martes, 5 de mayo de 2015

Sin más...

Dolía ver de cerca la sonrisa que se transformó en calavera,
cómo rodaba cuesta abajo, llenándolo todo de un lúgubre instinto...

El abrazo fraterno convertido en puñal,
la carencia de lo básico espantando el ansia de creernos mejores.
De soñarnos distintos en un mundo de cuarzo.
En un mundo celeste, opacado por la sombra de una mariposa nocturna que se posó en tu ampolleta.
En la de tu mundo pequeño, construído con cajitas de fósforos.
Sobre el mediodía de tu regazo, de tu piel y los amaneceres de escarcha.

Sonaba fraudulenta la palabra incrustada en los labios,
esa que siempre repetías.

Parecía tan difícil despojarse de esa sonrisa, enfrentar la calavera.
Parecíamos tan distantes en ese momento después del beso.
Parecía que mil universos paralelos conspiraban en ese minuto de silencio.
No eran los días, no.

Todo mutaba tristemente a la calavera.
Y los universos nos arrastraban y nos deglutían mientras nos devoraban.
Y ya no todo era celeste en este mundo, ni estaba cubierto por la sombra de tu mariposa nocturna.

Los colores frenéticos surgieron de este engendro de mundo,
que me engendró en su vientre y me alimentó de colores,
trescientos días, trescientas noches.
Este nuevo universo que me absorvío hacia mis culpas,
hacia un horizonte infinito, aún no descrito...
Este engendro que me pare cada noche cuando recuerdo tu nombre,
que sigue mis huellas
y se burla de mi porque sabe que me escabullo,
que huyo rápido...
pretendiendo volver a la sonrisa, buscando ese mundo de cuarzo.
Buscando retroceder la evolución.
Para un destino incierto, para otro desencuentro, para un "no sé".

Dolía ver de cerca tu sonrisa...

No hay comentarios:

Publicar un comentario