Que
pequeños somos dentro de este universo constante.
Que
inmenso es el silencio.
Grandes
sombras de los hemisferios desconocidos nos rodean sin ser asimilados.
El
pasadizo más letal que el de la muerte…
La
ignorancia de lo que somos.
Los
túneles opacados por la pesadumbre
Son
solo luz de la verdad incorruptible.
Bestias
inconscientes de de su existencia
Mueren
deseando comer para poder acudir a sus refugios.
Mientras
acorazados corazones se ignoran mutuante.
Siendo
todo desconocido para todos.
Siendo
todo grandioso para todos.
Siendo
todos los dueños de todo.
Ajenos
a la vida, encapsulados en nuestra ilusión imperecedera.
Soñamos
ser felices sin sentido grato.
Y
los niños no son más que otro flujo inconsciente de vida.
Como
el agua que corre por el deslizadero.
Lo
veo todo tan lleno de vida,
Lo
veo todo tan inconsciente de su propia vida
Que
en los segundos anteriores puedo percibir lo inevitable que puede ser nuestro
deceso,
Entregarnos
a la muerte sin siquiera haber poseído una existencia.
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