martes, 5 de mayo de 2015

Se Desespera...

(Tristán sentado esperando abordar… con un café en mano y leyendo como hipnotizado “El Túnel” de Ernesto Sabato; todos los pasajeros alrededor de él parecen ignorarlo, de pronto se acerca María y se sienta a su lado, observando incesantemente a Tristán).

TRISTÁN: (levantando la cabeza) ¿Podrías ser tan amable y dejar de mirarme como si no me conocieras, como si quisieras saber lo que estoy pensando?

MARÍA: Sí, sí podría.

TRISTÁN: (con tono irritado) Entonces hazlo por favor, porque ya comienzas a desesperarme.

MARÍA: (tranquila, muy tranquila) Tú eres quién se desespera solo, hoy haz andado todo el día como paranoico.

TRISTÁN: (agresivo) Y tú haz andado todo el día como persiguiéndome.

MARÍA: (en defensa propia) Y tú haz estado todo el día abstraído en eso, ese libro que haz leído como cinco veces.

TRISTÁN: ¿Y te importa?

MARÍA: No, no me importa pero me es desagradable.

TRISTÁN: (sarcástico) No puedes imaginarte como no puedo lamentarlo… me parece muy, muy triste de tu parte…

MARÍA: (irónica) ¿Triste cómo qué…?

TRISTÁN: (obstinado) Triste como todos los recuerdos que me trae ésta novela…

MARÍA: ¿Y qué clase de recuerdos serán esos para que te parezcan tristes…?

TRISTÁN: De todo tipo, pero frecuentemente me aflora una náusea…

MARÍA: ¿Y qué tipo de recuerdo es ese?

TRISTÁN: Desde el más obsceno, hasta el más grotesco…

MARÍA: (Burlona) Pobre Tristán, siempre igual… ¿Y qué cosas hoy nos parecen obscenas o grotescas? O mejor dicho… ¿Qué cosas son grotescas y obscenas en tu opinión?

TRISTÁN: (relajándose) Hoy por ejemplo me pareció muy grotesco abrir el diario, ir al puzzle y que dijera “miembro viril” y a su costado cuatro espacios, para poner cuatro letras y escribir nada más ni nada menos que pene…

MARÍA: (se ríe) Era solo un puzzle…

TRISTÁN: (exaltándose) ¿Era sólo un puzzle? ¿Era sólo un puzzle? ¿Sabes a cuantos millones de personas llegó ese puzzle? ¿Sabes cómo es capaz de construir un puzzle como ese a un sujeto de personalidad baja?

MARÍA: No, por supuesto que no lo sé…

TRISTÁN: Entonces no me digas por favor que: “era sólo un puzzle”… es el puzzle más grotesco en años…

(Se produce un silencio)

MARÍA: En mi opinión no es grotesco…

TRISTÁN: Tu opinión es sencillamente obscena… porque no entiendes aún este sistema… y lo más obsceno es que prefieres ignorar todo…

MARÍA: ¿Y eso es obsceno?

TRISTÁN: Es tan obsceno como la historia de la predestinación, tan obsceno como la existencia de un cielo o un infierno, como la historia de un dios y hallarnos aquí y ahora sin ninguna razón por qué seguir, por qué existir… Y por favor no me digas que eso no es obsceno… porque, ¿sabes? Me da náuseas pensar en todo esto, analizar este mundo y darme cuenta de tan tremenda construcción social, ética, moral… desprovista de sentido, pendiendo de un hilo, de miles de historias y sólo historias… de que tú estás aquí y sólo estás porque debes estar…

MARÍA: Tristán, te diré algo… no es el momento, para que tengamos ésta conversación… no es el lugar…

TRISTÁN: No me importa, ¿sabes por qué? Porque para ti, nunca es el momento, nunca es el lugar para que yo deposite en ti mis verdaderas problemáticas… para que yo te diga lo que estoy pensando o se me ocurra mencionar que no le encuentro sentido a nada…

MARÍA: No es verdad…

TRISTÁN: Es verdad, tú prefieres ignorar mis cuestionamientos… porque contrastan profundamente con tu manera de ver las cosas… ¿crees que no me doy cuenta? A eso es a lo que me refiero cuando digo que tú prefieres ignorar todo… y además que me parece obsceno de tu parte…

MARÍA: No es verdad las cosas no son como tú crees…

TRISTÁN: Las cosas son siempre como uno cree, porque uno las crea… las observa, las vive… no vas a venir tú a decirme a mi qué es lo que yo creo…

MARÍA: Entonces tú tampoco debieras hacerlo…

TRISTÁN: No lo hago, lo que estoy haciendo es decir lo que creo de lo que tú crees… no lo que tú crees…

MARÍA: Yo creo que tú te equivocas conmigo, que me juzgas y no tienes razones suficientes… porque si te he dicho que no es el momento es porque estamos en un aeropuerto, en la sala de embarque, son las tres de la mañana, vamos de vacaciones y no tengo ningún ánimo en absoluto de discutir… pero me irrita que hayas estado todo el día leyendo; sabiendo que hoy viajaríamos, que había un enorme listado de cosas que hacer y a ti tan sólo se te ocurre leer, todo el día te he estado diciendo, sal del sofá, quitate de la cama, déjame ver que ropa debes llevar… ¿te das cuenta? Por leer ese libro hoy no haz cooperado en nada… ¿Cómo quieres que me sienta? Si no haz aportado en nada…

TRISTÁN: Yo creo que conversar contigo ya no tiene ningún sentido, siempre tienes excusas… siempre hay algo que hacer, que sucede, que no pensar o no hablar… y lo detesto, detesto que estando conmigo te sea tan fácil ignorarme. Detesto que te burles de mí, por lo que pienso, por lo que me irrita.

MARÍA: ¿Y que piensas hacer?

TRISTÁN: ¿Sabes? Me encantaría que la pregunta fuese al revés… y que me dijeras ¿qué debo hacer para revertirlo? Pero es imposible, porque tú no enfrentas las cosas y yo lo sé, y me resigno…

MARÍA: ¿Por qué dices todo esto? La vida es simple, siempre te lo he dicho, es mejor de lo que pensamos… debes dejarte llevar por todas las cosas que van apareciendo en el camino…
TRISTÁN: ¿Cómo eres capaz de decirme eso? Sabes lo que pienso de la vida, sabes que detesto esa facultad que tú si tienes, de perder el control de las cosas, de que todo dé lo mismo… no soy un sonámbulo, necesito vivir de claridades, lo más despierto posible.

MARÍA: Ese afán es lo que te enloquece cada día más…

TRISTÁN: Ese “afán” como dices tú me permite estar vivo… pero ya da lo mismo, estamos encasillados en una discusión que tú no entiendes, y que al público de ésta noche le parece aburrida…

(Silencio)

MARÍA: ¿Qué harás?

TRISTÁN: ¿Qué quieres que haga?

MARÌA: Que te controles… no puedes andar como un loco por la vida, influenciado por un libro, porque te hace recordar quién sabe qué cosas…

TRISTÁN: ¿Sabes lo que recuerdo…?

MARÌA: No, no lo sé…

TRISTÁN: Recuerdo que hace un año atrás, este mismo día nos encontramos aquí… y te conocí… me hablaste, y me dijiste que te gustaba mucho el libro que leía…

MARÌA: Por supuesto, el libro que leías es muy bueno…

TRISTÁN: No quería hablarte pero lo hice… me llamó tanto la atención que te fijaras en el libro que quería saber tu opinión… (Se ríe). He pasado un año junto a ti, tratando de conocer tu opinión…

MARÌA: (consternada) No entiendo nada…

TRISTÁN: Gracias… no sabes cuanto tiempo esperé que dijeras eso…

MARÌA: Deja esa actitud por favor…
TRISTÁN: Al volver a Chile y salir contigo me dijiste que conocerme era sensacional… me hablaste de tus gustos, de tu vida…. Hasta que lograste que yo me sintiera tan cómodo contigo.

MARÌA: Yo he sido muy feliz contigo… me encantas, me encanta tu forma de ver las cosas, pero debes saber que no siempre es posible vivir así, me doy cuenta que estás mal… y he estado tratando de hacerte ver otras cosas…

TRISTÁN: Otras cosas…

MARÌA: Tristán, estás muy obsesionado con tus ideas…

TRISTÁN: Sí, lo estoy… a tal punto que aún espero que me hagas tu comentario sobre el libro… aún esperaba que me dijeras “no entiendo nada”…

MARÌA: Esas son cosas sin importancia…

TRISTÁN: No lo son… Porque he estado deseando un año, que pudieras entenderme, y que supieras lo que es no entender nada… Y hoy al leer este libro me he dado cuenta de tantas cosas…

MARÌA: (dolida) No sabes cuanto lo siento…

TRISTÁN: No, no lo sé… pero esto ya no tiene sentido… hablamos de un amor… de un complemento, de un deseo… y no conocemos eso… no lo conocemos más que a su esperanza…

MARÌA: ¿Por qué dices estas cosas?

TRISTÁN: Porque no puedo seguir fingiendo que soy feliz junto a ti… esperando que me entiendas… que lleguemos a un acuerdo… no puedo seguir…

MARÌA: Pero este viaje es en celebración a nuestra unión… ¿Qué dices?

TRISTÁN: Digo que todo esto me parece un farsa, un juego de niños, de tontos… de saber quién es quién… sin saber absolutamente nada el uno del otro…

MARÌA: Pero yo te amo... yo creo que sé quién eres…

TRISTÁN: No lo sé yo, ¿cómo podrías saberlo tú?

MARÌA: Estás cansado… debes tenderte un rato, cuando despiertes te darás cuenta que las cosas son de otra forma…

TRISTÁN: Cuando despierte tú no estarás a mi lado…

MARÌA: Basta…

TRISTÁN: (muy triste, mirando hacia el suelo… casi enloquecido) No puedo, lo siento, me desespera…

MARÌA: ¿Qué dices?

TRISTÁN: Está claro, no viajo… no viajo contigo… no puedo más…(silencio) ¿recuerdas esta cita? (abriendo el libro) “…la frase: “todo tiempo pasado fue mejor” no indica que antes sucedieran menos cosas malas, sino que –felizmente- la gente las hecha al olvido…” ¿la recuerdas?

MARÍA: (asintiendo con el rostro) Sí, la leíste cuando pasábamos un día por Tobalaba con Providencia… y a una señora la atropellaron, y mientras mucha gente se acercaba para saber que pasaba o tratar de ayudar, alguien dijo… “Buu’ no hay tanta sangre”…

TRISTÁN: Sí, la recuerdas…(se calla)… solo una cosa antes de irme… ¿Te parece obscena o grotesca aquella reacción?

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