumir tus días, darse un tiempo de pausa para cambiar un poco no es malo,  y si estás sano y tienes manos puedes trabajar en lo que sea, le dije. Heme aquí.
Ella estaba interesada en saber cómo había llegado a ser cleaner, cuál era mi experiencia en eso, si lo había hecho antes, todas esas cosas… Hubiese querido mentirle, traté de evadir la pregunta, pero después de unos minutos no pude.  Es mi primera vez que trabajo en esto, le confesé.
Yo sólo quería reír, ella se río… Entonces le dije: “y por lejos es una de las mejores experiencias de mi vida, el mejor trabajo, y por lejos tú eres la mejor jefa de mi vida en la historia de mis jefes”. Nos reímos demasiado. Luego le conté las peripecias que ando haciendo para encontrar trabajo, que a veces las cosas no funcionan tan rápido como uno quisiera, pero que si hay que trabajar hay que hacerlo sin asco, como me enseñó mi mamá “tiene que darte vergüenza para mentir y robar, no para trabajar ni para hablar con la gente”.


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