Prisionera
y errante del escalofrío melancólico de ser y estar.
Apresurando
la prisa,
Entre
una ciénaga triste de corolas frías
Que
me llevan al abismo.
Sin
huída,
Una
y otra vez sonrío.
Soy
yo misma en otro,
Queriendo
ser nuevamente el sueño.
En
mi delirio descoordinado
Me
embarco al paraíso de fantasías divinas,
Que
palpé con mis alas de ensueño.
Cuando
poseía mi cordura…
Cuando
creí me pertenecía.
Taciturna
para navegar,
Quizás
demasiada calma o demasiada prisa es la que circunda.
Para
varear es invariable.
Ya
no pienso, ya no siento,
Ya
no sueño…
Me
perdí en el espejo, en el reflejo de mi vida,
Que
absorbió mi mirada,
Para
absolver mis penas
Y
librarme de la culpa.
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