lunes, 18 de abril de 2016

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Que pequeños somos dentro de este universo constante.
Que inmenso es el silencio.
Grandes sombras de los hemisferios desconocidos nos rodean sin ser asimilados.
El pasadizo más letal que el de la muerte…
La ignorancia de lo que somos.
Los túneles opacados por la pesadumbre
Son solo luz de la verdad incorruptible.
Bestias inconscientes de de su existencia
Mueren deseando comer para poder acudir a sus refugios.

Mientras acorazados corazones se ignoran mutuante.
Siendo todo desconocido para todos.
Siendo todo grandioso para todos.
Siendo todos los dueños de todo.
Ajenos a la vida, encapsulados en nuestra ilusión imperecedera.
Soñamos ser felices sin sentido grato.
Y los niños no son más que otro flujo inconsciente de vida.
Como el agua que corre por el deslizadero.
Lo veo todo tan lleno de vida,
Lo veo todo tan inconsciente de su propia vida
Que en los segundos anteriores puedo percibir lo inevitable que puede ser nuestro deceso,

Entregarnos a la muerte sin siquiera haber poseído una existencia.

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