lunes, 18 de abril de 2016

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Fue el derrumbe de las emociones,
Como un sutil y escalofriante espanto…
Como un sueño de desmesura,
Como una tragedia cómica y añorada…
Sin escapatoria, sin culpas, sin conciencia.
Le palpé su frente,
Mientras se acercaba más y más a los abismos.
Temblaba en llanto, cargaba rosas negras…
Se encendían estrellas en el cielo,
Astros que nunca cesan…
La emoción ingrata del deseo se inmiscuía,
Todo circundante ardiente de dolor,
Dibujo una sombra, la acariciabas tiernamente.
Mientras ataste  mis manos,
Mis pies, mis caderas al infinito…
Lúgubremente el telón del artificio flameaba…
Sollozante, embriagado de deseo…
Tus ojos se traslucen desde la partida,
Y si todo tiende al caos, caeré inefablemente.
La risa aciaga se presenta más amarga que nunca
Hacia lo terriblemente insondable,
Hacia mis mundos, hacia tus mundos,
Hacia otros mundos…
Carece, carece…
Y la vida tiende desde el musgo al paraíso,
Las fuerzas no se tienen si se apagó el umbral de ensueño…
Fue el quiebre del silencio, de la ternura,
Del amor, de la inocencia, del egoísmo…
Nos conocimos hace tiempo,
Cuando pusiste tu dedo en mi nariz,
Cuando llovió incesantemente aquel invierno.
Tus ojos se traslucen, como una estela…

Aquel suceso fue un derrumbe…

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