Conociendo personas provenientes de muchos lugares diferentes para mi cultura, de lugares completamente inexplorados por mi.
Comienzo a entender mi superficialidad, mi espiritualidad, mi soledad.
He aprendido a decir que no al abuso.
He aprendido a caerme, llorar, pararme, sacudirme las rodillas y seguir caminando con la frente en alto.
He aprendido a saber quiénes son mis amigos, quiénes mi familia.
He aprendido a ver a la gente a la cara y saber cuándo me mienten a los ojos.
He aprendido a saber cuándo la gente se acerca a mi sólo por "copuchar" qué pasa en tu vida.
He aprendido a saber cuándo la gente no me valora por quién yo soy.
He aprendido a saber cuándo no soy amada.
He aprendido a prever el abandono de muchos que creías "amigos". Y a vivir con la desilusión de haber amado sin medidas y ser traicionada, humillada, ignorada.
He aprendido a vivir con la frustración de haber dado y ayudado en todo lo posible a alguien y que eso a largo plazo no se traduzca ni en un "gracias". He aprendido a superarlo, a perdonar porque a pesar del dolor, mi vida y felicidad eran más importantes y debía ofrecerme a mi misma la oportunidad de ser feliz y recomenzar.
He aprendido lo que es perder todas las cosas de tu vida, incluso el control de ella. Aún cuando hubo una mano que siempre tuvo el control de todo y me sostenía.
Sé lo que es despojarte de todas tus cosas materiales, de tus raíces, estar lejos de casa.
He aprendido que hice muchas cosas mal en mi vida.
He aprendido que mi personalidad en general es fuerte o puede serlo para muchas personas. Aunque hoy en día tengo ganas solo de aunar y no dividir, entregar amor y no provocar heridas.
He aprendido a valorar a mis amigos por darse el tiempo de conocerme como soy, aceptarme y amarme por quién yo soy.
He aprendido a no esperar nada de nadie, nada gigante de la vida y en algunos casos esperar lo peor. Porque aprendes a distinguir cuando las cosas toman un tono medio morado, tirado para gris oscuro que irremediablemente terminará en negro.
He aprendido a ser una persona orgullosa de creer en un Dios-universo y saber que hay un propósito para mi vida. Como decía Einstein "Dios no juega a los dados".
He aprendido lo que decía Ghandi "Si no tienes religión te aconsejo una, la verdad" y es para mi esa mi verdad. Mi amor propio y autoconfianza esparcidos o depositados en ustedes, para que crean en sí mismos, para que le crean a la vida un poco más que a la muerte.
He aprendido a sobrellevar los dogmas e imposiciones de religiones que no obedezco, a no tomar en cuenta el comentario "presumido" de "santidad" de muchas personas cercanas a mi, con dolor por no poder compartir esa visión (a mi modo) "egolatra" de "perfección". Pero también, he aprendido a respetar a todos con sus diferencias de opinión y capacidades. Y seguir creyendo en mi Dios-universo.
He aprendido a saber cuándo la gente me envidia, cuándo alguien desea que me vaya mal. Y he aprendido a decirles ¡Deseo que te vaya bien! ¡Se feliz! Poner la otra mejilla.
He aprendido a esperar algunas cosas, aún no todas, pero he aprendido a reconocer que puedo llegar a ser la persona más impaciente que pisa la tierra y que me gusta todo inmediato.
He aprendido que no soy nada, que soy muy chiquitita en este mundo, pero que desde mi pequeñez tengo la oportunidad de hacer un cambio sirviendo a los demás. Si es posible, regalando una sonrisa, un abrazo, un te quiero.
He aprendido a sobrellevar mi vocación de payaso triste, haciendo reír a los demás, haciendo el ridículo para verlos sonreír. Porque si al final del día tú sonreíste todos ganamos.
He aprendido que he aprendido muchas cosas y merezco alguien que esté a mi altura. Alguien que me sume no que me reste. Alguien que me haga reír y no llorar.
He aprendido que hay muchas cosas que no aprenderé nunca, como matemáticas por ejemplo. Pero que mis amigos serán mi extensión para entender esa parte del mundo que yo no aprendí a cubrir.
No he aprendido a mentirle a mi mamá, en general a nadie, pero he aprendido a omitir a duras penas.
He aprendido a hablar en simple y cliché para que todos entiendan. He transformado mi arte en cotidiano, porque entendí que la vida es el arte de lo cotidiano y todos estamos aquí y ahora. Las grandes metáforas requieren mentes con estudios a los que no todos tienen la oportunidad de acceder.
He aprendido que aunque sepas muchas cosas es mejor andar "siempre de hueón'" como diría Coco Legrand.
No he aprendido a callar cuando veo una injusticia, o a veces cuando tuve un secreto.
No he aprendido a hacer dieta, a ir todos los días al gym, a quedarme los Viernes en la noche en mi casa.
No he aprendido a usar ropa con grandes escotes, usar tacos todos los días me mata. Pero he aprendido que con mi kilos de más o mis kilos de menos, con mis colores chillones y mi perpetuo rosado y lila voy a ser siempre linda para los que me encuentren linda. Y aunque yo también tenga mis momentos de "no me gusto", he aprendido a transformarlo en un "no me gusto, me re-amo".
No hay comentarios:
Publicar un comentario