lunes, 18 de abril de 2016

Soledad.-

Bajo el páramo,
de la triste verdad.

Aquella que no cesa de fulgurar su resplandor,
aquella que no deja de murmurar las verdades intrínsecas...

El desencanto más grato,
saber que te alejas y que te amo,
que desconsuelo,
gratificante, indómito...

Enciendes los amores, las pasiones,
y todo lo que tocas...
llamas a la libertad,
que vive cautiva bajo tu sombra,
la llamas como a la vida...

Tangible esencia de romance y felicidad...

Lo efímero se oculta tras un misterio...
¿hasta cuando seremos capaces?

Sueños se levantan tras tu mirada,
las mía los contempla con ilusión...
Tus sueños, se escapan de tu naturaleza vítrea...
Penetran la rendija de mi calor,
el umbral de mi vivienda...
los cobijo con ternura.

Apacible facultad, soñaremos de verdad...
viviremos lo más puro,
pero la verdad no cesa...


Transmigrando con pulcritud,
bajo imperios desolados,
se levantan las pasiones, y revive la inquietud...

¿Sabías de mi piel, antes de conocerme?
¿Acaso vi tu mirada en otro universo?
¿O escuché tus palabras en mi sueño infinito?
No lo sé,
pero estuviste,
quizás mil años luz hacia el pasado,
quizás mil años luz hacia el futuro...

Claramente no lo sé, pero haz estado...
y seguirás...
¿por qué?
Es mi pregunta constante,
no lo sé...

Desde este lugar,
bajo el páramo del encanto,
se entristece la soledad...
murmura piedades...
pide ser, pide ritmo,
pide tu amor...
una vez más.

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