lunes, 18 de abril de 2016

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Prisionera y errante del escalofrío melancólico de ser y estar.
Apresurando la prisa,
Entre una ciénaga triste de corolas frías
Que me llevan al abismo.

Sin huída,
Una y otra vez sonrío.
Soy yo misma en otro,
Queriendo ser nuevamente el sueño.

En mi delirio descoordinado
Me embarco al paraíso de fantasías divinas,
Que palpé con mis alas de ensueño.

Cuando poseía mi cordura…
Cuando creí me pertenecía.

Taciturna para navegar,
Quizás demasiada calma o demasiada prisa es la que circunda.
Para varear es invariable.


Ya no pienso, ya no siento,
Ya no sueño…
Me perdí en el espejo, en el reflejo de mi vida,
Que absorbió mi mirada,
Para absolver mis penas

Y librarme de la culpa.

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