martes, 5 de mayo de 2015

Momentos.-

Pequeñas construcciones cotidianas nos llevan a determinar el momento. Momento relativo para todos. Momento circunstancial para algunos. Momento de fuerza o de inercia para algunos físicos.

Para nosotros el momento de despertar, de dormir, de comer, de estar en pareja o con amigos.
Nos dan la sumatoria de vida, nos modelan y de-construyen.
Si hoy tuve ganas de dar un paseo, quizás mañana ya no distrubuya mi tiempo para volver a ir al parque, porque ya tuve un momento para hacerlo.

Momento, muchas veces nos equivale al tiempo que empleamos en determindas cosas o circunstancias.
Pero ¿Hay algo que merezca muchos momentos de nuestra vida? ¿Hay algo que nos merezca mucho tiempo?
Analizando me he dado cuenta de que las cosas que a mi me gustaría dedicar mi tiempo casi nunca las hago, y que las que no me gusta hacer no lo decidí yo, o es imposible de dejar de hacer.

Así he pasado 9 años de mi vida en la educación básica, 4 en la educación media, 7 en educación superior.
Total 20 años.
De los cuales 16 fueron con la rutina de levantarse, vestirse ir al colegio todo el día volver a casa, estar con los padres escasas horas y luego dormir. Al otro día lo mismo.

El día de mañana cuando finalice mis estudios (si sucede el milagro).
Pasaré otros 30 o 40 años de mi vida con la rutina de levantarme, ir al trabajo todo el día, estar con la familia escasas horas y una vida conyugal apurada para alcanzar a dormir , otras escasas horas.

Es lo que el sistema de vida mundial ha determinado para mi, incluso antes del nacimiento de mis padres.
¿Y se supone que debo sentirme libre?
Y se supone que debes sentirte feliz, cuando lo que de verdad haces no es trabajar para ti, si no para el sistema, para tratar de que siga siendo funcional y así puedan seguir existiendo más y más generaciones de los mismos seres insatisfechos.

Hoy llena de nostalgia, me siento sobre poblada de fantasmas y visiones finitas de lo que ya fue o existío, de lo que no volverá, no es lo mismo que pensar que "todo tiempo pasado fue mejor", si no la futura nostalgia de lo que evidentemente ya no podrá ser ni será. Esta melancolía me envuelve y encarna. Dejandome a mi a un lado construída por lo que viví y percibí y al otro lado todo el olvido completo por los no-recuerdos, todo lo que fuí y no recuerdo y no imagino si quiera que " pasé" ," estuve" o "dije" tal o cual cosa.

Esta melancollía de momentos me invade, me inunda, me gusta.
Me sumerge más allá de la primera conciencia, donde todo mi yo es omniciente, omnipresente, testarudo y barato... inconciente, natural.

Momentos tuyos, míos, para él para ella.
A quién le importa?

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