lunes, 18 de abril de 2016

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Agitar alas,
Hacia la nube de encanto.

Sobrevolando frente al espejo
Artificial de la vida.
Frente al reflejo de mi canto
¿Dónde me asiento entre jazmines?

Palpo caricias de mundos que me tocan
Y embriagan con su vida
Dando giros que pueden ser letales.

Arcoiris infinito de estela infinita.
Noche de estrellas…

Canto sosterrado.

Hadas que aparecen,
Rompiendo el muro de la nada,
Para dibujar la fantasía y una vez mas desaparecer.

Sobre la fragancia de rosales
Que permanece intacta.
Los brillos de la aurora cálida auguran melodías.

Sobre la música que sentimos en los cuerpos,
Tras el ritmo acelerado,
De la sangre tibia que cae de nuestros cansados cuerpos
Ya somnolientos,
Poco a poco casi inanimados.

Riegan los cimientos del otro camino,
Para acertar a la dicha.

En este universo donde la melodía son los besos
Y los pétalos y sombras buscan muertes enharinadas.

Se acomodan suplicantes,
Bajo el encanto perecedero de la dicha,
La magia, los destellos.

Reviven matices inciertos,
Prometen contrariamente soledades y terribles salvedades.
Dentro del frenesí de la madrugada,
Las cenizas escasas vuelan aceleradas,
Cautivan los minutos,
Y han de llevarse los momentos.

Entre la angustiosa y errante dádiva;
Tener las palabras y el aliento…
Ante la aterradora y cierta dádiva;
Haber descubierto el misterio.
Aprietan las verdades,
El pecho, las heridas…
Hunden dagas impunemente,
En el corazón enamorado…
Distancia llaman al vacío,
Y delirio al vicio de los besos.














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