
"Los intercesores" pensó otra vez, hamacándose con Babs q estaba completamente borracha y lloraba en silencio escuchando a Bessie, estremeciéndose a compás o a contratiempo, sollozando para adentro para no alejarse por nada de los blues de la cama vacía, la mañana siguiente, los zapatos, los charcos, el alquiler sin pagar, el miedo a la vejez, imagen cenicienta del amanecer en el espejo a los pies de la cama, los blues, el cafard infinito de la vida. "los Intercesores, una realidad mostrándonos otra, como los santos pintados que muestran el cielo con el dedo. No puede ser que esto exista, que realmente estemos aquí, que yo sea alguien que se Llama Horacio. Ese fantasma ahí, esa voz de una negra muerta haca veinte años en un accidente de auto: eslabones en una cadena inexistente, cómo nos sotenemos aquí, cómo podemos estar reunidos esta noche si no es por un mero juego de ilusiones, de reglas aceptadas y consentidas, de pura baraja en las manos de un tallador inconcebible..."
- No llorés - le dijo Oliveira a Babs, hablándole al oído - No llorés, Babs, esto no es verdad.
- Oh, sí , oh sí que es verdad - dijo Babs sonándose- . Oh , sí que es verdad.
- Será - dijo Oliveira besándola en la mejilla - pero no es la verdad.
- Como esas sombras - dijo Babs, tragándose los mocos y moviendo la mano de un lado a otro- y uno está tan triste, Horacio, porque todo es tan hermoso.
Julio Cortázar; Rayuela...
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