lunes, 18 de abril de 2016

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Abrigo la nostalgia que pena?
Pide atención… pide tiempo…
Pide abrigo.
¿Por qué he de dárselo?
No se lo daré.
La abandono, la postergo, le digo que se largue.
Me pongo de pie,
Me doy media vuelta, me marcho abandonándola,
Se lo advertí.
Se pone de pie, no la escucho…
Me apuñala por la espalda,
Caigo de rodillas, turbada y sangrante…
Me apuñala una vez más…
Y susurra <<piedad>>…
La daga que penetra fría y suavemente,
Desdibuja mi sonrisa, me hace doler
Entonces hay lágrimas en mis ojos.
Saca su puñal y lo clava nuevamente,
Ya son tres… mientras nuevamente escucho <<piedad>>.
La ignoro casi delirante…
¿Te parece intrascendente?
Seca mis lágrimas,
El puñal de la muerte sangra como mis heridas,
Lo seca en mis cabellos, lo pasa por mi rostro.
¡¿Te parece intrascendente?!
Y me desvanezco de espaldas…
La nostalgia me mira…
El temblor de mi cuerpo pareciera agradarle.
Se inclina a mi costado
Me mira levemente…
Estás herida me reclama,
¡Estás herida! Me grita.
Acaricia mi rostro con su puñal,
Lo posa en mis ojos, en mis labios…
Bebe su dulzura y calla.

Y me duele el tiempo que es infinito,
Y es la hora de mi muerte, me doy cuenta.
La sangre que no cesa de esparcirse tibia
Me impregna de fragancias,
Son la rosas, los claveles, los aromas de mi muerte.

¡Estás herida! Me grita.
Levanta nuevamente el puñal.
Cierro los ojos para no mirar mi deceso.
Escucho el puñal que cae lejos del espacio en donde yazco moribunda.
Me abraza con piedad…
Pobrecita… pobrecita…pobrecita…
Debemos abrigarte repite incontables veces,
Debemos abrigarte.
Se arrulla en mis rodillas,
Mientras mi temblor se atenúa junto con mi respiración.

Es la nostalgia asesina.

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