Cada
vez que pienso en las cosas que no deberían ser
Se
me enferma el alma.
Siento
como comienza a retorcerse dentro de mí
Con
sus dolores tan duraderos, indescriptibles, tan dañinos.
En
el momento que mi alma enferma
Sé
que es momento de admitir que he amado.
En
su agonía puedo ser capaz de ceder
Y
desconociendo la proveniencia del valor derribo
al orgullo.
Cuando
puedo mirar mi caleidoscópica realidad
Desfallezco
lento, doloroso, angustiante.
No
puedo dejar de huir limpiando mis ojos,
Procurando
sacar las imágenes que en ellos han quedado plasmadas.
Cada
vez que el alma comienza a sufrir siento que muero más a prisa,
Que
lo eterno son solo horrores que han espantado la quietud del ser…
¿Quién
es el bandido que roba las emociones?
Puedo
denominarlo tiempo,
Puedo
denominarlo desencanto,
Puedo
denominarlo monotonía.
¡Dónde
están!
Cada
vez que siento el palpitar de mi corazón.
La
neblina de temores se hace presente.
La
soledad me penetra hasta los huesos.
Mi
voz no existe.
Mis
sentimientos se transforman en mundos autistas.
Cada
vez que pienso en las cosas que no deberían ser…
Mi
alma se pasma en el desconcierto.
Así
es como ronda esta alma, viajera,
De
ida y de vuelta por sus amores, ronda enferma
Y
en su descontento vuelve al desconcierto.
Tratando
de capturar estrellas que equivalen a cariños locamente anhelados.
Así
es como ronda esta alma amante, miedosa,
Así
ronda; enferma.
Buscando
alguien a quien amar.
Un
ser que no sea narciso…
Un
ser que sea capaz de amar.
Cada
vez que mi alma comienza a afiebrarse
Mi
ser se desvanece…
Luego
que mi alma ha estado muriendo
Me
entrego al abismo…
Bebiendo
efusiones exorbitantes que me lleven a querer vivir.
Cada
vez que mi alma delira pero no consigue la muerte
Bebo
venenos que despojos de quimeras me han dejado.
Bebo
venenos que me harán perecer sin duda.
Bebo
los innumerables anhelos de querer existir.
Y
en mi despertar de cada palabra suelo llorar por la emoción que genera el
desterrar los muertos amores,
Los
recuerdos mezquinos, la luz que agobia con su duradera verdad.
Cada
vez que mi alma se angustia,
Me
convenzo más de que es tiempo de despojarse
De
marchitas palabras de cariño que no pronuncié.
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