Abrigo
la nostalgia que pena?
Pide
atención… pide tiempo…
Pide
abrigo.
¿Por
qué he de dárselo?
No
se lo daré.
La
abandono, la postergo, le digo que se largue.
Me
pongo de pie,
Me
doy media vuelta, me marcho abandonándola,
Se
lo advertí.
Se
pone de pie, no la escucho…
Me
apuñala por la espalda,
Caigo
de rodillas, turbada y sangrante…
Me
apuñala una vez más…
Y
susurra <<piedad>>…
La
daga que penetra fría y suavemente,
Desdibuja
mi sonrisa, me hace doler
Entonces
hay lágrimas en mis ojos.
Saca
su puñal y lo clava nuevamente,
Ya
son tres… mientras nuevamente escucho <<piedad>>.
La
ignoro casi delirante…
¿Te
parece intrascendente?
Seca
mis lágrimas,
El
puñal de la muerte sangra como mis heridas,
Lo
seca en mis cabellos, lo pasa por mi rostro.
¡¿Te
parece intrascendente?!
Y
me desvanezco de espaldas…
La
nostalgia me mira…
El
temblor de mi cuerpo pareciera agradarle.
Se
inclina a mi costado
Me
mira levemente…
Estás
herida me reclama,
¡Estás
herida! Me grita.
Acaricia
mi rostro con su puñal,
Lo
posa en mis ojos, en mis labios…
Bebe
su dulzura y calla.
Y
me duele el tiempo que es infinito,
Y
es la hora de mi muerte, me doy cuenta.
La
sangre que no cesa de esparcirse tibia
Me
impregna de fragancias,
Son
la rosas, los claveles, los aromas de mi muerte.
¡Estás
herida! Me grita.
Levanta
nuevamente el puñal.
Cierro
los ojos para no mirar mi deceso.
Escucho
el puñal que cae lejos del espacio en donde yazco moribunda.
Me
abraza con piedad…
Pobrecita…
pobrecita…pobrecita…
Debemos
abrigarte repite incontables veces,
Debemos
abrigarte.
Se
arrulla en mis rodillas,
Mientras
mi temblor se atenúa junto con mi respiración.
Es
la nostalgia asesina.
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