miércoles, 27 de abril de 2016

Where you from?

Cuando caminas por  Sydney, aprendiendo a vivir a duras penas.  “Where you from?”  Es la pregunta más recurrente que pudiera venir a tus oídos, hacia tu persona.
Querer explicarlo, debiera ser sencillo. Chile, dices a destajo.
Pero a veces pienso, si es más ofensiva la pregunta o la respuesta. Muchas de las personas que osan preguntar, ni siquiera saben dónde queda Chile, aunque les explicas que es en Sudamérica no entienden. Entonces, si tienes tiempo para explicarles y un mapa lo haces, si no… da lo mismo.
¿Te interesa de dónde vengo? ¿Te interesa de dónde soy? Náahh, no… no lo creo.
Entonces para qué me preguntas.
A mi rara vez me interesa de dónde vienen las personas.  No me gusta preguntar, normalmente no lo hago.  A modo de excéntrico ejemplo diré que una vez estuve saliendo con un chico de  África, cada vez que salíamos juntos y la gente le preguntaba Where you from? Él respondía el nombre de su país, explicaba algunas cosas culturales sobre él. La verdad es que yo recuerdo muy  poco de las historias que él contaba, casi nada. Pero nunca pude entender el nombre del país que él nombraba, por su pronunciación y porque si de algo estaba segura es que “ese país” era algo que nunca antes había escuchado en mi puta vida. Luego de la primera vez que salimos juntos fue así, entonces, sencillamente tomé la decisión de pasar ese detalle por alto. Siempre pretendí saber de dónde él venía, pero no era cierto, lo cierto era que no me importaba en lo más mínimo. Hasta el día de hoy es así.
La gente también pretende que les interesa de dónde vienes, pero no es cierto, es algo que ya solamente está instaurado en esta cultura, algo que va de la mano con decir Hello! Y es entendible en un país tan multicultural. A lo mejor, yo soy demasiado cascarrabias a veces, o extraña para que en cierto punto la pregunta me ofenda.
Where I come from? A mis 29, ya no es sencillo de responder. He visto mucho, siendo incluso que nunca acreditaba a esas personas adultas que se jactaban de todo el conocimiento que tenían de la vida. Sin embargo, siempre de alguna forma, siendo muy joven pensé que sabía cómo hacer las cosas. Cuando era más joven sobre todo, entre mis 19 y 25 años era una persona muy impetuosa y testaruda. Por un lado eso era bueno, porque tienes mucha energía para hacer cosas y luchar, por otro lado eso te cansa con los años y te frustras de tantos intentos fallidos por vivir. He aquí estoy en la ventana de mis 30 casi amoldada a esta vida apacible, queriendo que las cosas sean lo más sencillas posibles, diciendo no al drama, evadiendo responsabilidades extras, evadiendo subir al Everest, tratando de mantener un estándar plano y sin extra exigencias. Estoy a estos cortos años quedando sin aliento para una subida más a esa montaña rusa, decepcionada. Y ¿A quién le importa?
¿A quién le importa de dónde viene ese cansancio? ¿A quién le importa de dónde viene mi decepción con el mundo? ¿A quién le importa de dónde viene mi decepción con las personas? ¿A quién le importa dónde obtuve esas cicatrices que yacen en mi cuerpo y alma? ¿A quién le importa lo frustrada que pueda sentirme hoy día? ¿A quién le importa mis tropiezos y caídas? ¿A quién le importan mis fallidos intentos por ponerme de pie una y otra vez? ¿A quién le importa mi falta de oxígeno para intentar otra subida al Everest? A nadie, por lo menos a ninguna de esas personas que conozco  a buenas y primeras.
De todos modos quiero retomar el punto de las jactanciosas personas adultas que hablaban de la vida, a quienes nunca escuché. Para enfatizar que cuándo yo digo “he visto mucho”, no significa que lo he visto todo o creo saberlo todo. Simplemente, es para hacer énfasis de que creo que he visto suficientes cosas para sentirme agobiada. O más que eso, cansada y a veces abatida. Pero quizás como todos nosotros, todos hemos visto malas cosas y tenido malas experiencias, yo a estas alturas no me considero  más que otras personas.

Yo vengo de un lugar muy malo, de pequeña crecí en una de las emergentes poblaciones de Maipú. “La San Luis IV”, casas sociales que fueron construidas durante el gobierno de Pinochet.
En Maipú existen cinco poblaciones llamadas San Luis, son los peores barrios de la comuna la IV y la V. Bueno, yo crecí en la IV.
Cuando era niña recuerdo que casi todo o prácticamente lo único que teníamos alrededor eran potreros, podías caminar diez minutos y encontrarte en la granja de alguien comprando leche de vaca. De hecho con mi mamá y hermano mayor hacíamos eso, íbamos a comprar leche de vaca con nuestras botellas y esperábamos a que el caballero ordeñara la vaca para darnos la leche. De niña mi mundo era muy pequeño, lo más lejos que íbamos era a la casa de la abuela en Quinta Normal o lo más lejos que iba era con mi tía los Domingos a la iglesia a la que asistíamos en Lo Prado. Pare de contar.

La vida en la población era difícil, en el sentido de que existió siempre mucha delincuencia. Mi mamá y papá siempre lucharon por mantenernos apartados de eso, pero muchas veces eso se traducía en no tener amigos porque todos los niños del barrio en cierta forma eran un peligro inminente, no todos, pero la mayoría venían de familias con muchos problemas. Pienso lo que estoy escribiendo y me siento súper discriminativa, yo no crecí en una familia discriminadora ni soy una persona discriminadora en absoluto, pero lo riesgos de esos barrios eran muchos y ese era el tipo de discriminación que debías aplicar a la hora de tener a tus amigos. Espero estar dándome a entender.

Recuerdo que mi papá y mamá tenían un almacén en la casa cuando éramos pequeños y estábamos recién llegados a la población, el almacén con el tiempo creció. Pero cuando mi hermano menor estaba recién nacido, una noche mamá estaba haciéndonos dormir en el segundo piso. De pronto, escuchamos un grito de mi papá que la llamaba ¡Negra, Nancy! Yo recuerdo perfectamente que estaba quedándome dormida, de hecho luego de ese grito dormí. Mi mamá fue a ver a mi papá. Habían entrado al almacén a asaltarlo con una pistola y se robaron todo lo que tenía. Mi papá entregó todo,  mis dos hermanos, mi mamá y yo estábamos en el segundo piso. Me imagino el sentimiento de vulnerabilidad al que mi papá debe haberse sentido expuesto.

Los días Viernes y Sábados en la población no se dormía, la gente en las calles en la madrugada volvía a sus hogares ebrias y normalmente se formaban discusiones, pleitos, peleas en la calle. Mujeres gritando, hombres peleando, botellas quebradas, amenazas de puñalazos, pistolas y ocasionalmente un muerto. Nunca existió la ley en esos barrios, al menos en toda mi infancia nunca veías a un policía en las calles. De hecho creo que la primera comisaría más cercana se instaló alrededor de 2003, a esas alturas nosotros ya teníamos quince años viviendo ahí. Y si alguna vez existió ley, fue la ley del más “choro” como se dice en Chile y el “más choro” siempre es el que intimida más verbalmente, el que tiene más armas,  o el que es más agresivo y da el primer golpe. El que tiene más influencias entre los malandras del barrio para irte a amenazar a tu casa y destruirla si pueden, entonces, tienes que temer.

La infancia, no fue cosa fácil. Ser niño en un entorno así, no lo es. Recuerdo que en mi escuela, muchos niños ya tenían esas actitudes maleantescas a los 10 años o antes. Niños, la mayoría con poco futuro y expectativas de vida. Romper ese círculo de delincuencia socialmente es muy difícil si a veces no tienes suerte de conocer otro círculo social. Uno de mis amigos de la infancia fue a prisión por haber matado a alguien a los 17 años mientras se encontraba robando un auto, Iván había estudiado conmigo desde los cinco años. Recuerdo que cuando me enteré no lo podía creer. ¿Qué cosas habrán pasado en su vida me preguntaba? A estas alturas él ya cumplió su condena y se encuentra libre nuevamente.
Recuerdo que hace quizás un mes y medio atrás, me contactó otro de mis amiguitos del colegio Mauro, me escribía para saber cómo estaba y cómo me estaba yendo en Australia porque él también tenía la idea de inmigrar. Comenzamos a hablar de la vida, y entre esas cosas me comenzó a comentar a qué se dedicaba hoy en día, muchos “negocios clandestinos” como decía él. No cosas “tan malas” pero con vacíos legales, por lo que hace poco lo habían tratado de procesar por fraude al fisco, según lo que me comentaba. Hubiese tenido que cumplir cinco años y un día de condena en la cárcel.  Yo a modo de broma, le decía que me sentía hablando con Pablo Escobar, las cosas de la vida de otras personas se vuelven completamente extrañas cuando pasas mucho tiempo sin verlas. Pero más allá de eso, yo había escapado de eso mucho tiempo antes, gracias a la formación que me dieron mis padres.

En el mundo, donde yo me crie “jugar a ser malo” era un juego de niños  “inocentes”. Si bien es cierto, a tus cortos años no dimensionas plenamente el riesgo que se esconde atrás de  “jugar a ser malo”, es una brecha muy corta, un hilo muy fino. Pero a muchas personas ese juego les arruinó la vida.
Recuerdo que a mí en dos oportunidades casi lo hace, la primera fue cuando un grupo de niñas a la salida del colegio me siguieron para darme una paliza y me casi fracturaron la nariz. La segunda fue cuando otro grupo de niñas me esperaba a la salida del colegio para amenazarme con un cuchillo. Yo tenía sólo 13 años y alguien quería apuñalarme. ¿Qué pasaba por esas mentes? Mi vida, estaba mal en ese tiempo, sufrí muchas amenazas y más que todo bullying en un lugar muy peligroso. Eso era agresión pura, recuerdo haberme sentido intimidada a donde iba, pero era muy chica y no recuerdo si esa situación de riesgo en la que me encontraba me hacía pensar que podía resultar muerta o muy mal alguna vez. Recuerdo que fueron muy pocas personas las que estuvieron conmigo para dar cara a esa situación que se daba en la escuela. Solo un par de profesores, y un par de amigas del colegio que conservo hasta hoy, mi mamá hasta cierto punto. Es fuerte pensar que la mayoría de las veces que te enfrentas a algo descomunal en tu vida, la mayoría de las veces debes hacerlo solo.

Yo me crie en el nido de los embarazos juveniles, para muchas de las niñas de mi edad quedar embarazada y no terminar el colegio era algo “normal”. A mí eso también fue algo que me marcó profundamente como mujer.

Recuerdo, cosas tristes que eran difíciles de entender. Cuando con mi familia un día volvíamos un Sábado a mediodía del supermercado, y toda la gente del pasaje estaba en la calle. Se había suicidado el vecino Lucho que vivía al frente de mi casa, se ahorcó con los cordones de los patines de Nathaly que le habían regalado para navidad. Nathaly tenía mi edad en ese tiempo 7 u 8 años, la hicieron dormir conmigo durante las 3 noches que velaron a su papá en la casa, ella se orinó en mi cama esos días. Yo nunca me había orinado en mi cama y la odiaba tanto por eso, sin entender lo que pasaba.
A mí, mi mamá me había puesto a ver Patio Plum en la tele ese Sábado cuando llegamos y fue a tratar de ver si podía ayudar en algo con mi papá. Quiero decir, yo veía Patio Plum y luego El Profesor Rosa con mis hermanos, a esa niña se le había matado el papá con los cordones de sus patines que en ese entonces eran nuestro juguete favorito. Un mundo nos separaba y yo me dí el lujo de odiarla toda mi vida de niña por haberse orinado en mi cama y claro, llamarse Nathaly. Hasta el día de hoy me molesta cuando la gente me llama “Natalie”, cosa muy típica acá en Australia porque la gente pretende decir mi nombre en inglés. Es un pedazo de mis obsesiones que aún no logro superar.
De todas maneras, su papá era un buen hombre. Me acuerdo de su sentido del humor y ganas de colaborar en todo. Recuerdo que una vez con mi familia teníamos un perro San Bernardo, La Reina, y un día mientras nosotros almorzábamos ella se comía un hueso con el que se atragantó y se estaba asfixiando. Mi papá mandó a mi hermano mayor a buscar al Lucho, él vino y le ayudó a mi papá a abrir el hocico gigante de ese animal mientras mi papá metía su mano hasta la garganta del perro para sacar el hueso. La perrita se salvó, nosotros fuimos felices. Pero el Lucho tenía graves problemas con las drogas, y un día se suicidó en la pieza de sus hijas.
Recuerdo al Eduardo, el pololo de la Jani, hija del Tito el mejor amigo de mi papá por años en la población. Siempre iba a mi casa a ver a mi papá y se tomaban un par de cervezas juntos, yo creo que para mi papá era como un hijo mayor, más grande que mi hermano mayor. Un día amaneció muerto a dos cuadras de mi casa. ¿Te haz dado cuenta de ese sentimiento extraño al despertar cuando sabes que alguien está muerto? Ese sentimiento que te genera el entorno cuando todos saben que alguien se murió, es extraño. Recuerdo ese sentimiento, recuerdo que lo asesinaron porque lo quisieron asaltar y no entregó las cosas.
Las cosas en la población siempre podían estar peor, al año siguiente asesinaron a un hijo adoptivo que tenía el Tito, Luis. Lo asesinaron por problemas de drogas. Con los años Jani cayó en una depresión profunda por la muerte de Claudio con quien tenían un bebé recién nacido cuando el murió, Jhonatan. Y esa depresión también la hundió en la droga, hasta que se fue presa por narcotráfico como en el 2005.

Me acuerdo que en la otra esquina de mi casa vivía una familia, había un niño que tenía mi edad más o menos y se fue preso como a los 17 años también, mientras estaba preso su hermano menor que era más o menos de la edad de mi hermano menor se suicidó, el niño tenía como 13 años cuando se mató.  La hermana chica de ambos, que tenía como 5 años cuando el menor se suicidó, hoy es una jovencita y se dedica a la prostitución y su mamá ahora vende drogas abiertamente, el mayor se fue a prisión por segunda vez.

Recuerdo las ganas de mi mamá y mías por sacar al Marquitos Molina de la pasta base por ahí en el 2005 y ponerlo en una escuela nocturna para que terminara el colegio, cosa que no hizo. Hoy el Marquitos Molina sigue en la pasta base, parado en la esquina de mi casa, preguntando si alguien necesita un favor para hacerlo por quinientos pesos.

¿De dónde vengo? Me preguntas.

Yo te pregunto ¿Te interesa? ¿De verdad quieres saber? Náhhh, yo creo que no, yo prefiero creer que a nadie le interesa, así como a mí no me interesa, yo solo quiero ignorarte así como tú me ignoras. Y poner un poco de lo que tengo de memoria en esta prosa de crónica barata, para llegar al que quiera ser alcanzado, pero no para todos. Where I come from? I’m from Chile, y te lo digo a destajo. 

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