Hace meses no leo un libro, me siento mal y aquí voy yo a escucharte y después a decirte que mi vida ya no es igual, que todos ustedes la cambiaron, me resignificaron con todas mis condicionales y un punto aparte. Con historias de borracheras y unos puchos. He crecido y cambiado mi semblante a la vida, al amor, a eso que llamamos empatía. Abrí mis oídos a escuchar y sí, ya casi aprendo a quedarme callada y no opinar. A veces pasa que hay que callar. A veces pasa que hay que escuchar muy tranquilo, mientras te miro a los ojos y me cuentas cómo fue tu vida de mierda mientras te violaba tu tío y tus padres sabiendo lo callaban. Cómo quisiste matar a tu familia en un accidente de carro allá en esas islas bien lejos pérdidas en el Pacífico. Cómo tus abuelos vivieron la guerra allá por Polonia y se suicidaba tu tío a los 17 años en el campo de batalla de la invasión. Que tú también naciste para ser soldado, para la guerra y pa' matar. Antes de que a ti te tomaran preso en Europa por haber sido un pendejo con aires de hacker que quería robar un cajero automático. Sí, después que a Fabiola arrancara de Chile por la dictadura militar. Pero antes de que esos que andaban por ahí tan felices y contentos de haberse unido en el sagrado vínculo de la convivencia decidieran empezar a jugar a las "cambiaditas", antes de que estuviera de moda ser "poliamoroso", antes de que fuéramos tan open mind de que todas nuestras parejas sexuales supieran de las otras y de vez en cuando, un trío. Que no vienen mal.
Porque el morbo de saber cómo lo hacían los tres venía de cajón, cuando se les ocurrió aterrizar en Nueva York a "experimentar".
Porque, yo creo que para esa niña que fuiste fue difícil asumir que era lesbiana, imagínate en el campo y las cosas que dirán. Porque eso, aunque estemos en Australia nunca fue bien visto.
Y qué difícil o valiente eras al embarazarte sabiéndote bisexual, sabiéndote lesbiana.
Quizás para mí, sin prejuicios, pero con verdad más difícil que ser gay y buscar novio en Tinder. Y ese flechazo que conociste por Tinder y se marchó. No, es verdad. Ya no da lo mismo, tenemos que buscar alguna explicación coherente a esos inminentes hijos de Tinder que vienen, que vendrán y a los que posiblemente ya llegaron. O debemos empezar a prepararnos mentalmente para esa pregunta ¿Cómo conociste a mi papá/mamá? Por Tinder hijo/a. Es inminente.
No, ya no da lo mismo.
Porque me parece entretenido que me cuentes cómo utilizabas las esposas, los huevitos (sí, esos), el dildo y el anillo vibrador. Cómo le gritaste a la pobre vieja en la cara la primera vez que te hizo la brasileña y el ano. Cómo te paraban los autos preguntándote cuánto cobrabas esa noche que estabas perdida esperando que llegara la abuela al rescate en Petersham.
Porque me parece entretenido que me cuentes todas esas artimañas del ser infiel, el problema es que en todos lados te salen las locas.
No, ya nada da lo mismo. Porque cuando te arrebataron de tu casa y de tu tierra en Johannesburgo para dársela a los blancos eras sólo un niño y viste a toda esa gente muerta, acribillados por la espalda y después con Mandela la cosa no fue diferente, tus derechos nunca se reivindicaron sólo por ser café en una tierra de blancos o negros.
Porque cuando aterrizaste en Sydney esa mujer que eres ahora no sabía que vendrías a convertirte en puta.
Porque tu voluntad de querer despertar a las cinco de la mañana a rezarle a Maoma todos los días me conmueve.
Porque tu voluntad de querer salir a caminar como Siddhartha, me inspira.
Porque tu voluntad de invocar a Krishna en un eterno mantra, me da paz.
Porque tu valentía de aún predicar a un tal Jesús, me cuestiona.
Porque tu pelotudez para creer en todas las teorías conspiracionales del planeta, me supera.
Porque me puedo acostar contigo todo un fin de semana a ver los documentales de los Annunakis y fumamos yerba y me duermo y despierto cachando nada del documental.
Porque cocinas vegano, vegetariano, carnívoro en diferentes idiomas y con harta y poca sal. Pero nunca falta amor.
Porque sé que no fue fácil huir de Sri-Lanka en medio de una guerra civil mientras habían matado a cuatro de tus nueve hermanos, arrancar en bote, en esos que sólo se ven en las noticias una vez al año quizás y zarpan cada día desde Africa. Pero no los vemos.
Porque casi siento tu emoción cuando me dices que te bajaste de ese bus en medio de la calzada ese día, rumbo a la universidad. Para abrazarte con los conductores de vehículos y con la gente de otros buses. Habían derribado a Pablo Escobar.
Porque que triste era conversar con las Madres de la Plaza de Mayo en ese asilo que te tocó.
Porque tantas cosas importan, porque tú importas.
Porque un vaso de cerveza nunca contuvo tanta verdad y un pucho tanta inocencia. Sí, dije uno.
Porque tuve y tengo que volver pensar si es que quiero levantar esos libros de historia carentes de vida y dolor, de placeres y orgasmos de la reproducción humana que no se dicen.
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