miércoles, 25 de mayo de 2016

Todo lo que olvidé en Invierno.-

Y van a pasar los días y se me van a olvidar las calles.... sus nombres.
Los recuerdos que en ellas habitaron.
Se me va a olvidar quien fui ahí, quien fuiste tú.
Se me va a olvidar la falta de sonrisa,
los excesos de insomnio,
la soledad de saberme acompañada y sola.

Van a pasar los días y se me van a olvidar esos detalles que tenía la pileta de Concha y Toro,
ese sonido que emitía cuando estábamos un invierno al frente de ella piteando.
Se me va a olvidar Don Raúl, sus gestos, su cojera.

Se me van a olvidar mis eternas caminatas por el Parque Forestal,
Mi árbol favorito en la Quinta Normal de los 17, ya no sé dónde está.

Se me va a olvidar ese frío de estar sentada un invierno al frente de la pileta monstruosa en Salvador.
Fumando otro porro y un cigarro para entibiar el rostro.
Para entibiar el alma.
Tomando una cerveza sola, para congelar tantas cosas.
Para olvidar tantas cosas.

Se me va olvidar ese empujoncito del tumulto matutino al subir al metro.
Se me va a olvidar la brisa de Providencia golpeando mi cara por la noche mientras voy de regreso a casa en el taxi, muy tarde y cansada porque estuve trabajando en la oficina.

Se me va a olvidar sentarme en la orilla del ventanal del departamento y ver el cerro Santa Lucía, el San Cristóbal, la Torre Entel.
¡Que bonitos estaban!
Pero ¿Sabes? Se me va a olvidar esa foto de Santiago nocturno, con sus luces tan chamulleras.

Se me va a olvidar la vista a los Sacramentinos,
era bonita esa pintura tan gótica de Santiago.
Se me van a olvidar esas ganas de llorar de emoción cuando caminaba por República sólo recordando viejos tiempos.
Esa emoción que siempre volvía, esa que parecía eterna.
Se me van a olvidar esos trozos de vida que dejé no sé a dónde.
¿Tú sabes?

Se me van a olvidar esas conversaciones en la plaza de Grajales,
Esas reuniones a pito de nada en la rotonda de la Plaza Italia a las doce de la mañana, o a las cuatro de la tarde.

Se me van a olvidar las caminatas por Matta con olor a madera.
El olor del Mercado Central a las cinco de la mañana con esa curadera.
Se me va a olvidar el olor a sopaipillas de la Estación Mapocho.
Ese olor a fritanga pobre, a fritanga con monedas de cien pesos.

Se me va a olvidar el Parque de Los Reyes, sus misterios de invierno que nadie descubrió.
Olvidaré también el Parque Bustamante, porque aunque paré poco ahí.
Era cálido en invierno, ¿Sabes?

Olvidaré los melones con vino y piscolas en el O'Higgins
Esos encuentros de amigos o de mechones en el Intercomunal.
Sí, esos que nunca terminaron bien.
Los olvidaré.

Todo lo olvidaré, como verás.

Olvidaré mis caminatas solas por el Templo de Maipú a los veinte, solo para sentir la diferencia de lo que sentía estando ahí cuando era niña.
¿Y qué era eso? Una mezcla de pobreza y hambre.
Un no saber,
Un estar despierto a un mundo que no te da nada.
Otro destierro, la marginalidad del pobre, de los niños sin esperanzas.
La hora de almuerzo para mis compañeritos más pobres.
A esos que iban a buscar a la sala a las una para sacarlos a almorzar al Templo.

Olvidaré alguna vez ese olor a tierra seca,
esa gravilla que se metía en los zapatos mientras caminabas por ese camino seco al dentista de la Tía Oli.

Olvidaré ese invierno de amaneceres en Plaza de Armas,
donde descubrí palomas mutiladas.

Olvidaré esos Viernes en el Bella,
Esos Martes en Manuel Montt,
Esos Miércoles en Lastarria,
Esos Jueves en el Parque Almagro,
Esos Lunes en el Depa,
Esos Sábados en los departamentos de amigos alrededor,
Esos Domingos de Mariscales y empieza de nuevo.
Los voy a olvidar.

Voy a olvidar haber vivido,
Voy a olvidar donde viví, ¿Sabes?
Y no es que quiera a veces olvidar todo, pero me es inevitable.

Dime, por favor quién fui.
Dónde estuve.
Dónde están esas calles que pareciera haber conocido,
pero no conozco.
Dime quién eres,
por qué te conozco,
quién fuiste, quién eres.
Dónde estuviste.

En mi vida, olvidaré tantas cosas.
Y van a pasar los días y los años y olvidaré tantas cosas.
Los rostros de las personas que he conocido,
los lugares donde he habitado,
su colores, sus fragancias, sus temores.

Y van a pasar los años y olvidaré el terror nocturno,
las pesadillas que algunas vez tuve de despertar sola en esa soledad.

He aquí ya bastante he olvidado,
Ya no sé quién era, ya no se quién fui ni dónde estuve.
Dime ¿Tú sabes?
¿Tú sabes dónde está esa niña?
¿Tú sabes dónde está esa inocencia?
¿Tú sabes dónde existen esas calles?
Yo no lo sé, yo ya lo he olvidado.






No hay comentarios:

Publicar un comentario