Muchas veces siento que arruino las cosas,
entonces lamento lo sucedido...
pido perdón, trato de arreglar de alguna manera el error que pude cometer.
Sin embargo, siempre he sido de las personas que piensan que pedir perdón no tiene sentido...
cuando el daño está hecho, pedir perdón, verdaderamente no arregla nada.
Así solo queda como subterfugio para las personas que erramos redimirnos a través del dolor,
sin ser masoquista, ni querer serlo... me refugio en los acontecimientos que me producen dolor, no por querer sentirlo, sino por ser capaz de soportar el dolor que yo misma he forjado.
Si alguien no lo entiende... vuelvo a lamentarlo...
mi moral no alcanza para más...
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