Nuestro cuerpo pide ser, pide ritmo.
Pero la seda acuciosa del descanso
penetra las hendijas, y ya no nos importa más… y nos cubre, nos envuelve y lo
tapa todo… ¿qué hacemos? ¿La destruimos? ¿Nos sometemos a su lúgubre descanso?
La seda negra nos olvida, nos aparta, nos divide… y ya bajo ese manto
prolongamos la memoria, tendemos sueños hacia los recuerdos, buscando vitalidad
y pensando la miseria… entonces no hay más… no somos, ¿qué queremos? ¿Qué
pretendemos? La ciudad descansa de sus convulsiones entre la noche negra… las
calles transmutan a pasadizos indefinibles, abstractos… la conciencia descansa
de libertad, de amor, de locura, de sueños, de logros; pero el espíritu se
queja… siente la incomodidad y balbucea <<vida>>… los ríos del ser
lejanos están para pretender sumergirnos en ellos, es entonces en ese momento cuando
la seda aprieta, oprime el pecho, asfixia a cuantos inanimados elementos piden
sentido y razón. La fortaleza sucumbe, la <<vida> sucumbe… ante las
presiones de la seda.
Caemos… lento, seguro, angustiante y
mortal… lloramos, rehuimos, clamamos, y nos detenemos… es la seda; nos empaña
la vista, vemos el negro tan cercano que pensamos <<muerte>>, no
distinguimos tiempo ni espacio, personas ni sustancias, lugares ni recuerdos;
seguimos cayendo, más fuerte pero igual de seguros… moriremos, sin remedio quizá…
¿moriremos? Es la seda, es la maldita seda, su espesura, su presencia… lo que
envuelve, lo que tapa, lo que oculta, es el negro, es la muerte.
Pero el fondo abisal descubre
análogamente un deseo, una lucha, y entre lo negro y el descanso difícilmente
muestra la vida atisbos de locura; fecundidad de estar. La caída pusilánime,
destierra análogamente el deseo… aflora la paradoja, y la seda se desenvuelve,
pero nos deja el cansancio, un cuerpo debilitado… solo caos y confusión,
desorden y prisas, corren por la piel, y la seda retrocede, con ella el
descanso y su agobiante pereza de entregarse al no ser… pero el abismo no tiene
fondo, ¿moriremos? ¿Moriremos conociendo una vida más vida sin conocerla? La
mente negra, la confusión oscura, el tenue abismo de pronto nos permite
entrever la luz de las alas de un ángel, se llama amor, y de pronto ya es, lo
sabemos y está, lo vivimos, la esperanza está en el alma.
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