Debo
sepultar tu imagen, Ahogar tu recuerdo.
De
ese modo podré safarme del destino que me sugiere seguir queriéndote.
Debo
acallar la voz del amor que guardé por ti en días eternos,
En
los que solo me regía por el dogma de conseguir oír de ti palabras de cariño.
Debo
sepultar con tu imagen lo desconocido que llama mi atención.
Mi
necio corazón ahuyenta la magia de poder amarte.
Debo huir de esta verdad que se arraiga en mi
camino
Me
atormenta a donde quiera que voy.
A
la verdad solo le interesa destruir…
Los
sueños, las ilusiones, los amores, la vida misma, la alegría.
Para
quedarse a morar con su conciencia perpetua.
El
sol no ilumina y es el único que no lo hace por egoísmo.
Debo
sepultar todos los bellos momentos que compartí contigo.
Debo
dejar describir sobre ti.
Mi
corazón vibrante de emoción enmudece
Ante
tantas cosas que hay que decir.
Y
las que no deberían ser calladas una vez más lo son.
Y
lo único que debe morir en toda esta historia es mi amor por ti.
Fúnebre
es la atmósfera en la que respira mi alma,
Pero
no se asemeja al dolor de la vehemencia de haberte amado,
No
se asemeja al angustiante encanto de sacarte de mi corazón.
Siento
que todo esto acaba conmigo…
Las
tinieblas no se disipan,
Pero
en estos instantes ya he obtenido el valor que debía,
Para
sepultarte en estos versos.
Me
alejaré volando;
Del
triste desconsuelo de la muerte eterna de tus caricias…
Me
alejaré volando;
Del
sepulcro en el cual descansan narcisos tus besos…
Me
alejaré volando;
Del
sueño de haberte poseído por un espasmo de vida…
Me
alejaré volando y observaré desde mi muerte
El
mágico transcurso de acercarme más al cielo.
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