Dormíamos en un parque,
tranquilamente creíamos todos , sabíamos que no habría prisa intempestiva, que
no dejara fraguar la paz que se asomaba tranquilamente… pero todo lo que
creíamos era falso, porque habíamos decidido dejar toda la verdad oculta y
olvidada; en realidad, sí habían prisas, en realidad en el aire se colaba
inminentemente la prisa que poseía nuestros cuerpos.
Inevitablemente avanzábamos entre
túneles y caminos oscuros, desconocidos para nuestros ojos nuevos. De la vida
sabíamos del amor y la locura, pero no conocíamos más que su leyenda…
conocíamos el dolor y las heridas, aún recordábamos cada momento al mirar
nuestro lacerado cuerpo. Caminábamos
cargando el estigma de “no poseer” un destino… la oscuridad de los
túneles cegaba cada vez más nuestro ojos mudos… inauditos mundos que se
revelaban delante del tiempo, desbarataban el misterio y asustaban el espíritu
que inquiría descanso. Perpleja y agotada estaba nuestra alma, las nubes de
ensueño se transfiguraban dibujando pesadillas que se acercaban para tocar el
sueño pareciendo cada vez más reales.
Dolían las ganas, la rudeza, el
orgullo, y nuestra alma inanimada, le gritaba a los transeúntes ¡Me seduce! ¡Me
seduce! ¡Retórica hedonista! ¡Calla! Una, otra vez; tantas veces; parecía un
fantasmagórico holograma… taciturna está la vida… nada de nada…
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