Agitar
alas,
Hacia
la nube de encanto.
Sobrevolando
frente al espejo
Artificial
de la vida.
Frente
al reflejo de mi canto
¿Dónde
me asiento entre jazmines?
Palpo
caricias de mundos que me tocan
Y
embriagan con su vida
Dando
giros que pueden ser letales.
Arcoiris
infinito de estela infinita.
Noche
de estrellas…
Canto
sosterrado.
Hadas
que aparecen,
Rompiendo
el muro de la nada,
Para
dibujar la fantasía y una vez mas desaparecer.
Sobre
la fragancia de rosales
Que
permanece intacta.
Los
brillos de la aurora cálida auguran melodías.
Sobre
la música que sentimos en los cuerpos,
Tras
el ritmo acelerado,
De
la sangre tibia que cae de nuestros cansados cuerpos
Ya
somnolientos,
Poco
a poco casi inanimados.
Riegan
los cimientos del otro camino,
Para
acertar a la dicha.
En
este universo donde la melodía son los besos
Y
los pétalos y sombras buscan muertes enharinadas.
Se
acomodan suplicantes,
Bajo
el encanto perecedero de la dicha,
La
magia, los destellos.
Reviven
matices inciertos,
Prometen
contrariamente soledades y terribles salvedades.
Dentro
del frenesí de la madrugada,
Las
cenizas escasas vuelan aceleradas,
Cautivan
los minutos,
Y
han de llevarse los momentos.
Entre
la angustiosa y errante dádiva;
Tener
las palabras y el aliento…
Ante
la aterradora y cierta dádiva;
Haber
descubierto el misterio.
Aprietan
las verdades,
El
pecho, las heridas…
Hunden
dagas impunemente,
En
el corazón enamorado…
Distancia
llaman al vacío,
Y
delirio al vicio de los besos.
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