lunes, 18 de abril de 2016

< < NEGRO > >

Nuestro cuerpo pide ser, pide ritmo.
Pero la seda acuciosa del descanso penetra las hendijas, y ya no nos importa más… y nos cubre, nos envuelve y lo tapa todo… ¿qué hacemos? ¿La destruimos? ¿Nos sometemos a su lúgubre descanso? La seda negra nos olvida, nos aparta, nos divide… y ya bajo ese manto prolongamos la memoria, tendemos sueños hacia los recuerdos, buscando vitalidad y pensando la miseria… entonces no hay más… no somos, ¿qué queremos? ¿Qué pretendemos? La ciudad descansa de sus convulsiones entre la noche negra… las calles transmutan a pasadizos indefinibles, abstractos… la conciencia descansa de libertad, de amor, de locura, de sueños, de logros; pero el espíritu se queja… siente la incomodidad y balbucea <<vida>>… los ríos del ser lejanos están para pretender sumergirnos en ellos, es entonces en ese momento cuando la seda aprieta, oprime el pecho, asfixia a cuantos inanimados elementos piden sentido y razón. La fortaleza sucumbe, la <<vida> sucumbe… ante las presiones de la seda.


Caemos… lento, seguro, angustiante y mortal… lloramos, rehuimos, clamamos, y nos detenemos… es la seda; nos empaña la vista, vemos el negro tan cercano que pensamos <<muerte>>, no distinguimos tiempo ni espacio, personas ni sustancias, lugares ni recuerdos; seguimos cayendo, más fuerte pero igual de seguros… moriremos, sin remedio quizá… ¿moriremos? Es la seda, es la maldita seda, su espesura, su presencia… lo que envuelve, lo que tapa, lo que oculta, es el negro, es la muerte.



Pero el fondo abisal descubre análogamente un deseo, una lucha, y entre lo negro y el descanso difícilmente muestra la vida atisbos de locura; fecundidad de estar. La caída pusilánime, destierra análogamente el deseo… aflora la paradoja, y la seda se desenvuelve, pero nos deja el cansancio, un cuerpo debilitado… solo caos y confusión, desorden y prisas, corren por la piel, y la seda retrocede, con ella el descanso y su agobiante pereza de entregarse al no ser… pero el abismo no tiene fondo, ¿moriremos? ¿Moriremos conociendo una vida más vida sin conocerla? La mente negra, la confusión oscura, el tenue abismo de pronto nos permite entrever la luz de las alas de un ángel, se llama amor, y de pronto ya es, lo sabemos y está, lo vivimos, la esperanza está en el alma.


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