Con
tanta dulzura y tanta terquedad,
Me
cuestiono una vez más mi altanería.
La
que viene a servirme como un siervo infeliz
La
mesa de comida.
Te
dije que callaras,
No
lo hiciste,
Optaste
por ponerme en discusión con mis instintos,
Una
vez más,
Te
dije silencio…
Pero
no quisiste oír.
Gracias
a los distractores,
A
nadie le importó esta tarde,
La
risa sarcástica,
La
mirada prejuicial,
Las
palabras despectivas.
Gracias
a la impaciencia,
O
ansiedad.
Nadie
observó la pulcritud de tus palabras insidiosas.
La
zozobra de tu forma de modular.
El
resplandor ambiguo de esos ojos
Que
quisieran destellar verdad.
Me
confrontas con mi sombra.
Eres
mi luz, mi oscuridad.
Dibujas
una careta de sencillez,
Me
hundes una vez más en tu llanto procaz.
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