Fue
el derrumbe de las emociones,
Como
un sutil y escalofriante espanto…
Como
un sueño de desmesura,
Como
una tragedia cómica y añorada…
Sin
escapatoria, sin culpas, sin conciencia.
Le
palpé su frente,
Mientras
se acercaba más y más a los abismos.
Temblaba
en llanto, cargaba rosas negras…
Se
encendían estrellas en el cielo,
Astros
que nunca cesan…
La
emoción ingrata del deseo se inmiscuía,
Todo
circundante ardiente de dolor,
Dibujo
una sombra, la acariciabas tiernamente.
Mientras
ataste mis manos,
Mis
pies, mis caderas al infinito…
Lúgubremente
el telón del artificio flameaba…
Sollozante,
embriagado de deseo…
Tus
ojos se traslucen desde la partida,
Y
si todo tiende al caos, caeré inefablemente.
La
risa aciaga se presenta más amarga que nunca
Hacia
lo terriblemente insondable,
Hacia
mis mundos, hacia tus mundos,
Hacia
otros mundos…
Carece,
carece…
Y
la vida tiende desde el musgo al paraíso,
Las
fuerzas no se tienen si se apagó el umbral de ensueño…
Fue
el quiebre del silencio, de la ternura,
Del
amor, de la inocencia, del egoísmo…
Nos
conocimos hace tiempo,
Cuando
pusiste tu dedo en mi nariz,
Cuando
llovió incesantemente aquel invierno.
Tus
ojos se traslucen, como una estela…
Aquel
suceso fue un derrumbe…
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